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Oasis: Netflix encierra a las familias más ricas de España en el resort del que nadie puede salir

Martha O'Hara

Lo primero que vende Oasis es la luz. Tenerife le presta a la serie ese resplandor atlántico que aplana el cielo, vuelve el mar del color del cristal cortado y hunde la arquitectura en la roca volcánica hasta que parece más excavada que construida. El complejo donde transcurre todo fue diseñado, dentro de la ficción y en pantalla, para que el resto del mundo deje de existir: arena negra, piscinas infinitas que sostienen el horizonte, pasillos refrigerados a temperatura de caja fuerte. Durante un rato cumple su promesa. Aquí afuera no entra nada.

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Después llega la policía, y la vista más cara del país se convierte en un perímetro.

Oasis es el nuevo thriller de Bambú Producciones, la casa que lleva más de una década perfeccionando un mismo mecanismo: encerrar a un grupo de personas en un lugar hermoso y dejar que la presión haga el trabajo. Lo hizo con un palacio de época en Gran Hotel, con un transatlántico en Alta mar, con la paciencia forense de El caso Asunta. Aquí el punto de partida es más sencillo y más frío. Una joven desaparece dentro de un complejo vacacional reservado a las familias más adineradas del país, y nadie puede marcharse hasta que aparezca. El muro que garantizaba la intimidad absoluta pasa a retener a todos detrás de él. De un día para otro, la lista de huéspedes y la plantilla de empleados se convierten en dos columnas de sospechosos.

Esa inversión es el motor de la serie. Un sitio así se vende sobre la promesa de la separación: quien paga por estar aquí no debería cruzarse jamás con quien lo mantiene en marcha. Oasis dedica sus primeras horas a desmontar ese pacto en tiempo real. Cerrada la verja, la heredera y la camarera respiran el mismo aire reciclado, comen en el mismo comedor sellado y se vigilan a través de una frontera que el dinero suele mantener invisible. La sospecha consigue lo único que el privilegio pagó una fortuna por evitar: pone a todos en el mismo plano. Y nadie se fía del resultado.

Ramón Campos, que firma la creación junto a Jon de la Cuesta, Javier Chacártegui, David Orea y Ricardo Jornet, reparte la serie en clave joven y luego entierra a los veteranos en los márgenes como cargas de profundidad. Ana Garcés llega de más de quinientos capítulos como Jana en La Promesa; la acompañan Tomy Aguilera, que venía de ahogarse en la paranoia sectaria de Welcome to Eden, y la debutante Victoria Kantch. Alrededor, un elenco de nombres en ascenso —Berta Castañé, Blas Polidori, Jan Buxaderas, Ada Molina, Cande Méndez— sostiene la superficie de romance veraniego que tanto explota el tráiler. Entonces entran los adultos: Paco Tous, Verónica Sánchez, Alicia Borrachero, Mercedes Sampietro y Unax Ugalde interpretan a quienes tienen reputación y fortuna que proteger, y cada escena que pisan baja varios grados.

La imagen es la que argumenta. Bambú filma el resort como un folleto que ha empezado a agriarse. Las piscinas infinitas funcionan como fronteras. Las paredes de cristal encuadran a la gente igual que un acuario encuadra a los peces. Los pasillos siguen siendo preciosos mucho después de haberse vuelto una trampa, y el paisaje canario no suaviza nada: roca lunar, playas negras, esa luz plana que no deja dónde esconder una cara. El paraíso, en esta gramática, no es un refugio. Es un encierro que fotografía bien.

Esa paciencia es la verdadera estructura. Oasis no se apoya en saltos de tiempo, sino en el espacio. El encierro es el reloj. Quién puede llegar a qué ala, quién tiene llaves de qué puerta, quién estaba dónde cuando las cámaras del pasillo parpadearon: la geografía del complejo hace lo que en otros thrillers hace la exposición. El edificio no es decorado. Es el caso.

Y ahí la serie deja de hablar solo de una desaparición. Canarias vende paraíso para ganarse la vida, y su economía vive de la distancia entre el visitante que recibe una semana perfecta y el trabajador que la construye y luego debe esfumarse del plano. Oasis deja caer un crimen justo en esa grieta. Cuando empiezan los interrogatorios, la pregunta cae distinto a cada lado de la puerta de servicio, y la serie no disimula a quién se le concede el beneficio de la duda y a quién se registra primero.

Oasis - Netflix
OASIS. Ada Molina as Sofía in episode 01 of OASIS. Cr. Manuel Fernandez Valdes/Netflix © 2025

Lo que el caso quizá nunca resuelva es lo de debajo: si un paraíso construido para mantener a los poderosos lejos de las consecuencias puede ser obligado alguna vez a entregar a uno de los suyos, o si la maquinaria cerrará filas y dejará que el perímetro haga su trabajo. La desaparición es la pregunta que el resort se construyó para no tener que responder.

Oasis se estrena en todo el mundo en Netflix el 19 de junio. El thriller, en español, se rodó íntegramente en Tenerife y está producido por Bambú Producciones —la casa de Gran Hotel, Las chicas del cable, Alta mar y El caso Asunta— para Netflix. Encabezan el reparto Ana Garcés, Tomy Aguilera y Victoria Kantch; Ramón Campos crea y produce junto a Jon de la Cuesta, Javier Chacártegui, David Orea y Ricardo Jornet.

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