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Rana Naidu: ambición desmedida ahoga su identidad

Anna Green
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La escena del asesinato en el capítulo tres de Rana Naidu es una explosión de sangre y gritos, filmada con planos cerrados que enfatizan cada golpe. La cámara se balancea violentamente mientras Rana Daggubati desata su furia sobre un enemigo, sus puños convertidos en herramientas de venganza. Es un momento visceral, diseñado para impactar, pero también ilustra el dilema central de la serie: Rana Naidu quiere ser muchas cosas a la vez —un drama familiar, una crítica social, un thriller criminal— y ese exceso, aunque audaz, a menudo diluye su impacto.

Creada por Karan Anshuman —cuyo trabajo en Kai Po Che! demostró sensibilidad para narrativas intensas pero íntimas—, esta adaptación india de Ray Donovan es el primer original Telugu de Netflix. La plataforma apostó fuerte: un elenco estelar liderado por Daggubati, Venkatesh —en una actuación que roba escenas— y nombres como Surveen Chawla y Sushant Singh. Pero la serie, estrenada en marzo de 2023, no convenció a todos. Mientras algunos críticos aplaudieron su crudeza, otros la tacharon de caos narrativo disfrazado de provocación.

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El mayor acierto de Rana Naidu es su dirección visual. Jayakrishna Gummadi, el cinematógrafo, usa una paleta oscura y cálida que refleja el estado emocional del protagonista: Rana Naidu (Daggubati) es un hombre atrapado entre las sombras de su pasado y la luz frágil de su futuro. La fotografía no solo sirve como fondo; es un personaje más, especialmente en los momentos clave donde la tensión familiar se vuelve insoportable. John Stewart Eduri, el compositor, refuerza esta atmósfera con una banda sonora que oscila entre lo melancólico y lo ominoso.

Pero la dirección no puede salvar los problemas de guion. La primera temporada (2023) es un collage de momentos intensos pero desconectados: Rana resolviendo conflictos en Bollywood, su padre Naga Naidu (Venkatesh) luchando por reconciliarse con el mundo exterior, y una red de personajes secundarios que a menudo se sienten superfluos. La trama central —la relación tóxica entre padre e hijo— tiene potencial, pero se pierde en subtramas innecesarias. Por ejemplo, la inclusión de Naina (Chawla) como interés romántico añade capas emocionales, pero su arco narrativo carece de desarrollo.

La serie también sufre por su identidad dividida. Quiere ser un drama familiar épico al estilo de Succession, pero con el erotismo explícito y la violencia de una película de Tarantino. El resultado es una mezcla desigual: escenas de sexo que a veces parecen forzadas, diálogos crudos que repiten los mismos puntos una y otra vez, y una estructura que carece de ritmo. Saibal Chatterjee de NDTV lo resumió bien: «El potencial para variaciones tonales significativas queda sin realizarse porque el show nunca alcanza un galope constante».

Sin embargo, hay momentos brillantes. Venkatesh es una revelación como Naga Naidu, el padre recién liberado de prisión. Su interpretación captura la complejidad del personaje: un hombre que ha perdido décadas de su vida pero aún lucha por reconectar con su hijo. En una escena memorable, Naga le confiesa a Rana sus miedos más profundos, y Venkatesh transmite tanto dolor como rabia contenida. Es el tipo de actuación que hace que la serie valga la pena.

El público objetivo de Rana Naidu es un enigma. La serie está dirigida claramente a adultos, con su lenguaje explícito y escenas de sexo frecuentes. Pero también hay un intento por conectar con las audiencias indias más amplias, especialmente a través de temas como el honor familiar y la lealtad. Sin embargo, ese equilibrio no siempre funciona. Deepa Gahlot de Rediff.com criticó el «uso excesivo de palabras obscenas», mientras que Udita Jhunjhunwala de Scroll.in señaló que Rana Daggubati fue dirigido para ser un personaje monocorde: «Rara vez sonríe y apenas le da descanso a su rabia».

La segunda temporada (2025) introduce a Arjun Rampal como antagonista, pero según las reseñas tempranas, no resuelve los problemas de la primera. Si acaso, los exacerba: la trama se vuelve aún más caótica, y el tono oscila entre lo melodramático y lo absurdo.

En conclusión, Rana Naidu es una serie que lucha por definir su identidad. Tiene elementos fascinantes —la actuación de Venkatesh, la dirección visual— pero se ahoga en su propio exceso. Es como si los creadores hubieran decidido que la provocación era más importante que la narrativa coherente.

MCM Score: 6.3/10 — craft 2 / story 1 / performances 2 / originality 1 / genre_fit 1.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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