IA

Google lleva Gemini al espacio, pero sus chips tendrán que parar cada 15 minutos

Susan Hill
Añádenos en Google

Google está a punto de poner sus chips de inteligencia artificial en órbita, y lo primero que tendrán que aprender es a tomarse un descanso. Un satélite del tamaño de un frigorífico llamado MVP, construido junto con la empresa Planet, lleva cuatro unidades de procesamiento tensorial (TPU) de Google, de la misma familia que responde a las consultas de Gemini en sus centros de datos terrestres. Una vez en órbita, ejecutará modelos de Gemini durante unos quince minutos seguidos y después hará una pausa para que sus radiadores disipen el calor en el espacio.

Esa pausa resume todo el experimento. Project Suncatcher, la ambiciosa iniciativa de investigación de Google que está detrás del lanzamiento, se pregunta si la electricidad que devora la inteligencia artificial podría proceder directamente del sol, en lugar de las redes eléctricas de las que también dependen hogares, hospitales y fábricas. En la órbita adecuada, un panel solar puede captar hasta ocho veces más energía que el mismo panel en tierra, sin nubes y prácticamente sin noche. Si los chips de IA pueden sobrevivir y funcionar allí arriba, algún día la parte de internet que más energía consume podría salir del planeta.

Por ahora, la ambición es modesta. Los paneles solares de MVP producen alrededor de un kilovatio, más o menos lo que consume un microondas, y sus cuatro chips suman una potencia de cálculo similar a la de un solo servidor de un centro de datos terrestre. Google plantea la misión como una pregunta sencilla: ¿puede funcionar su hardware de IA en el espacio? «Hay cosas que solo se pueden probar en el espacio», afirmó la empresa. «Poner nuestras primeras TPU en órbita la semana que viene nos ayudará a recopilar datos y aprendizajes para orientar futuros lanzamientos».

Las pruebas en tierra invitan a cierto optimismo. Google sometió el hardware a vibraciones en los tres ejes para imitar el viaje de un cohete, durante el cual algunos componentes pueden soportar fuerzas de entre 50 y 100 g. También bombardeó con un haz de protones sus TPU Trillium en el Crocker Nuclear Laboratory de UC Davis mientras ejecutaban cargas de trabajo de IA, para comprobar si se alteraban algunos bits. Según Travis Beals, director sénior del equipo Paradigms of Intelligence de Google, los chips resistieron una dosis total de radiación superior a la que absorberían durante una misión de cinco años. En un artículo de investigación anterior, Google explicó que la memoria de alto ancho de banda de los chips solo empezó a mostrar anomalías cuando la dosis se acercó a triplicar la prevista, y que ninguno llegó a fallar por completo ni siquiera al recibir veinte veces esa cantidad.

El calor es el problema más difícil, y el límite de 15 minutos lo deja bien claro. En la Tierra, los centros de datos mueven aire o bombean agua sobre los chips para evacuar el calor. En el vacío no hay nada que lo transporte, así que MVP lo conduce a través de tubos térmicos de aluminio y cobre hasta un radiador, que solo puede expulsarlo en forma de radiación infrarroja, un proceso mucho más lento. Un centro de datos orbital de verdad también tendría que afrontar reparaciones imposibles para cualquier técnico, el retraso de enviar las respuestas a la Tierra y unos costes de lanzamiento muy superiores a lo que exige el modelo económico. Google no ha revelado cuánto cuesta el proyecto. Sus propias investigaciones concluyeron que la computación en órbita solo igualaría los costes energéticos de un centro de datos terrestre cuando los lanzamientos bajaran de los 200 dólares por kilogramo, algo que, según las previsiones de Google, podría ocurrir hacia mediados de la década de 2030.

Por ahora, nada cambia para los usuarios de Gemini, en ningún mercado. Todas las respuestas siguen procediendo de centros de datos en la Tierra, y el resultado de MVP son datos de medición, no un nuevo servicio. Google tampoco está sola en esta carrera. SpaceX ha presentado planes para construir centros de datos orbitales con tecnología de Nvidia que podrían lanzarse a finales de 2027, según informó Yahoo Finance, y el diseño de su satélite AI1 apunta a una potencia de cálculo sostenida de unos 120 kilovatios, más de cien veces el presupuesto energético de MVP. Jeff Bezos y Sam Altman, de OpenAI, también han respaldado la idea de llevar la computación a la órbita.

Está previsto que MVP despegue el 1 de octubre a bordo de un Falcon 9 de SpaceX desde la Vandenberg Space Force Base, en California, como parte de la misión compartida Transporter-18. Volará en una órbita heliosíncrona de amanecer-anochecer, siguiendo la línea entre el día y la noche para que sus paneles reciban luz solar casi de forma constante. Se espera que ejecute tareas durante alrededor de un año, aunque el hardware podría permanecer en órbita hasta seis años antes de volver a entrar en la atmósfera. En 2027, Google prevé lanzar dos satélites para probar los enlaces láser entre ellos que necesitaría una constelación real. El diseño publicado plantea grupos de 81 satélites que volarían a menos de un kilómetro unos de otros.

La cifra que habrá que observar tras el lanzamiento no es la velocidad de cálculo de MVP, sino cuánto tiempo puede seguir calculando. Si los 15 minutos se alargan hasta acercarse a una hora, un centro de datos en órbita empezará a parecer un reto de ingeniería y no ciencia ficción. Si no, la factura energética de la inteligencia artificial seguirá pagándose, sin duda, en la Tierra.

Etiquetas: , , , , ,

Añádenos en Google

Debate

Hay 0 comentarios.