Televisión

Into the Night: reinvención claustrofóbica del apocalipsis

Veronica Loop

La escena inicial de Into the Night es impactante: un avión despegando en la oscuridad, con los pasajeros ignorando que el sol acaba de convertirse en su enemigo mortal. Esta premisa audaz—un thriller apocalíptico ambientado casi por completo en un aeroplano—es donde la serie encuentra su mayor fuerza. Creada por Jason George y basada en la novela polaca The Old Axolotl, la producción belga para Netflix (2020) toma el género de supervivencia y lo reinventa con una tensión constante, lograda gracias a decisiones concretas como el uso de planos claustrofóbicos dentro del avión o la banda sonora que mantiene un pulso acelerado incluso en los momentos más quietos.

El elenco internacional, liderado por Pauline Étienne (Sylvie) y Laurent Capelluto (Mathieu), cumple con solidez. Étienne brilla especialmente en los momentos donde su personaje, una piloto militar retraída, debe liderar bajo presión. Capelluto, como el copiloto Mathieu, ofrece un contrapunto humano que equilibra la frialdad táctica de Sylvie. Sin embargo, algunos arcos—como el de Alba Gaïa Bellugi (Ines, la influencer)—sufren por una escritura irregular: su evolución de egocéntrica a heroína es forzada y carece del desarrollo orgánico que sí logra, por ejemplo, Babetida Sadjo como Laura, cuya humanidad se construye en pequeños gestos, como cuidar a un paciente con demencia.

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La primera temporada destaca por su estructura narrativa ágil: cada episodio representa una noche de viaje, y la serie aprovecha esto para introducir nuevos personajes y dilemas morales. La escena del aterrizaje improvisado en un club nocturno (con Mehmet Kurtuluş como Ayaz) es un ejemplo perfecto de cómo el equipo creativo usa la ubicación para explorar temas más profundos: la vida nocturna como metáfora de resistencia, la música como refugio. Pero donde la serie tropieza es en su segunda temporada. Al trasladarse a un bunker militar, pierde la claustrofobia que la hacía única. Los conflictos internos entre los supervivientes se vuelven predecibles (el clásico «quién controla los recursos»), y personajes secundarios como Dominik (Nicolas Alechine) pasan de ser emotivos a meros dispositivos narrativos.

El mayor problema de Into the Night es su falta de ambición temática. Mientras series similares (The Last of Us, por ejemplo) profundizan en la condición humana bajo presión, esta se queda en la superficie: el apocalipsis como excusa para perseguir un macro-golpe de efecto. La banda sonora, sin embargo, es impecable—el tema principal, con su ritmo hipnótico, eleva incluso las escenas más convencionales.

En resumen, Into the Night es una experiencia entretenida pero desigual. Sus momentos más fuertes (la primera temporada) compensan sus debilidades (los giros forzados del final), aunque nunca alcanza la grandeza que promete.

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