Televisión

Los Emmy consagran la televisión de autor: una firma reconocible pesa más que veinticinco nominaciones

Martha O'Hara
Añádenos en Google

La televisión pasó una década aprendiendo a producir prestigio en serie: repartos enormes, temporadas diseñadas por comité, campañas que inundan cada rama de la Academia. La noche de los Emmy en el Peacock Theater dio la vuelta a esa lógica. Los premios no fueron para la maquinaria más grande ni para la titular más cómoda, sino para las series que se pueden atribuir a una sola sensibilidad al mando. Widow’s Bay se llevó catorce premios, un récord de la comedia, sostenida por el guion de una sola autora y la dirección de un solo realizador. DTF St. Louis, escrita y dirigida episodio a episodio por el mismo hombre, tumbó a la favorita en serie limitada. Y Pluribus le dio el guion dramático a Vince Gilligan aunque la serie se quedara sin el premio grande. La tesis de la velada es nítida: la Academia vota, ahora mismo, la autoría reconocible, y se enfría con el aparato de prestigio disperso que antes definía sus grandes galardones.

Un récord que en realidad es un récord de autoría

Catorce premios es la cifra que todos recordarán, pero importa más la forma del barrido que su tamaño. Widow’s Bay no repartió sus victorias entre un ejército de departamentos, como hace una campaña de prestigio de frente amplio. Ganó el guion —Katie Dippold, por el episodio inicial— y la dirección —Hiro Murai, por ese mismo capítulo— y encima la serie, el actor protagonista y los dos premios de reparto de comedia. Cada estatuilla apunta al mismo núcleo creativo: una serie concebida, escrita y rodada alrededor de una única idea de tono, la comedia de terror de un alcalde imparablemente optimista que quiere aburguesar una isla maldita de Nueva Inglaterra, y ejecutada con la limpieza suficiente para que el electorado premiara a la vez la cima de la serie y su oficio. La comedia llevaba varios ciclos coronando lo cómodo y lo continuista. Esta vez el instinto fue el contrario, y la Academia no matizó ni una línea.

La autoría íntegra gana en la categoría hecha para el gasto

Si Widow’s Bay es autoría por núcleo, DTF St. Louis es autoría en estado puro. Steven Conrad escribió y dirigió él solo los siete episodios, y esa estructura de autoría total —muy poco frecuente a este nivel de la televisión— es justo lo que derrotó a Beef, una campeona que regresaba con toda la inercia de un triunfo previo. La serie limitada suele ser el terreno donde la Academia premia el acontecimiento: el paquete de prestigio, el vehículo de estrellas, la temporada montada para parecer importante. Este año premió la mirada personal: una perversa comedia sobre la muerte en el Medio Oeste que se siente como la visión peculiar de una sola persona sostenida durante una temporada entera. Puestos a elegir entre la defensa del título y la voz singular, ganó la voz singular, y ganó en la categoría más diseñada para recompensar la escala.

Las ramas de oficio se saltaron a los favoritos

El patrón se ve mejor donde se separa del premio a la serie. Pluribus no ganó el drama, pero Gilligan sí ganó el guion dramático por ella: la Academia distinguió el libreto de autor de la campaña colectiva y honró el primero. La dirección de drama fue para Saul Metzstein por Slow Horses, una serie que ya ha hecho costumbre de convertir la atención al oficio en premios sin amenazar nunca el galardón mayor. Los dos resultados dicen lo mismo desde ramas distintas: el electorado se atreve cada vez más a saltarse a la favorita de la categoría para premiar una pieza de oficio concreta e identificable. Los votantes de guion y de dirección no se comportaron como quien ratifica un consenso, sino como quien señala una mano sobre la obra y dice esa.

La contramáquina, y por qué perdió

Y entonces la cifra que lo enmarca todo por contraste. The Pitt llegó con veinticinco nominaciones, más que ninguna otra producción, y se fue con dos premios: el de serie que ya había ganado el año anterior y la repetición de Noah Wyle como protagonista. Todo lo demás lo perdió. Ocupaba cinco de las siete plazas de actriz de reparto en drama y no ganó ninguna; Tom Pelphrey se llevó el de actor de reparto por Task, colándose entre un banquillo saturado de nombres de The Pitt. La serie más nominada del año firmó la peor tasa de conversión de cualquier gran ganadora de la sala. The Pitt es exactamente el modelo que los resultados de autoría estaban batiendo: un reparto amplio, profundo y admirado por la institución que satura la papeleta sin concentrar el apoyo tras un solo nombre. La profundidad de la candidatura, quedó demostrado, no es la profundidad del respaldo.

Por qué conviene no exagerar la tesis

La versión pulcra de este argumento se pasa de rosca, y la honestidad obliga a decirlo. The Pitt revalidó como mejor drama de la televisión, que no es la conducta de una Academia que le haya dado la espalda a la escala; el premio más grande de la noche siguió yendo a la maquinaria más grande. Y «autoría» es una etiqueta halagadora para resultados que admiten explicaciones más grises: Widow’s Bay fue sencillamente la comedia más querida del año, el desgaste de la titularidad hizo el resto con Hacks, y el voto dividido es un accidente mecánico, no una declaración filosófica sobre las visiones únicas. Un patrón que solo se ve eligiendo qué resultados poner en primer plano es un patrón que conviene sostener sin apretar demasiado.

Qué cambia para el año que viene

Aun así, las campañas se construyen sobre cómo vota la gente de verdad, y este ciclo deja una lección clara. Inundar la papeleta ya no es obviamente inteligente: veinticinco nominaciones le compraron a The Pitt un buen resumen y dos estatuillas mientras una serie de identidad concentrada arrasaba en comedia. Es previsible que las campañas del año próximo piensen más en concentrar el apoyo que en maximizar el número de nominaciones, y que las plataformas sigan apostando por series con una firma creativa con nombre —una Dippold, un Conrad, un Gilligan— porque fueron esas las que convirtieron. La televisión de autor ya no es solo una preferencia de la crítica: con estas pruebas, es también la forma más eficiente de ganar, y la eficiencia es el único argumento que un departamento de marketing nunca ignora. Los premios ya están grabados; lo que la noche deja es una pista de lo que de verdad busca quien vota. Este año buscaba una mano sobre la obra.

Etiquetas: , , , , ,

Añádenos en Google

Debate

Hay 0 comentarios.