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In the Land of Saints and Sinners: Un thriller moral con actuaciones desiguales

Molly Se-kyung
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La primera imagen que se clava en la retina es un pub en Belfast reducido a escombros por una bomba, el sonido de los escombros aún cayendo mientras las llamas crepitan. In the Land of Saints and Sinners (2023), dirigida por Robert Lorenz y estrenada en Netflix en 2024, comienza con un golpe seco: violencia política, trauma histórico y la promesa de más sangre. La película, escrita por Mark Michael McNally y Terry Loane, sigue a Finbar Murphy (Liam Neeson), un exasesino que vive una vida tranquila en el remoto pueblo costero de Glencolmcille hasta que su pasado lo alcanza. Lorenz, conocido por The Marksman (2021), su primera colaboración con Neeson, intenta aquí mezclar thriller de acción con drama moral, pero el resultado es desigual.

Neeson, con esa presencia física y voz grave que ha definido su carrera, encarna a Finbar como un hombre cansado pero no derrotado. Su interpretación es sólida, aunque predecible: el arquetipo del soldado convertido en asesino, ahora buscando redención. La verdadera chispa arrives en el reparto secundario. Kerry Condon, como Doireann McCann, una bomba IRA fanática y peligrosa, roba cada escena que comparte con Neeson. Su interpretación oscila entre la frialdad calculadora y momentos de vulnerabilidad inesperada, especialmente cuando su personaje revela capas ocultas bajo la fachada revolucionaria. Jack Gleeson, conocido por Juego de Tronos, sorprende como Kevin Lynch, un asesino en ciernes cuya moral es tan flexible como su puntería. Gleeson imprime a Kevin una energía nerviosa que contrasta con la calma calculadora de Finbar.

La cinematografía de Lorenz captura la belleza desolada del paisaje irlandés: los verdes exuberantes de Donegal, los acantilados escarpados y las aldeas costeras. La dirección es competente, aunque a veces cae en convenciones del género. Las persecuciones nocturnas, los diálogos reveladores junto al fuego y los villanos cuyo mal es tan obvio como su acento son elementos que Lorenz maneja con solvencia, pero sin innovación. La película intenta explorar temas profundos—la redención, el peso del pasado, la violencia cíclica—but these ideas are buried under genre tropes. La estructura narrativa sigue un camino predecible: el villano aparece, Finbar lo confronta, hay un clímax violento y una resolución moral.

El mayor problema de In the Land of Saints and Sinners es su falta de originalidad. La trama es un collage de elementos vistos antes en otros thrillers irlandeses como The Banshees of Inisherin (2022) o Calvary (2014). Incluso la secuencia del clímax, donde Finbar confronta a Curtis en un bosque, pierde impacto por una dirección torpe: el plano de la escopeta mojada que falla parece más un error de continuidad que un momento deliberadamente tensional. La película podría haber sido una reflexión madura sobre los Troubles, pero en su lugar se conforma con ser un thriller de acción con toques de drama familiar.

La dirección de Lorenz es sólida, pero carece del pulso narrativo de directores como Martin McDonagh o Jim Sheridan. Lorenz maneja bien las escenas de acción, especialmente la secuencia inicial de la bomba en Belfast, pero falla al construir tensión sostenida. La película depende demasiado de los diálogos para avanzar la trama, y aunque Neeson y Condon logran momentos memorables, otros actores como Ciarán Hinds (Vincent O’Shea) o Colm Meaney (Robert McQue) quedan relegados a roles secundarios sin profundidad.

El guion intenta abordar temas complejos, pero lo hace de manera superficial. La relación entre Finbar y Curtis June (Desmond Eastwood), por ejemplo, podría haber sido un estudio fascinante del abuso de poder y la redención, pero el desarrollo de sus personajes es apresurado. La película también sufre de una estructura rígida: el primer acto introduce los personajes y el conflicto, el segundo acto desarrolla la trama principal, y el tercero culmina en un clímax violento. Esta linealidad hace que la película se sienta predecible.

A pesar de sus defectos, In the Land of Saints and Sinners tiene momentos memorables. Una escena particularmente efectiva es el diálogo entre Finbar y Robert McQue (Colm Meaney), el líder del grupo, donde la cámara se centra en los rostros de ambos hombres mientras discuten la moralidad de sus acciones. La cinematografía también destaca, con planos amplios que capturan la belleza desolada del paisaje irlandés. La banda sonora, aunque no innovadora, complementa bien las escenas de acción y los momentos dramáticos.

La película está dirigida a un público que disfruta de thrillers de acción con elementos de drama moral. Los fanáticos de Neeson encontrarán en In the Land of Saints and Sinners otro papel del actor como hombre endurecido por la guerra, pero aquellos que buscan algo más original pueden quedarse decepcionados. La película no es mala, pero tampoco destaca en un género saturado.

En resumen, In the Land of Saints and Sinners es una película competente pero predecible. Lorenz maneja bien las escenas de acción y cuenta con actuaciones sólidas de Neeson y Condon, pero la falta de originalidad y la estructura narrativa rígida la convierten en un thriller olvidable.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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