Ciencia

El océano Ártico cruzó un punto de no retorno de nutrientes y quizá no vuelva atrás

Peter Finch

El océano Ártico se está quedando sin el nutriente del que depende todo lo demás. El nitrato, el fertilizante que permite florecer al plancton microscópico y alimenta a los peces, aves marinas y ballenas que están por encima, lleva años disminuyendo de forma constante en las aguas árticas, y un largo registro de muestreos vincula ahora esa caída con la pérdida de hielo marino. Los investigadores describen un sistema que ha pasado de un estado a otro y que difícilmente volverá atrás.

El cambio no es un lento apagarse de un océano conocido. Es un cambio en lo que limita la vida allí. Al Ártico solía frenarlo sobre todo la luz: la larga oscuridad polar ponía un techo a cuánto podía crecer el plancton. Cerca del punto en que la pérdida de hielo se aceleró bruscamente, el freno cambió: ahora es el nitrato lo que primero se agota. Un océano limitado por la luz puede recuperarse cuando vuelve el sol. Un océano limitado por un nutriente que desaparece, no.

El mecanismo pone del revés la historia climática habitual, porque aquí el hielo que se derrite mata de hambre al sistema. A medida que el hielo marino retrocede, la luz del sol llega a las aguas poco profundas sobre las plataformas continentales que rodean el Ártico y cubren casi la mitad de su superficie. Esa luz alimenta una actividad en el fondo marino que convierte el nitrato en nitrógeno gaseoso, que escapa por completo del agua. El nutriente no solo se diluye o se desplaza. Se elimina.

La evidencia procede de más de veinte años de muestreos de agua marina en el estrecho de Fram, la profunda puerta entre Groenlandia y Svalbard por la que drena buena parte del océano Ártico. En el agua que sale, las concentraciones de nitrato han caído año tras año desde finales de la década de 2000, y el momento de esa caída sigue de cerca la aceleración de la pérdida de hielo. Un solo año podría ser ruido; dos décadas en la misma dirección son una tendencia.

Si la base de la red trófica se adelgaza, el efecto sube. Menos nitrato significa menos plancton, y menos plancton significa menos alimento para el krill, los peces, las aves marinas y los mamíferos marinos de los que dependen el Ártico y las pesquerías más allá. Ese mismo plancton también extrae carbono del océano superficial, así que una floración más débil significa que el Ártico absorbe menos del dióxido de carbono que impulsa el calentamiento en primer lugar.

La lectura se apoya en que el caudal de salida de un solo estrecho hace de sustituto de un océano entero, y en una correlación entre la caída del nitrato y la reducción del hielo, no en un experimento controlado, que nadie puede hacer sobre un mar completo. El proceso del fondo marino se infiere de la química, no se observa directamente en todas las plataformas. El patrón es coherente y largo, pero el recuento completo de adónde va cada molécula de nitrógeno aún no está cerrado.

El trabajo lo llevaron a cabo investigadores de la Universidad de Edimburgo y se publicó en la revista Communications Earth and Environment. Ahora planean extender las mediciones de nutrientes a más mares de plataforma del Ártico, para cartografiar hasta dónde se ha extendido ya el agotamiento y a qué velocidad sigue avanzando.

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