Análisis

Love Island USA expulsa por racismo — cuatro veces en dos temporadas

Molly Se-kyung

El vídeo no procedía de un periodista de investigación ni de una cadena rival. Un clip empezó a circular en redes —compartido por personas que habían reconocido a Alannah Keyser tras su aparición como bomba de Casa Amor— en el que la estudiante de cine de 21 años cantaba una canción de Roddy Ricch sin omitir la palabra. Luego llegaron el comentario de Instagram y el mensaje de Snap, ambos con el mismo insulto usado sin el contexto de ninguna canción. Peacock confirmó su expulsión días después de que llegara al programa. El narrador Iain Stirling lo anunció como si fuera una eliminación ordinaria de la villa.

No lo era. Y sí lo era, en el sentido concreto en que Love Island USA ha repetido esta secuencia cuatro veces en doce meses: un acontecimiento que la productora se ha negado a tratar como otra cosa que no sea una gestión de emergencia, cuando en realidad es un patrón que exige una explicación estructural.

El patrón no revela un fallo de selección. Revela un problema estructural con lo que el formato da por sentado sobre quiénes son sus concursantes, quiénes son sus participantes negros y qué significa la responsabilidad cuando ambos comparten el mismo espacio.

La serie ha expulsado a cuatro concursantes por contenido racista desde su temporada 2025. En la 7, Yulissa Escobar abandonó tras circular un vídeo en que usaba la n-word en un pódcast; Cierra Ortega siguió después de que aparecieran publicaciones con un insulto antiasiático. Antes incluso de que se estrenara la 8, Vasana Montgomery fue apartada del elenco días antes del debut: dos vídeos la mostraban aparentemente usando la n-word —una vez cantando, otra en un videojuego recreativo. Variety informó de la salida de Montgomery antes de que comenzara la temporada; NBC News confirmó la marcha tras hacerse públicos los vídeos, citando la declaración de Peacock de que el material no era accesible durante el proceso de selección porque las cuentas eran privadas. Montgomery publicó una disculpa en Instagram en la que reconoció el daño causado.

Keyser, en cambio, no pareció publicar ninguna declaración. Su padre habló en su nombre en varios medios, describiéndola como una persona «educada y dulce» con un círculo diverso de amigos. The Hollywood Reporter cubrió la expulsión sin que se publicara ninguna respuesta de la propia Keyser. La formulación que ofreció el padre —educada, rodeada de diversidad, por tanto incapaz de racismo— ha sido reciclada en la cultura estadounidense tantas veces que funciona como una defensa que se refuta a sí misma.

La explicación de Peacock —cuentas privadas, inaccesibles durante el vetting— es coherente hasta donde llega. Pero no llega suficientemente lejos en la temporada 8, cuando se ofrece por segunda vez en la misma edición. Tras los dos casos de la temporada 7, Peacock reconoció que se actualiza el formulario de solicitud para pedir a los aspirantes que declaren voluntariamente si algo de su pasado podría generar publicidad negativa. Esa es la actualización completa del protocolo ante cuatro incidentes en dos temporadas: un sistema de honor.

El argumento de quienes defienden el proceso actual

La versión más sólida de la posición de la productora es esta: los archivos de redes sociales no establecen ninguna frontera entre lo privado y lo público en cuanto alguien decide compartirlos, y un formato que exige inscribir a concursantes semanas antes del estreno no puede rastrear el historial digital privado de cada aspirante. Las personas que usan insultos raciales en entornos privados son responsables de sus propias decisiones. La productora solo puede reaccionar a lo que aflora.

Los críticos del escrutinio exhaustivo añaden una preocupación estructural que merece consideración seria: la investigación forense de cuentas privadas —capturas de pantalla, Snaps, mensajes directos archivados— plantea sus propias preguntas sobre privacidad, vigilancia y los límites de lo que estamos dispuestos a aceptar como práctica de contratación en el ámbito del entretenimiento. Si la plataforma debe revisar cada historia privada de Instagram para detectar insultos raciales, ¿qué más está autorizada a escrutar? No es una pregunta retórica.

