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Baby Bandito: un thriller adolescente que se queda sin aire

Veronica Loop

El skateboarding de Kevin Tapia sobre los techos de Santiago, justo antes del salto que lo lleva hacia el caos, es la imagen más audaz de Baby Bandito. Esa secuencia inicial promete un thriller vertiginoso, pero la serie de Julio Jorquera y sus co-directores se desinfla tan rápido como el neumático de una bicicleta pinchada.

La premisa es intrigante: un grupo de jóvenes chilenos, liderados por Kevin (Nicolás Contreras), planean y ejecutan el robo más grande del país. Inspirado en hechos reales, Baby Bandito podría haber sido la respuesta latina a El Robo del Siglo, pero se queda en una versión barata de Ocean’s Eleven con patinetas. El problema no es la falta de presupuesto—la producción de Fabula logra ambientes convincentes entre Chile e Italia—sino la narrativa fragmentada que prioriza el estilo sobre la sustancia.

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Los diálogos, escritos por Diego Muñoz y su equipo, caen en clichés adolescentes: «Somos los nuevos Robin Hood» o «El dinero no compra la felicidad». Escenas clave, como la revelación del traidor dentro del grupo, se diluyen en un montaje confuso que exige más paciencia de la que merece. La banda sonora, aunque ecléctica—desde reggaetón hasta indie chileno—, a menudo compite con el drama en lugar de complementarlo.

El reparto tiene momentos brillantes: Contreras transmite bien la arrogancia juvenil de Kevin, y Carmen Zabala roba escenas como Mística, una hacker con más carisma que el propio protagonista. Sin embargo, personajes como Génesis (Francisca Armstrong) o Pantera (Pablo Macaya) quedan reducidos a arquetipos: la novia celosa, el matón con corazón de oro.

La mayor debilidad es la estructura. Baby Bandito evita culminar en el gran robo—como señalan varias críticas—, pero ni siquiera esa decisión audaz se justifica bien. Los ocho episodios se sienten desbalanceados: los primeros dos son un torbellino de adrenalina, pero luego la serie se ahoga en subtramas irrelevantes, como el triángulo amoroso entre Kevin, Génesis y Panda (Lukas Vergara).

La temporada 2, estrenada en 2025, no mejora el panorama. Si acaso, confirma que Baby Bandito es víctima de su propio formato: más episodios significan más relleno. La dirección de Jorquera y Guzzoni muestra destellos—como los planos aéreos de Santiago—, pero falta coherencia visual.

En resumen, Baby Bandito tiene ingredientes para ser memorable, pero se conforma con ser entretenimiento superficial.

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