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The Sea Beast»: una aventura visualmente deslumbrante pero narrativa superficial

Veronica Loop

Imagina la escena: un barco de vela se balancea sobre aguas embravecidas mientras una joven, Maisie Brumble, se agarra desesperadamente a su costado. Es «The Sea Beast» (2022), la última aventura animada de Chris Williams («Big Hero 6»), que llega a Netflix con una promesa: mezclar fantasía épica y reflexión sobre la humanidad.

La trama sigue a Jacob Holland, un experimentado cazador de monstruos marinos interpretado por Karl Urban, cuyo barco es abordado por Maisie (Zaris-Angel Hator), una huérfana en busca de aventura. Juntos parten hacia aguas desconocidas tras la misteriosa bestia roja conocida como el Red Bluster. La película destaca por su animación deslumbrante —los diseños de los monstruos marinos son particularmente memorables, con criaturas que evitan lo grotesco para abrazar una estética casi poética—. La secuencia en la que Jacob y Maisie cabalgan sobre el lomo del Red Bluster es un punto álgido: el plano de los dos personajes rodeados por las olas mientras el monstruo emerge como una montaña viva es una imagen que perdurará.

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Donde «The Sea Beast» brilla es en su capacidad para equilibrar acción trepidante con momentos de calma introspectiva. La relación entre Jacob y Maisie, que evoluciona de la desconfianza inicial a un vínculo paternal, está bien construida gracias al diálogo afilado y las interpretaciones vocales sólidas, especialmente Urban, quien imprime a Holland una mezcla de rudeza y vulnerabilidad. Sin embargo, el guion coescrito por Williams y Nell Benjamin tropieza en su tercer acto: la resolución del conflicto con los cazadores rivaliza en convencionalismo, recurriendo a tópicos emocionales que contrastan con la originalidad previa.

La banda sonora de Mark Mancina —con pistas como «Captain Crow»— merece mención aparte. Las composiciones evocadoras elevan las secuencias de acción y añaden profundidad a los momentos más íntimos, aunque en ocasiones el score parece más adecuado para una épica pirata que para la sutileza que el filme intenta transmitir.

El mayor defecto de «The Sea Beast» es su estructura. La primera hora se siente lenta, como si la película dudara entre ser un cuento moral sobre la coexistencia con las criaturas o una aventura de monstruos clásicos. Cuando finalmente elige un camino —el respeto hacia los seres marinos—, lo hace con convicción, pero el tiempo perdido en la indecisión inicial pesa.

«El Sea Beast» no es una obra maestra, pero sí un entretenimiento animado sólido que apela tanto a niños como a adultos. Su mayor logro es recordar que las historias para familias pueden ser inteligentes sin sacrificar diversión.

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