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Aníkúlápó: Rise of the Spectre: una promesa de más que no se cumple

Alice Lange
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La escena que abre Aníkúlápó: Rise of the Spectre es un remolino de color y caos: Saro, ahora un mensajero de la muerte, emerge del más allá con una misión imposible. La serie, creada por Kunle Afolayan y estrenada en Netflix en 2024, es un intento audaz de expandir el universo introducido en Anikulapo (2022), pero se queda a medio camino entre la ambición y la ejecución.

La premisa es intrigante: Saro debe matar a quienes resucitó en vida, una deuda espiritual que lo obliga a enfrentarse a su pasado. El primer episodio, que retoma sin pausa donde terminó el piloto, tiene momentos de tensión bien construidos, especialmente cuando Saro (Kunle Remi) se reencuentra con Arolake (Bimbo Ademoye), cuyo destino sigue entrelazado con el suyo. La fotografía y la música —con las evocativas voces de Teledalase— crean una atmósfera ominosa que funciona como gancho.

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Sin embargo, el problema llega cuando la serie intenta abarcar demasiado. Los subtramas se acumulan sin coherencia: rituales inacabados, personajes secundarios con poco desarrollo (como los interpretados por Sola Sobowale y Taiwo Hassan) y una estructura que oscila entre lo épico y lo confuso. La teoría de liminalidad mencionada en algunos análisis es interesante, pero el guión no la explora con la profundidad necesaria para justificar su inclusión. Los diálogos, a menudo grandilocuentes, intentan darle peso filosófico a la trama, pero caen en lo redundante.

Donde la serie sí destaca es en su diseño visual. Las secuencias de acción, aunque escasas, están bien coreografiadas, y los escenarios —con esos fondos dramáticos y personajes en atuendos tradicionales— recuerdan lo mejor del cine africano contemporáneo. Pero incluso aquí hay inconsistencias: algunos planos parecen sobreeditados, como si Afolayan estuviera compensando con estilo la falta de sustancia narrativa.

El reparto hace lo que puede. Kunle Remi lleva el peso emocional de Saro con convicción, pero Bimbo Ademoye y Gabriel Afolayan se ven limitados por personajes que no evolucionan. Lateef Adedimeji y Owobo Ogunde, aunque carismáticos, aparecen tan poco que su impacto es mínimo.

Aníkúlápó: Rise of the Spectre tiene fragmentos brillantes —la escena de la resurrección fallida en el segundo episodio, por ejemplo— pero se siente como un proyecto apresurado. La serie parece dirigida a fans del primer filme y a espectadores interesados en mitología africana, pero incluso ellos pueden frustrarse con su ritmo irregular y su falta de claridad temática.

Afolayan demuestra habilidad para crear imágenes impactantes —la secuencia del viaje al más allá es visualmente impresionante— pero carece de la narrativa sólida necesaria para sostener una serie. La música, aunque evocadora, a veces domina demasiado las escenas, ahogando diálogos cruciales. Y aunque el tema de la redención está presente, se diluye entre subtramas que no conducen a ninguna parte.

Comparada con otras producciones africanas recientes como The Woman King (2022), Aníkúlápó: Rise of the Spectre palidece en su capacidad para equilibrar acción y desarrollo de personajes. Donde Gina Prince-Bythewood lograba una narrativa cohesionada, Afolayan se pierde en detalles que no enriquecen la historia principal.

La serie también falla en aprovechar el potencial de sus actores. Kunle Remi tiene momentos memorables, como cuando Saro confronta su pasado en el episodio tres, pero incluso él parece luchar contra un guión que no le da espacio para crecer. Bimbo Ademoye, por otro lado, está subutilizada: su personaje, Arolake, es clave para la trama, pero sus motivaciones y arco emocional permanecen nebulosos.

Otro problema es el ritmo. Los primeros episodios avanza rápidamente, casi atropelladamente, mientras que los centrales se estancan en escenas de relleno. La introducción del tema de la reencarnación, por ejemplo, parece más un intento de añadir profundidad que una idea orgánicamente integrada.

A pesar de todo, hay momentos en los que Aníkúlápó: Rise of the Spectre brilla. La escena en la que Saro se enfrenta a uno de los resucitados es tensa y bien ejecutada, gracias en parte a la dirección de Afolayan, quien sabe cómo construir suspense visual. También hay un episodio dedicado a explorar el pasado de Arolake, que ofrece un respiro narrativo y permite al público conectar emocionalmente con ella.

Pero incluso estos aciertos no son suficientes para salvar una serie que parece más preocupada por su estética que por su sustancia. La fotografía es impecable —los colores vibrantes y los paisajes oníricos son dignos de mención— pero a menudo se siente como un intento de distraer al público de las debilidades del guión.

En última instancia, Aníkúlápó: Rise of the Spectre es una serie dirigida a un nicho específico: fans del primer filme y espectadores interesados en explorar mitología africana. Para ellos, puede ofrecer algunos momentos satisfactorios. Pero para el público general, la experiencia es desigual.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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