Música

Las fotos de Britney Spears en el techo solar son un producto, no una crisis

Alice Lange

La fotografía hizo exactamente aquello para lo que fue concebida. Britney Spears, asomando medio cuerpo por el techo solar de un todoterreno en movimiento por una autopista de Los Ángeles, los brazos extendidos sobre el techo — y antes de que el coche hubiera alcanzado siquiera su salida, el aparato que la ha perseguido durante casi toda su vida tenía ya su veredicto tecleado y listo: está perdiendo el control otra vez.

Hay un pequeño problema con ese veredicto, y está sentado en la parte delantera del coche. Spears no iba al volante. Iba en el asiento del copiloto. La frase más repetida de toda esta historia — que «tomó el control» del vehículo en la autopista — es el único detalle que las imágenes no pueden respaldar, y casi nadie de los que difundieron las fotos se detuvo a corregirlo.

Eso no es fruto de un blogueo descuidado. Es el modelo de negocio. Las imágenes que inundaron todos los canales no procedían de un transeúnte alarmado; venían de una agencia de paparazzi, vendidas al Daily Mail y a Page Six como se vende siempre un lote así. Un fotógrafo sigue el coche, el obturador capta dos segundos de un cuerpo contra el cielo, y esos dos segundos se empaquetan, se tasan y se etiquetan como prueba de un colapso nervioso. La preocupación no es un subproducto de la foto. La preocupación es el producto.

Superpuesto a las imágenes está el titular más sonoro de la historia: que la policía llamó a Spears para «hacerle una advertencia» por la maniobra. Si se sigue ese reclamo hasta su origen, se desvanece en nada. Remite a un único Substack de cotilleos, y hasta el medio que lo amplificó incluyó un descargo admitiendo que no podía verificar ni una palabra. Ningún departamento confirmó contacto alguno. Un rumor procedente de una newsletter, blanqueado a través de un agregador, llega disfrazado de autoridad policial.

La clavija que sostiene toda la narrativa es su encontronazo previo con un delito de conducción bajo los efectos del alcohol, y esa clavija es mucho más blanda de lo que la cobertura da a entender. El cargo se rebajó a un delito menor «húmedo y temerario» — un nivel bajo de alcohol en sangre, sin accidente, sin heridos, sin antecedentes penales. Es el tipo de desenlace que, aplicado a casi cualquier otra persona, cerraría una historia en lugar de abrirla. Aplicado a Britney Spears, se convierte en una referencia de carácter permanente, que se saca a relucir cada vez que un objetivo la sorprende haciendo algo que un tabloide pueda calificar de temerario.

He aquí por qué el engranaje importa más que el momento. Es el mismo aparato — vigilancia, diagnóstico a distancia, la lectura segura del cuerpo de una mujer como prueba de que no se puede confiar en ella — el que sostuvo una tutela sobre su vida durante más de una década. Un tribunal puso fin a ese régimen hace solo unos años, con el argumento de que ella era un peligro para sí misma. El «pánico» en la autopista es ese mismo argumento, reiniciado para los feeds: la lente telescópica de un desconocido decidiendo, una vez más, que Britney Spears necesita ser salvada de Britney Spears.

Ella lee el mecanismo con más claridad que quienes lo cubren. Respondiendo a las fotos en Instagram, escribió que lo que la gente ve es «dos segundos de locura» en contraste con días y horas de una realidad que nadie fotografía, y que «nada es lo que parece». Luego, con el encogimiento de hombros de quien se ha leído ese libreto mil veces, añadió que quizá necesite sacar medio cuerpo por el techo «bastante más a menudo».

Estar de pie a través de un techo solar a velocidad de autopista no es una buena idea, y nadie debería fingir que lo es. Pero lo que se está vendiendo esta semana no es seguridad. Es la fantasía de que un fotograma de dos segundos es un diagnóstico — y los compradores, como siempre, son quienes se benefician cuando Britney Spears es una crisis en lugar de una persona.

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