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Ìjọ̀gbọ̀n: un drama rural sin brillo en su narrativa

Martin Cid
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Imagina esta escena: cuatro adolescentes nigerianos, con las manos llenas de tierra y los rostros iluminados por una mezcla de asombro y avaricia, sostienen un saquito de diamantes sin cortar bajo el sol abrasador del sudeste de Nigeria. Este es el momento que abre Ìjọ̀gbọ̀n (2023), el nuevo drama rural dirigido por Kunle Afolayan, una película que promete explorar las consecuencias de un descubrimiento fortuito en un entorno donde la pobreza y la tradición se entrelazan. Pero lo que comienza como una historia sobre oportunidad y ambición rápidamente se convierte en una reflexión sobre la moralidad, la codicia y las fracturas sociales.

La premisa es sencilla pero poderosa: cuatro jóvenes — interpretados por Ruby Akubueze, Yemi Solade, Bimbo Manuel y Fawaz Aina — encuentran un saquito de diamantes en su pueblo. Lo que sigue es una cadena de eventos donde la euforia inicial da paso a la desconfianza, la traición y, finalmente, la violencia. Afolayan, conocido por su capacidad para capturar la esencia de la Nigeria rural, construye un mundo donde cada elemento — desde los paisajes abiertos hasta las chozas de barro — respira autenticidad. La fotografía de la película, aunque no excepcional, cumple su función: contrasta los espacios amplios y luminosos del exterior con los interiores oscuros y claustrofóbicos, creando una tensión visual que refleja el conflicto interno de los protagonistas.

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Sin embargo, donde Ìjọ̀gbọ̀n tropieza es en su narrativa. La estructura es predecible, casi arquetípica: el hallazgo, la euforia, las primeras desconfianzas y luego la traición. Lo que podría haber sido un estudio fresco sobre la moralidad juvenil se convierte en una historia conocida, con diálogos que a veces caen en lo didáctico o lo melodramático. La tensión que promete la escena inicial nunca se materializa plenamente; los conflictos internos de los personajes son superficiales y sus motivaciones, poco desarrolladas. Afolayan no logra profundizar en las complejidades psicológicas de sus protagonistas, dejando que caigan en arquetipos — el idealista, el ambicioso, el violento — en lugar de individuos tridimensionales.

Aún así, hay momentos de genuina emoción. Una escena en particular, donde los jóvenes discuten el destino de los diamantes bajo la luz tenue de una lámpara de petróleo, captura la esencia de su conflicto interno. Aquí, Akubueze destaca como la voz más equilibrada del grupo, capaz de transmitir tanto esperanza como desesperación con solo una mirada. Su actuación, junto con la de sus compañeros, salva al proyecto de caer en lo completamente predecible.

El problema mayor de Ìjọ̀gbọ̀n es su falta de originalidad. La película bebe de fuentes conocidas: desde los relatos bíblicos sobre tentaciones hasta clásicos como Lord of the Flies (1963), pero sin aportar nada nuevo al discurso. El género drama rural exige profundidad psicológica y Afolayan no la logra. Los personajes son arquetipos en lugar de individuos complejos, y la película pierde la oportunidad de explorar las dinámicas más sutiles del poder y la lealtad dentro de una comunidad tan cerrada.

Afolayan, sin embargo, demuestra su habilidad para construir atmósferas. Las escenas comunitarias — festivales locales, reuniones familiares — están filmadas con un cuidado que resalta la riqueza cultural del entorno. La dirección de arte es notable, especialmente en las secuencias que muestran la vida cotidiana del pueblo, donde cada detalle, desde la ropa hasta los objetos domésticos, contribuye a una sensación de autenticidad.

Pero Ìjọ̀gbọ̀n no es solo sobre el descubrimiento de los diamantes; también es un retrato de una comunidad en transición. Afolayan explora las tensiones entre lo tradicional y lo moderno, mostrando cómo la llegada de una oportunidad económica puede desestabilizar una sociedad basada en valores colectivos. Esta exploración temática es uno de los puntos fuertes de la película, aunque no siempre está bien desarrollada.

La banda sonora, aunque discreta, añade capas de significado. Las canciones tradicionales nigerianas que se escuchan de fondo no solo refuerzan el ambiente cultural, sino que también sirven como recordatorio constante de las raíces de los personajes. Sin embargo, la música a veces parece más un acompañamiento que una herramienta narrativa, lo que reduce su impacto.

En cuanto al público objetivo, Ìjọ̀gbọ̀n apela a quienes buscan historias sobre moralidad y conflicto humano en entornos rurales. Es una película para aquellos interesados en explorar las dinámicas sociales de la Nigeria contemporánea, aunque puede resultar demasiado familiar para los aficionados al cine que esperan giros innovadores.

En comparación con otras películas del mismo género, Ìjọ̀gbọ̀n se queda corta. Películas como Past Lives (2023) logran una profundidad emocional y psicológica que esta no alcanza. Mientras que Past Lives explora las complejidades de la identidad y el amor con una sensibilidad exquisita, Ìjọ̀gbọ̀n se conforma con una narrativa más convencional.

En resumen, Ìjọ̀gbọ̀n es un drama rural bien intencionado pero desigual. Aunque tiene momentos de autenticidad y una dirección de arte notable, su falta de originalidad y desarrollo de personajes la mantienen en un nivel medio.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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