Análisis

La BBC desmiente el rumor sobre el cómico James Acaster que Celebrity Traitors hizo creíble

La BBC calificó de «categóricamente falsa» una información del Mail on Sunday sobre James Acaster y unas «bromas de machotes». El rumor corrió igualmente, porque The Celebrity Traitors ya le había dado el papel del tierno.
Molly Se-kyung
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La BBC no suele contestar a un tabloide en términos absolutos. Con James Acaster y The Celebrity Traitors hizo una excepción. Preguntado por una portada del Mail on Sunday según la cual Acaster se habría quejado a los productores del programa de las «bromas de machotes» de sus compañeros cómicos Rob Beckett y Romesh Ranganathan, un portavoz de la BBC calificó esas afirmaciones de «categóricamente falsas», aseguró que «no se produjo ningún incidente de esta naturaleza» y añadió que «no hay ninguna prueba que respalde estas acusaciones».

Con lo que consta oficialmente, la cuestión de los hechos queda zanjada con toda la firmeza con que se zanjan estas historias: en un lado, una voz anónima; en el otro, la cadena y, según una fuente citada por The Hollywood Reporter, los agentes de los tres cómicos. La pregunta interesante es otra: por qué el rumor viajó tan bien antes de que lo tumbaran. Nuestra tesis es que lo construyó el propio programa. A lo largo de esta temporada, The Celebrity Traitors ha convertido a Acaster en una figura definida por la ternura: el hombre que quería ser fiel, que dice que no sabe mentir, que acabó siendo traidor a regañadientes y después el improbable amor platónico de internet. Los fans leyeron esa ternura como un romance. La fuente del Mail la leyó como una herida. Unos y otra trabajan con el mismo guion, y nadie ha visto más que el montaje.

Lo que publicó el Mail on Sunday y lo que respondió la BBC

La información original, firmada por Katie Hind, del Mail on Sunday, según The Hollywood Reporter, se apoyaba en una única fuente sin nombre, a la que Deadline describe como el «chivato» del periódico dentro del programa. Su pasaje clave dice: «Rob y Romesh creían claramente que solo se estaban echando unas risas, pero James empezó a sentir que buena parte de aquello era a su costa, y lejos de las cámaras empezó a molestarse y a disgustarse. Al final habló de ello con el equipo de producción, dijo que no estaba contento y que sentía que lo estaban señalando». El resumen de THR añade la frase que hizo casi todo el trabajo: los comentarios en el plató, según el periódico, sugerían que Acaster «es mucho más sensible que ellos».

La respuesta de la BBC llegó el lunes, con idéntica redacción, a Variety, Deadline y THR. Una fuente añadió que la realidad era «todo lo contrario» y que los agentes de Acaster, Beckett y Ranganathan habían advertido a Katie Hind de que la historia era falsa. Lo que no contiene ninguna de esas informaciones es una sola palabra pública de los tres cómicos.

Conviene comparar esta respuesta con la anterior. Antes de que arrancara la temporada, The Sun informó de que el rodaje se había detenido brevemente después de que Acaster se pusiera «muy angustiado y presa del pánico» durante una escena en el castillo, y citó a una fuente según la cual otros famosos pidieron que se pararan las cámaras. La producción respondió a aquella historia con un comunicado sobre bienestar, no con un desmentido: el juego «puede ser intenso en ocasiones», dijo su portavoz, y «nuestra máxima prioridad es siempre la seguridad y el bienestar de todos los participantes», que cuentan con el apoyo de «un equipo de bienestar específico y experimentado». Un comunicado sobre bienestar deja sitio para un mal día. El de esta semana no deja sitio para nada. Cuando una cadena elige entre esos dos registros, le está diciendo al público con qué clase de historia puede convivir.