Por qué el formato sigue siendo el problema

Y sin embargo. Cuatro expulsiones en dos temporadas, cada una siguiendo la secuencia idéntica: concursante llega, vídeo aparece, expulsión confirmada, declaración publicada o no, y la siguiente temporada avanza. La secuencia es tan predecible que ya constituye, a estas alturas, una característica no oficial del formato. Los escándalos racistas de Love Island USA se han vuelto tan estructuralmente inevitables como sus ceremonias de reacoplamiento.

Lo que la serie no parece haber interiorizado es que el patrón no concierne principalmente a los concursantes que sigue eligiendo. Concierne a los que permanecen en la villa cuando llegan los que serán expulsados. La 8ª temporada incluye mujeres negras que entraron a la competición, construyeron vínculos, soportaron las presiones de Casa Amor y en algún momento tuvieron que descubrir —a través de las mismas redes que destaparon los historiales de todos— que la persona enviada a poner a prueba esas relaciones había usado, en momentos privados, la palabra que las designa como algo inferior. Esa información llega como ruido de fondo mientras están encerradas en un entorno televisivo controlado, sin posibilidad de gestionarla públicamente.

El programa no se ha pronunciado, en ninguna comunicación pública, sobre lo que viven sus concursantes negras durante estos episodios. No hay declaración sobre cómo se las apoya, cómo se las informa ni si se les ofrece alguna posibilidad de procesar la noticia antes de que llegue a internet. El anuncio de la expulsión siempre gira en torno a quien sale. Quienes se quedan no son mencionados.

Lo que el programa pide a su audiencia

Hay un tercer elemento de este debate que rara vez recibe tratamiento explícito. La audiencia de Love Island USA —y en particular los espectadores negros y los usuarios negros de redes sociales que, en cada uno de los cuatro casos, fueron quienes sacaron el material a la luz, identificaron los clips y los difundieron hasta que la presión fue suficiente para una decisión de expulsión— está realizando el trabajo que el aparato de producción del programa ha declinado realizar. Cada expulsión ocurrió porque alguien ajeno a la producción hizo lo que el proceso de selección no había hecho. El programa anuncia entonces la expulsión como si fuera el resultado natural de su política de tolerancia cero, en lugar del resultado de una responsabilidad externalizada.

Deadline cubrió la salida de Montgomery como parte de un patrón de presión en redes que produce respuestas formales; The Daily Beast informó de la salida de Keyser siguiendo la misma dinámica. La coherencia del proceso es la noticia: no es Peacock quien encuentra este material. Es la audiencia. La plataforma emite el comunicado.

Lo que se sabe / Lo que está en disputa

Lo verificado: Cuatro concursantes expulsadas de Love Island USA en las temporadas 7 y 8 por contenido racista —tres por usar la n-word, una por un insulto antiasiático. En cada caso, el contenido procedía de cuentas privadas o no indexadas públicamente en el momento de la selección. Peacock ha confirmado las cuatro expulsiones y declarado que el material no estaba disponible durante el vetting. Tras la temporada 7, el formulario de solicitud se actualizó para pedir autodivulgación.

Lo que está en disputa: Si la investigación forense profunda en redes sociales es técnicamente viable, legalmente defendible y aplicada de forma consistente, o si introduce infraestructura de vigilancia con daños más amplios. Si el contexto de «cantar siguiendo la letra» distingue significativamente el uso de Keyser del de quien usa el insulto de forma deliberada. Si la tolerancia cero tal como se practica constituye responsabilidad genuina o protección de marca disfrazada de responsabilidad. Y si un programa que ha repetido esta secuencia cuatro veces tiene un problema de selección o un problema de incentivos estructurales: el drama de la expulsión, y la atención que genera, no carece de valor para la plataforma.

Love Island USA rodará su temporada 9. El sistema actual seguirá en pie cuando lo haga.

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