Ciencia

El músculo cardíaco se regenera tras un infarto — confirmado en humanos por primera vez

Nadia Okonkwo

Un infarto destruye, de media, aproximadamente un tercio de las células musculares de las cavidades afectadas. Esa pérdida siempre se ha considerado permanente. El músculo cardíaco, a diferencia del hígado o la piel, se creía prácticamente incapaz de reemplazar lo que una lesión grave se lleva. La cicatrización que se forma sobre el tejido dañado del corazón era el capítulo final de la historia.

Resulta que hay otro capítulo. Investigadores de la Universidad de Sídney, trabajando con tejido cardíaco vivo extraído de pacientes durante una cirugía de bypass, han confirmado lo que solo se había visto en ratones: tras un infarto, el corazón humano comienza a producir nuevas células musculares.

El hallazgo no significa que el corazón se cure por sí mismo. La respuesta regenerativa es demasiado pequeña para compensar la magnitud del daño. Pero demostrar que existe esa capacidad cambia lo que los investigadores pueden abordar — y abre la posibilidad de que una terapia pueda algún día amplificar lo que el corazón ya intenta hacer.

Cómo lo midieron

La dificultad de estudiar el tejido cardíaco humano siempre ha sido un problema de sincronización. Cuando una muestra post mórtem llega al laboratorio, las señales moleculares de la división celular activa se han disipado en gran medida. El Dr. Robert Hume, primer autor del estudio e investigador del Baird Institute for Applied Heart and Lung Research, ayudó a resolverlo desarrollando un método de muestreo que recoge tejido de pacientes vivos.

Pacientes que dieron su consentimiento y se sometían a una cirugía de bypass en el Royal Prince Alfred Hospital de Sídney aceptaron que se les tomaran pequeñas muestras de tejido de zonas dañadas y no dañadas de sus corazones durante la intervención. Las muestras se preservaron en menos de quince minutos con nitrógeno líquido, lo que fijó la actividad biológica en su lugar. Ese nivel de fidelidad, imposible con material post mórtem, permitió al equipo detectar lo que estudios anteriores habían pasado por alto: un aumento estadísticamente significativo de la mitosis de los cardiomiocitos — el proceso por el cual las células musculares se dividen y reproducen — en los corazones de pacientes que habían sufrido infartos.

«Pudimos demostrar un aumento estadísticamente significativo de la mitosis de cardiomiocitos en corazones humanos infartados», señaló el Dr. Hume. Los científicos ya habían observado el mismo efecto en ratones. Esta es la primera vez que se documenta directamente en tejido humano.

Qué destruyen realmente los infartos

La magnitud del problema explica por qué este hallazgo importa aunque la señal regenerativa sea modesta. Un infarto grave puede eliminar hasta mil millones de cardiomiocitos — células de las que el corazón depende para latir y coordinar el ritmo entre las cavidades. El músculo que sobrevive tiene que compensar, a menudo estirándose. Con los años, esa compensación falla. El corazón se agranda, se debilita y su capacidad de bombear sangre al resto del cuerpo disminuye.

Ese punto final es la insuficiencia cardíaca, y no tiene una solución sencilla. Solo en Australia, aproximadamente 144.000 personas viven con esta enfermedad. El trasplante es actualmente el único tratamiento definitivo, y el país realiza unas 115 intervenciones de este tipo al año. La brecha entre la necesidad y la oferta no puede cerrarse solo con cirugía.

La enfermedad cardiovascular sigue siendo la principal causa de muerte en el mundo. Cualquier terapia que cambie las probabilidades tras un infarto — aunque sea modestamente — llegaría a una población de decenas de millones de personas.

Por qué esto no zanja la cuestión

La respuesta regenerativa natural del corazón, tal como se entiende actualmente, no puede seguir el ritmo de la lesión que la desencadena. La muerte celular provocada por un infarto grave supera con creces el número de nuevos cardiomiocitos que el corazón genera como respuesta. El Dr. Hume lo reconoció directamente: la respuesta regenerativa, aunque real, no es suficiente para evitar que el corazón quede cicatrizado.

También hay una cuestión de mecanismo que el campo no ha resuelto del todo. Investigaciones relacionadas en corazones humanos con insuficiencia han descubierto que muchos de los eventos de replicación del ADN en los cardiomiocitos implican poliploidización — las células acumulan copias extra de su genoma sin dividirse realmente — y multinucleación, en lugar de una división mitótica estándar. Separar la proliferación genuina de estos procesos relacionados pero distintos es parte del desafío técnico que el modelo de tejido vivo del equipo de Sídney está ahora en condiciones de abordar.