Por qué el desmentido de la BBC tenía que ser total

La escala explica una parte. The Celebrity Traitors promedia unos 9,3 millones de espectadores en directo, una cifra que Deadline considera «casi inaudita fuera del deporte y de los grandes acontecimientos nacionales», y THR lo describe como «sin duda el programa del que más se habla en Gran Bretaña en este momento». El primer episodio de esta segunda temporada promedió 8,9 millones, el estreno más visto de cualquier temporada de Traitors en el Reino Unido, según la Press Association. Una historia según la cual los cómicos del programa le amargaron la vida a uno de los suyos perseguiría a esa audiencia hasta cada mesa redonda que queda por emitir.

El resto tiene que ver con lo que vende el programa. The Traitors, un formato que nació en los Países Bajos como De Verraders, es un juego en el que mentir es el oficio. Su edición de famosos añade una capa que la versión con concursantes anónimos no puede ofrecer: el público ya conoce a esta gente y, en algunos casos, la conoce ya como amigos. Beckett y Ranganathan forman un dúo muy popular con su propia serie en Sky, Rob & Romesh Vs, y su amistad formó parte del relato del casting antes de que se emitiera el primer episodio. El placer de ver a gente famosa traicionarse en una mesa redonda depende de creer que, cuando caen las capas, siguen apreciándose. Una historia de acoso va directa contra esa promesa, y por eso la BBC se apresuró a liquidarla en términos absolutos.

El rompecorazones y la víctima salen de la misma lectura

Basta mirar lo que el resto de la prensa británica ha hecho este mes con Acaster. En The Guardian, Polly Hudson lo llama «rompecorazones viral», señala que un vídeo hecho por un fan, en el que aparece con Pony, de Ginuwine, de fondo, supera las 500.000 visualizaciones, y cita a Vogue, que lo coronó como su «nuevo novio de internet». El argumento de Hudson a su favor es el temperamento: «es honesto, no le da miedo mostrarse vulnerable», se conforma con dejar que Maya Jama lleve la voz cantante entre los traidores, es un hombre al que «no intimida en absoluto una mujer poderosa». La columna termina con una frase que resume el ambiente: «Un fiel. Madre mía».

Buena parte del material lo ha puesto el propio Acaster. Antes de la temporada le dijo a la BBC: «No se me da bien mentir y no tengo por costumbre hacerlo». Contó que le hacía ilusión «hacer de pequeño detective, resolver enigmas y buscar pistas». Cuando Jama y Richard E. Grant lo reclutaron en el segundo episodio, la Press Association recogió sus palabras: «No me puedo creer que sea un traidor, me fastidia muchísimo dejar de ser fiel, no me gusta mentir, pero si no me uno, me matan». Jama escribió después que no tenía «ni idea» de que él no quería ese papel cuando aceptó reclutarlo.

Si se coloca la frase del Mail junto a ese material, la coincidencia salta a la vista. «Mucho más sensible que ellos» es la columna del rompecorazones con el signo cambiado. Los fans dicen que su sensibilidad es el atractivo; la fuente anónima dice que es la herida. Las dos versiones parten del mismo supuesto: que unas cuantas horas de televisión montada revelan cómo se siente un hombre cuando se apagan las cámaras. Ese supuesto mueve todo el género, y la edición de famosos lo aplica a personas cuyo personaje público llegó antes que el juego. El espectáculo de stand-up de Acaster de 2019, Cold Lasagne Hate Myself 1999, abordaba abiertamente su salud mental, como recuerda The Guardian. Estaba condenado a que lo leyeran como el frágil.

El mejor argumento para tomarse en serio el rumor

El escepticismo tiene una versión seria, y merece ser escuchada. Las cadenas tienen un interés evidente en proteger su mayor éxito, y un comunicado redactado para responder a una portada de fin de semana es también gestión de marca. Los concursantes están en una posición débil para contradecir a un programa mientras sigue en antena y sigue moldeando la imagen que millones de personas tienen de ellos. Las fuentes anónimas son a menudo la única vía por la que salen a la luz las historias sobre lo que ocurre detrás de una producción. Y la propia respuesta anterior de la producción confirma que el castillo pudo ser duro para Acaster: cuando The Sun informó de la pausa en el rodaje, la contestación habló de bienestar, no de si aquello ocurrió. Quien piensa que las instituciones primero niegan y luego explican no está siendo paranoico. Desde esa óptica, «categóricamente falsas» es lo que diría una cadena en cualquier caso.

