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Tore: clichés ahogan su intento de autenticidad

Veronica Loop
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La secuencia inicial de Tore (2023), donde el protagonista, un 27 años inmaduro y perdido, se adentra en la Patricia nightclub de Estocolmo, es un torpe pero sincero intento de capturar la confusión de la juventud adulta. La serie, creada por William Spetz, no se anduvo con rodeos: Tore evita el duelo por la muerte de su padre lanzándose a un mundo de sexo, drogas y alcohol, un arco narrativo que podría ser interesante si no fuera por los clichés que lo acompañan.

Spetz, quien también protagoniza la serie, logra transmitir cierta vulnerabilidad en su interpretación. Sin embargo, el resto del reparto no alcanza ese nivel de autenticidad. Peter Haber como Bosse, el padre fallecido, y Sanna Sundqvist como Linn, tienen momentos de solidez, pero sus personajes quedan atrapados en arquetipos predecibles: el padre ausente reconvertido en fantasma emocional, la amiga preocupada que siempre llega tarde.

La producción, ambientada y filmada en Estocolmo, aprovecha los escenarios urbanos para crear un tono crudo y realista. La Patricia nightclub, donde Tore experimenta por primera vez con el mundo LGBTQ+, es un escenario prometedor, pero la serie nunca profundiza lo suficiente en estas exploraciones identitarias. Los episodios caen en una rutina predecible: Tore comete un error, su familia se preocupa, él evade responsabilidades. Incluso la combinación de humor negro y sorpresas del primer episodio pierde fuerza a medida que avanza la temporada.

El mayor problema de Tore es su falta de originalidad. La serie podría haber sido un retrato fresco y despiadado del duelo en la adultez temprana, pero se conforma con tópicos sobre la autodestrucción y el crecimiento personal. La estructura episódica no ayuda; los arcos narrativos son predecibles y las decisiones de Tore, aunque a veces conmovedoras, carecen de consecuencias reales.

En cuanto al género, Tore intenta ser una tragicomedia, pero oscila demasiado entre lo cómico y lo dramático sin encontrar un equilibrio convincente. Las escenas más humorísticas caen en la farsa, mientras que los momentos de mayor profundidad emocional quedan ahogados por el ritmo acelerado. La serie podría haber beneficiado de un enfoque más pausado, permitiendo que los personajes respiraran y las emociones se desarrollaran con más matices.

La dirección de Spetz es otro punto débil. Aunque la serie tiene algunos planos interesantes en la Patricia nightclub—como cuando Tore mira alrededor, abrumado por el ambiente—, la mayoría de las tomas son funcionales sin ser memorables. La fotografía, aunque adecuada para el tono crudo de la serie, no añade nada significativo a la narrativa. Los diálogos, aunque a veces ingeniosos, suelen caer en lo predecible, y la música, aunque adecuada, no eleva la experiencia emocional.

El público objetivo de Tore parece ser jóvenes adultos que se identifican con la crisis existencial del protagonista. Sin embargo, incluso para este grupo, la serie puede resultar demasiado familiar. La exploración del duelo y la autodestrucción ha sido tratada con más profundidad en otras producciones, como Euphoria o BoJack Horseman, que logran equilibrar el humor y la tragedia de manera más efectiva.

Comparada con otras series similares, Tore palidece. Series como Normal People o Fleabag logran una profundidad emocional y una autenticidad en sus personajes que Tore no alcanza. La serie podría haber aprendido de estas producciones, especialmente en la construcción de relaciones complejas y realistas.

El tema central de la serie—el duelo y la búsqueda de identidad—es relevante y oportuno. Sin embargo, Tore no logra explotar este potencial. La serie podría haber explorado con más profundidad las dinámicas familiares, las relaciones amistosas y las experiencias LGBTQ+ para ofrecer una narrativa más rica y matizada.

La representación del mundo LGBTQ+ en Tore es otro aspecto problemático. Aunque la Patricia nightclub es un escenario interesante, la serie no profundiza lo suficiente en las experiencias de los personajes LGBTQ+, que tienen potencial para ofrecer momentos memorables pero quedan reducidos a estereotipos.

La serie también falla en la construcción de su villano. El conflicto principal de Tore no es con una persona o fuerza externa, sino consigo mismo. Sin embargo, la serie no logra transmitir este conflicto interno de manera efectiva. Los antagonistas ocasionales, como los traficantes de drogas o los novios celosos, carecen de profundidad y se sienten más como obstáculos que como personajes reales.

El final de la temporada es otro punto débil. Aunque hay un intento de resolución emocional, el clímax se siente precipitado y poco satisfactorio.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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