La investigación también se basó en una población de pacientes concreta — personas que ya se sometían a una cirugía de bypass — que puede no representar el espectro completo de pacientes con infarto. Se necesitarán estudios más amplios y diversos para entender con qué consistencia aparece esta señal regenerativa y si difiere en pacientes más jóvenes, con distintos tamaños de infarto o tratados de forma temprana frente a tardía.

Lo que sugieren las proteínas para el futuro

El equipo también identificó varias proteínas en el tejido humano que ya se habían relacionado con la regeneración cardíaca en ratones. Esas proteínas ofrecen la pista temprana más concreta para el desarrollo de terapias. Si son los interruptores moleculares que desencadenan la división de los cardiomiocitos en respuesta a una lesión, se convierten en dianas — algo que un fármaco podría activar o amplificar.

El profesor Sean Lal, autor principal del estudio y cardiólogo especialista en insuficiencia cardíaca del Royal Prince Alfred Hospital, describió hacia dónde se dirige el equipo: «En última instancia, el objetivo es utilizar este descubrimiento para generar nuevas células cardíacas que puedan revertir la insuficiencia cardíaca. El uso de modelos de tejido cardíaco humano vivo en nuestro trabajo significa que dispondremos de datos más precisos y fiables para desarrollar nuevas terapias contra las enfermedades del corazón».

El modelo de tejido vivo es en sí mismo una herramienta de investigación independiente de este resultado concreto. Al preservar el estado molecular del corazón en el momento de la cirugía, puede utilizarse para probar compuestos que podrían potenciar la división celular — sin necesidad de que otra persona sufra un infarto primero.

Preguntas frecuentes sobre la regeneración cardíaca

¿Puede el corazón humano repararse por sí mismo tras un infarto?

El corazón tiene una capacidad limitada y natural de generar nuevas células musculares tras un infarto, como confirma este estudio por primera vez en tejido humano. La regeneración se produce mediante mitosis de cardiomiocitos — división celular. El número de células nuevas producidas es demasiado pequeño para reemplazar el músculo perdido durante un infarto grave, por lo que la respuesta reparadora del corazón existe pero es funcionalmente insuficiente por sí sola.

¿Por qué los médicos no pueden curar ya la insuficiencia cardíaca?

La insuficiencia cardíaca es consecuencia de una pérdida muscular irreversible: el corazón compensa las zonas debilitadas trabajando más, lo que acaba fallando. El único tratamiento curativo es el trasplante de corazón, y la oferta de órganos de donante es muy limitada. Aproximadamente 144.000 australianos viven con insuficiencia cardíaca frente a unos 115 trasplantes que se realizan al año. La diferencia entre pacientes y órganos disponibles impulsa la búsqueda de terapias que puedan regenerar el músculo dañado.

¿Qué hizo este estudio de forma diferente a investigaciones anteriores?

Estudios previos sobre regeneración cardíaca utilizaban tejido post mórtem. Cuando esas muestras llegan al laboratorio, las señales moleculares de la división celular se han desvanecido. El equipo de Sídney recogió tejido de pacientes vivos durante una cirugía de bypass y lo preservó en menos de quince minutos con nitrógeno líquido. Ese método capturó procesos biológicos activos que el muestreo post mórtem pasa por alto — incluida la señal de división celular que constituye el hallazgo central del estudio.

¿Cuánto tiempo falta para que haya un tratamiento disponible?

Todavía no existe ningún tratamiento clínico basado en este hallazgo. El equipo ha identificado proteínas que podrían regular la división de los cardiomiocitos, y estas son ahora dianas para el desarrollo de fármacos. La importancia de este trabajo es que abre una dirección terapéutica que antes se consideraba cerrada: el corazón humano adulto puede generar nuevo músculo, y los investigadores disponen ahora de una herramienta para estudiar cómo conseguir que lo haga a una escala útil.

La siguiente fase de la investigación tratará de identificar qué proteínas pueden amplificarse en el modelo de tejido vivo, y si hacerlo aumenta la tasa de división celular hasta niveles que puedan compensar de forma realista el daño del infarto.

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