Ese argumento pesaría más si el desmentido fuera más vago. Las declaraciones llenas de matices salen baratas, y esta no tiene ninguno. «Ningún incidente de esta naturaleza» y «ninguna prueba» son afirmaciones de hecho que podrían contradecirse más adelante, cuando termine la temporada y los concursantes puedan hablar libremente, y aun así la BBC estampó en ellas su nombre. Tampoco estaba sola: según la fuente de THR, los agentes de los tres cómicos habían advertido a Katie Hind de que la historia era falsa. El propio expediente de los tabloides se contradice. La fuente de The Sun, al describir el bache anterior, aseguró que «todos se cuidan entre sí y hay un auténtico sentimiento de camaradería». La fuente del Mail describe a un hombre señalado. Ambas no pueden ser el retrato completo, y solo una de ellas ha sido desmentida de forma rotunda y oficial.

El propio Acaster ha demostrado que corrige al programa en público cuando cree que algo se ha contado mal. Contó a The Times que la emisión cortó el intercambio que, según su versión, explicaba por qué Julie Hesmondhalgh fue expulsada. Hablando del cantante James Blunt, dijo: «Lo que pasó en realidad es que, cuando hicieron el toque en el hombro para la elección de los traidores al principio, James le dijo a Julie quién creía que se estaba comportando de forma sospechosa en la mesa». Eso no demuestra nada sobre las bromas. Sí retrata a un concursante con altavoz propio, y con la costumbre de usarlo, cuando cree que la versión pública de los hechos es errónea.

Todos narran desde el montaje

Jama lo resumió del modo más sencillo después de que se pusieran en duda sus propias decisiones: «Recordad que en la tele veis más de lo que vi yo en el castillo». Lo contrario también es cierto. Los espectadores ven menos de lo que vivió el castillo, y lo que ven está montado para un juego cuya gramática entera es la sospecha. Un formato que enseña a más de nueve millones de personas a dar por hecho que la cara amable del desayuno esconde algo no va a desactivar ese hábito cuando acaba el episodio. El público lo aplica a la vida del reparto, y los tabloides venden a ese hábito, algo que THR nombra sin rodeos: «los chismes sobre dramas en el rodaje atraen miradas de forma infalible».

Para el lector, la lección práctica es la misma que el programa enseña dentro del castillo. Cuando una fuente sin nombre aparece a mitad de temporada con una historia que encaja con lo que ya piensas de un concursante, pregúntate quién gana si te la crees. El enamoramiento y el rumor halagan por igual la lectura que el público hace de Acaster. Solo uno de los dos afirma un hecho, y esa afirmación ha sido desmentida oficialmente.

Lo que consta y lo que es nuestra interpretación

Lo que consta: el Mail on Sunday publicó en portada una afirmación anónima según la cual Acaster se quejó a los productores de las burlas de Beckett y Ranganathan. La BBC calificó esa afirmación de «categóricamente falsa» y dijo que no había «ninguna prueba» que la sostuviera. Una fuente citada por THR afirmó que los agentes de los tres cómicos habían comunicado al periódico que la historia era falsa. Por otro lado, The Sun informó de una pausa en el rodaje por Acaster antes de que se emitiera la temporada, y la producción respondió con un comunicado sobre bienestar. La temporada promedia unos 9,3 millones de espectadores en directo.

Lo que no está acreditado: si llegó a producirse alguna conversación como la descrita. La BBC dice que no, y ninguno de los tres cómicos aparece citado al respecto en la cobertura que hemos revisado. Nuestra interpretación, y es solo eso, una interpretación, es que la historia corrió porque el programa y su público ya habían asignado a Acaster el papel del tierno, y un juego sobre la traición convierte la traición en la trama más verosímil.

The Celebrity Traitors pide cada semana a sus espectadores que encuentren al mentiroso de la mesa. Esta semana, la BBC les pidió que aceptaran algo para lo que el formato nunca los ha entrenado: a veces los amigos son solo amigos.

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