Televisión

Una debutante destrona a Hacks y reescribe el récord de la comedia

Veronica Loop

La incumbencia no protegió a nadie. Widow’s Bay, la comedia de terror de Apple TV ambientada en una isla maldita de Nueva Inglaterra, salió del Peacock Theater con catorce premios: más de los que ninguna serie de comedia había conseguido jamás en una sola edición de los Emmy. No se coló en la categoría, la anexionó por completo. Serie, actor protagonista, los dos premios de reparto, guion y dirección cayeron del mismo lado en un pleno sin fisuras.

Lo que ese barrido enterró fue el reinado establecido. Hacks llegaba como comedia vigente y se fue con una sola estatuilla, la de Jean Smart. Para una industria televisiva que suele premiar la continuidad y el prestigio consolidado, el mensaje del electorado fue inequívoco: la Academia eligió el impulso de una primeriza sobre la comodidad de una veterana, y lo hizo sin matices.

Los grandes vencedores

El drama respetó el guion previsto. The Pitt, el drama de urgencias rodado en tiempo real que convierte un solo turno hospitalario en una temporada entera, revalidó su título de Mejor Serie Dramática logrado un año antes, y Noah Wyle repitió como actor protagonista. Es la confirmación de una tesis que a la industria le costó aceptar: el procedimiento médico filmado con honestidad puede sostener el mismo peso que el gran espectáculo.

En comedia, junto a Widow’s Bay llegó Matthew Rhys como actor protagonista, la mitad de un doblete notable, porque Rhys se llevó además el premio a actor protagonista en serie limitada por The Beast in Me. Stephen Root y Kate O’Flynn completaron el pleno de reparto de la serie; Katie Dippold ganó por el guion del episodio inicial y Hiro Murai por su dirección.

La categoría de serie limitada dejó la otra gran sorpresa: DTF St. Louis, la perversa comedia sobre la muerte que Steven Conrad firmó para HBO, batió a la favorita, el regreso de Beef. En actriz protagonista de drama, Rhea Seehorn recibió por fin, y con justicia, su reconocimiento por Pluribus: su primer Emmy tras los años de Better Call Saul. En comedia repitió Jean Smart, su octavo premio y quinto por el personaje de Deborah Vance. Vince Gilligan ganó el guion dramático por Pluribus, aunque la serie no se llevara el premio grande.

El voto dividido que devoró a The Pitt

Aquí está la cifra que definirá el análisis: The Pitt encabezó todas las producciones de la sala con veinticinco nominaciones y convirtió exactamente dos. Ocupaba cinco de las siete plazas de actriz de reparto en drama y no ganó ninguna, la canibalización interna que el consenso previo había señalado como su única debilidad estructural. Tom Pelphrey se llevó el premio de actor de reparto en drama por Task, sorteando un banquillo saturado de candidatos de The Pitt. La serie más nominada del año produjo la tasa de conversión más pobre de cualquier gran ganadora. La profundidad de la papeleta, se comprueba, no equivale a la profundidad del apoyo.

Las sorpresas

Dos resultados rompieron de veras las quinielas. Allison Janney ganó como actriz de reparto en drama por The Diplomat: ni era la favorita ni figuraba entre las alternativas más comentadas, un recordatorio de que una veterana con una buena pareja de escena todavía mueve a este electorado. Y la dirección de drama fue para Saul Metzstein por Slow Horses, por encima de Gilligan y de Wyle. Que Slow Horses siga acumulando premios de oficio sin llegar nunca a amenazar el galardón mayor dice mucho sobre cómo esta Academia distingue lo bien hecho de lo consagrado.

Qué cambia ahora

Para Apple, el barrido es una validación con factura incluida: Widow’s Bay es ya una franquicia que la plataforma debe proteger, y una segunda temporada arrastra unas expectativas que la primera nunca tuvo. Para HBO Max, el segundo triunfo consecutivo de The Pitt como mejor drama consolida un renacimiento del género procedimental que la industria dio por muerto durante una década. Y para Hacks, una noche de una sola estatuilla se lee como un relevo elegante: el centro de gravedad de la comedia se ha desplazado, y ahora lleva el nombre de un pueblo ficticio donde nunca ocurre nada bueno. Los ganadores están decididos; las discusiones que abren, no.

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