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Web of Make Believe: un catálogo de horrores digitales sin profundidad

Veronica Loop
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El primer plano de «Web of Make Believe: Death, Lies and the Internet» es un video granulado de los años 90, donde un adolescente sonríe frente a una cámara web mientras escribe en un chat: «Voy a matarte». Esa imagen, aparentemente inocua, se transforma en el detonante de un asesinato real. Así comienza la serie documental de Brian Knappenberger (2022), que se presenta como un catálogo de horrores digitales donde cada episodio es una advertencia sobre los peligros de Internet.

Knappenberger, conocido por documentales como «The Internet’s Own Boy» (2014), adopta aquí un enfoque periodístico riguroso pero accesible. La serie está dividida en seis episodios autoconclusivos, cada uno centrado en un caso diferente: desde el fraude masivo perpetrado a través de llamadas telefónicas automáticas («robocalls»), hasta el intento de asesinato de una niña inspirado por la leyenda urbana de Slender Man. El director equilibra testimonios crudos con reconstrucciones dramáticas y archivo histórico (como las apariciones de Donald Trump o Alex Jones), creando un relato que oscila entre lo académico y lo sensacionalista.

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El episodio más logrado es el dedicado a Michelle McNamara, la periodista obsesionada con resolver el caso del «Asesino del Valle de California». Knappenberger utiliza su historia para explorar cómo Internet puede convertirse en una trampa para sus propios usuarios. La narrativa se construye alrededor de entrevistas con familiares y colegas de McNamara, combinadas con metraje de archivo de sus investigaciones. Hay un momento particularmente revelador cuando se muestra cómo hackers anónimos utilizaron la misma obsesión de McNamara en su contra, infiltrándose en sus cuentas y publicando información privada.

Sin embargo, no todos los episodios alcanzan este nivel de profundidad. El que aborda el fenómeno del «swatting» —llamadas falsas a la policía que terminan en redadas violentas— tiene un ritmo frenético que dificulta la comprensión de las consecuencias legales y emocionales para las víctimas. Knappenberger parece más interesado en mostrar la tecnología detrás de estas llamadas (como el uso de software para ocultar números telefónicos) que en explorar el impacto humano.

La serie también tropieza al intentar abarcar demasiado. Aunque cada episodio tiene un tema central, a menudo se desvía hacia tangentes sin resolver adecuadamente. Por ejemplo, el capítulo sobre las teorías conspirativas incluye breves menciones a eventos como los atentados del 11 de septiembre y la pandemia de COVID-19, pero no profundiza lo suficiente en cómo Internet exacerbó estas narrativas falsas.

Donde «Web of Make Believe» triunfa es en su capacidad para humanizar las estadísticas. La entrevista con la madre de una víctima del Slender Man es especialmente conmovedora, mostrando cómo el trauma se extiende más allá de la pantalla. Knappenberger utiliza planos cercanos y primeros planos para capturar las emociones crudas de los entrevistados, creando un contraste deliberado con las imágenes digitales que se muestran en pantalla.

El mayor defecto de la serie es su tono inconsistente. A veces parece un reportaje periodístico serio, otras veces cae en el sensacionalismo típico del true crime televisivo. La música de suspense durante testimonios ya intensos añade una capa innecesaria de drama, y las reconstrucciones dramatizadas (como escenas de asesinatos) parecen más apropiadas para un programa de televisión convencional que para un documental.

A pesar de estas fallas, «Web of Make Believe» cumple su objetivo principal: recordarnos que Internet no es un espacio abstracto, sino uno donde las consecuencias son tan reales como en el mundo físico. La serie está dirigida a un público amplio, desde académicos interesados en la desinformación digital hasta espectadores casuales de true crime.

Knappenberger evita juicios morales fáciles, presentando cada caso con una neutralidad que permite al espectador formar su propia opinión. Sin embargo, hay momentos en los que su enfoque parece demasiado equilibrado, especialmente cuando se trata de figuras controvertidas como Alex Jones, cuyas declaraciones se presentan sin suficiente contexto crítico.

En comparación con otras series documentales recientes sobre temas similares, «Web of Make Believe» se sitúa a medio camino entre el rigor académico de «The Social Dilemma» (2020) y el entretenimiento sensacionalista de «Don’t F**k with Cats: Hunting an Internet Killer» (2019). Aunque no alcanza la profundidad analítica del primero ni la intensidad narrativa del segundo, logra encontrar un equilibrio único entre información y entretenimiento.

La serie también explora temas relevantes en la era digital, como la privacidad, la verificación de hechos y el impacto psicológico de las redes sociales. Knappenberger utiliza ejemplos concretos para ilustrar estos conceptos, haciendo que sean accesibles incluso para quienes no están familiarizados con la terminología técnica.

En cuanto a la dirección, Knappenberger demuestra un talento para combinar diferentes formatos visuales: desde entrevistas en estudio hasta metraje de archivo y reconstrucciones dramatizadas. Sin embargo, su estilo a veces parece demasiado convencional, sin aportar una perspectiva visual única que diferencie esta serie de otras del mismo género.

La edición es otro punto fuerte, con transiciones fluidas entre diferentes segmentos narrativos. Knappenberger utiliza montajes rápidos para mantener el ritmo durante las secuencias más intensas, pero también sabe cuándo ralentizar el ritmo para permitir momentos de reflexión.

En cuanto al reparto, los entrevistados son el verdadero corazón de la serie. Desde víctimas y testigos hasta expertos en seguridad digital, cada persona aporta una perspectiva única a los casos presentados. Knappenberger logra crear un sentido de urgencia y relevancia a través de sus testimonios, haciendo que incluso los casos más antiguos parezcan actuales.

La serie también destaca por su enfoque en la originalidad. Aunque muchos de los casos presentados han sido cubiertos por otros medios, «Web of Make Believe» ofrece una perspectiva fresca al explorar las conexiones entre ellos y cómo reflejan tendencias más amplias en la sociedad digital.

En cuanto a su ajuste con el género del true crime, la serie cumple con muchas de sus convenciones: narrativas centradas en crímenes reales, testimonios de víctimas y testigos, y un tono general que oscila entre lo informativo y lo sensacionalista. Sin embargo, también se distancia del género al enfocarse más en los aspectos tecnológicos y sociales detrás de los crímenes, en lugar de simplemente relatar los hechos.

«Web of Make Believe: Death, Lies and the Internet» es una serie documental importante que explora los peligros ocultos de la era digital.

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