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Dead End: Paranormal Park: una mezcla entretenida pero desequilibrada

Veronica Loop

Imagina el momento en que Barney Guttman, un adolescente transgénero gay, se refugia en una atracción de casa embrujada de un parque temático abandonado. Es aquí donde la serie Dead End: Paranormal Park (2022) encuentra su corazón: en la intersección entre lo sobrenatural y las batallas personales de sus protagonistas. Creada por Hamish Steele y basada en su novela gráfica, esta animación para Netflix mezcla horror cósmico, comedia absurda y un coming-of-age queer con resultados desiguales pero interesantes.

La premisa es prometedora: Barney (Zach Barack) y Norma (Kody Kavitha), dos adolescentes marginados, se ven envueltos en una guerra contra demonios mientras trabajan como guardias de seguridad en el parque Phoenix Parks. La animación, con su estética pixelada inspirada en los videojuegos de los 90, es uno de sus puntos fuertes. Los diseños de personajes son expresivos y el uso del color (o la falta de él) refuerza la atmósfera claustrofóbica del parque abandonado. Escenas como la secuencia inicial de Barney escapando de su abuela transfóbica están bien ejecutadas, con planos cerrados que enfatizan su vulnerabilidad.

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Sin embargo, la serie tropieza en su narrativa fragmentada. El primer episodio introduce múltiples arcos argumentales—desde el conflicto familiar de Barney hasta la misión sobrenatural principal—pero no logra equilibrarlos. La trama del demonio Temeluchus (Alex Brightman) y su búsqueda de un cuerpo humano se siente genérica, como un Ghostbusters low-budget sin chispa. El humor, aunque ocasionalmente ingenioso (como las interacciones entre Norma y Pugsley, el perro parlante), recurre demasiado a la comedia esnob («quirky») que no siempre funciona.

Donde la serie brilla es en su representación queer. Barney es uno de los pocos protagonistas transgénero animados en la televisión actual, y su viaje—desde huir del hogar hasta encontrar comunidad con Norma—es conmovedor. Kavitha, como Norma, aporta autenticidad a un personaje autista escrito con sensibilidad (aunque algunos momentos rozan el estereotipo). La química entre los dos actores de voz es palpable, especialmente en escenas íntimas donde exploran sus identidades.

El mayor problema es la ejecución inconsistente. El tono oscila entre lo terrorífico y lo absurdo sin coherencia: una escena de horror cósmico puede ser seguida por un gag sobre demonios que discuten como empleados de oficina. La banda sonora, aunque pegadiza (la canción «Down There» se ha vuelto viral), a veces choca con la gravedad del conflicto principal.

Dead End: Paranormal Park tiene potencial, pero se queda en el limbo entre ser una aventura sobrenatural emocionante y un drama adolescente sobre aceptación.

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