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Kylie en Netflix deja que las películas caseras voten contra cuarenta años de fotos de prensa

Martha O'Hara

Kylie Minogue lleva treinta y nueve años decidiendo qué versión de sí misma puede ver el público. Lo primero que hace la nueva serie de Netflix es quitarle esa decisión, y la versión que sobrevive a ese cambio no es la que prometían las notas de prensa.

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La fricción que monta el documental está a la vista. De un lado: las películas caseras que Carol Minogue rodó en el callejón sin salida de Surrey Hills donde crecieron Kylie y Dannii, las cintas de casete que las dos hermanas grabaron con el micrófono de un radio-despertador, las polaroids de los meses anteriores a Neighbours. Del otro: el aparato publicitario que se puso en marcha en 1987 y nunca se detuvo: los singles de Stock Aitken Waterman, las fundas de Locomotion, el aerógrafo, el plan de iluminación. La serie de tres episodios coloca esas dos grabaciones de la misma persona en paralelo y se niega a mediar entre ellas.

Esa negativa es el argumento estructural. Michael Harte, el mismo cineasta que firmó Beckham en 2023, no ha cambiado de método: sesiones largas con la protagonista, sesiones más largas con el archivo y una preferencia editorial por lo que recuerdan las películas caseras frente a lo que afirmaron en su día las notas de prensa. Con Beckham ese método retrataba un matrimonio. Con Kylie retrata un método de trabajo: el trabajo concreto, día tras día durante cuatro décadas, de dejar que un personaje pop fabricado absorba todo lo que ocurre por debajo.

Los nombres que aparecen confirman la arquitectura. Dannii Minogue está aquí porque la mitad de las películas caseras también son suyas. Jason Donovan está aquí porque es la única persona del mundo que ha estado dentro a la vez del plató de Neighbours y de la maquinaria SAW que contrataba a sus protagonistas. Pete Waterman está aquí porque la parte de la carrera de Kylie que más se omite en los homenajes —los años en los que era, por consenso de la industria, el single más liviano de Europa— es la que él dirigió. Nick Cave está aquí porque en 1995 escribió Where the Wild Roses Grow y permitió que la prensa musical británica se la tomara en serio, lo cual no es lo mismo que tomarla en serio y la serie es honesta al respecto.

Lo que muestran las bobinas caseras no es la herida que pide el formato. No hay un Svengali abusivo, ni traición, ni derrumbe. Hay algo más preciso: una mujer que lleva trabajando en público desde los dieciocho años en una industria que tasó su trabajo como cosa de niñas y después se quejó cuando dejó de ser una niña. El capítulo del diagnóstico de cáncer de mama de 2005 será el que más subraye la crítica externa, pero el logro editorial real es hacer que ese tramo se lea como continuación de lo que vienen haciendo los demás: la misma maquinaria que necesitaba ver confesar a un cuerpo enfermo por las mismas razones por las que necesitaba a un cuerpo sano para actuar.

La firma de Harte sostiene el argumento que los testimonios no pueden sostener. Monta sobre el archivo, no sobre la cita. Una frase grabada en 2026 cae sobre un plano del backstage de 1989 y es el plano, no la frase, el que termina la idea. La serie sabe que a Kylie Minogue se la ha entrevistado sobre Kylie Minogue más que a casi cualquier otra intérprete de su generación. También sabe que las películas caseras no han sido entrevistadas nunca. Tratar las bobinas sin montar como fuente primaria y las entrevistas como glosa es la decisión que separa Kylie de cualquier intento previo de hacer una película sobre ella, incluyendo el documental de gira que firmó William Baker en 2007 y los retrospectivos de la BBC.

La elección tiene una especificidad generacional. Las intérpretes de pop que en los ochenta tardíos se vendieron como niñas no llegaron, por regla general, a 2026 trabajando. Madonna se quedó reinventando el aparato que la rodeaba. Janet Jackson se quedó sobreviviendo a una industria que decidió publicar su cuerpo sin su consentimiento. Las cantantes de la edad de Kylie en su mercado que intentaron hacer lo que ella ha hecho no aguantaron la década siguiente. El documental no las nombra. No le hace falta. La cámara casera corta a un camerino de 1988 y la ausencia en la habitación es el argumento.

El pasaje sobre Nick Cave es el que pone la tesis de la serie sobre la mesa con más claridad. En 1995 Cave produjo y co-interpretó Where the Wild Roses Grow con Kylie para Murder Ballads, y la consecuencia cultural fue que la prensa musical británica semanal —NME, Melody Maker— la trasladó del archivador del teen-pop al de las artistas tomadas en serio. A la serie no le interesa el relato del rescate. Le interesa el hecho estructural de que la seriedad de Kylie Minogue como intérprete necesitó la validación externa de un artista indie masculino antes de ser concedida, y de que esa misma validación ha tenido que renovarse cada cierto tiempo desde entonces.

Está el capítulo de Padam Padam, que la serie guarda para el tercer episodio. El single de 2023 que le devolvió a Kylie un público generacional nuevo no aparece presentado como regreso porque el documental ha pasado dos episodios sosteniendo que nunca se había ido. Lo que hace en cambio es observar qué le ocurre al mismo trabajo —las horas de sala de ensayo, los calentamientos vocales, la coreografía pasada una y otra vez— cuando el público vuelve a tener veintitrés años. La convención casera se extiende: un ensayo grabado con móvil en 2023 se coloca al lado de una demo de Stock Aitken Waterman de 1987 y las dos imágenes tienen la misma textura.

Hay una cosa que el formato no puede darle al espectador y que la serie no finge dar. Una carrera pop activa durante cuarenta años no es un problema que la cámara pueda resolver al final del tercer episodio. El plano final lo reconoce sin decirlo: una toma reciente en una sala de ensayo donde Minogue, sola, repasa la coreografía de Padam Padam por lo que claramente es la centésima vez de la semana. La película casera ha alcanzado al presente y sigue rodando.

Kylie se estrena en Netflix el 20 de mayo de 2026 con tres episodios de unos cincuenta minutos cada uno. Dirige Michael Harte. Produce Ventureland, de John Battsek. Participan Kylie Minogue, Dannii Minogue, Jason Donovan, Pete Waterman y Nick Cave.

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