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El polígamo, en Netflix: las cuatro mujeres sostienen el imperio que el magnate cree suyo

Veronica Loop

Joyce Gomora ha construido una vida pública a base de parecer la elegida. Como primera esposa de un magnate de la banca hecho a sí mismo, exhibe una perfección conyugal ante un público que nunca ve la contabilidad que hay debajo: las otras mujeres, las lealtades prestadas, el precio de quedarse. El polígamo gasta su energía en esa contabilidad, y en quienes la sostienen, mucho más que en el hombre cuyo nombre encabeza todo.

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La serie adapta la novela debut de Sue Nyathi, un libro que contaba su historia de isithembu —la poligamia— cediendo la narración a las mujeres por turnos, y no al marido que las acumula. Esa decisión sobrevive al salto a la pantalla. Jonasi Gomora es el centro de gravedad, un hombre que arma una familia con el mismo instinto con que armó su fortuna, pero la serie está diseñada para observarlo desde fuera, a través de Joyce y de las mujeres cuyos pactos privados con él sostienen toda la estructura.

Esa elección estructural es lo más importante de la propuesta. Al repartir su atención entre las mujeres en lugar de fijarse en el patriarca, la serie redefine en silencio quién es el protagonista. Jonasi pasa a ser la figura que ellas estudian, gestionan y narran, no el sujeto cuyos deseos mueven la trama. Lo que de verdad interesa es la aritmética que cada una hace cada mañana: lo que se le debe, lo que puede perder, lo que compra quedarse y lo que costaría irse.

La televisión sudafricana sabe hacer que esto luzca caro, y la producción se apoya en ello. Stained Glass Productions, el estudio detrás de The Wife y Uzalo, dirige el proyecto en un registro que Netflix llama supernovela: más largo, más pulido y más pausado que el culebrón de cada noche. Tres directores —Akin Omotoso, Rolie Nikiwe y Nthabi Tau— se reparten un arco de 22 episodios, y la duración es el punto: hay espacio para que el cálculo de cada mujer avance a su ritmo en lugar de correr hacia el escándalo.

El reparto funciona como una declaración de intenciones. S’dumo Mtshali interpreta a Jonasi como un hombre cuyo encanto es un activo de negocio, y Gugu Gumede le da a Joyce el aplomo de quien administra una marca que no se puede permitir devaluar. Alrededor de ellos, Celeste Ntuli y Kenneth Nkosi sostienen un reparto coral que se comporta menos como una familia que como un holding, con sucesiones, apalancamientos y alguna que otra toma de control silenciosa.

El tema llega a un país que ya discute el isithembu en voz alta, y la telerrealidad convirtió el hogar polígamo en un espectáculo semanal. El polígamo responde a esa conversación desde dentro de los matrimonios y no desde fuera de un formato. Nyathi, nacida en Zimbabue, escribió el libro como una anatomía de la dependencia económica de las mujeres respecto de un solo hombre rico, y la adaptación hereda ese argumento intacto.

Lo que la serie plantea, y se niega a resolver con limpieza, es si las mujeres que orbitan a Jonasi son rivales o las únicas que de verdad se entienden entre sí. El ajuste de cuentas hacia el que avanza la historia no puede responder si un sistema que premia a un hombre como él puede ser desmontado por las mujeres de las que depende, o solo heredado por el siguiente.

El polígamo se estrena en Netflix el 12 de junio de 2026, con 22 episodios. La producen Gugu Zuma-Ncube y Pepsi Pokane para Stained Glass Productions, a partir de la novela de Sue Nyathi de 2012, con Busisiwe Zwane al frente del guion. Para Netflix, una supernovela de 22 episodios es una apuesta estructural, no un estreno de fin de semana, y la juega sobre Sudáfrica.

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