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13: The Musical: canciones brillantes, trama olvidable

Veronica Loop
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El plano inicial de 13: The Musical es un close-up de Evan Goldman (Eli Golden) mirando fijamente al espejo, con los ojos llenos de determinación mientras canta «All Hail the Brain». La cámara se aleja para revelar su habitación en Indiana, un espacio que contrasta brutalmente con la sofisticación neoyorquina que acaba de dejar atrás. Este momento encapsula el núcleo del filme: un niño atrapado entre dos mundos, usando la manipulación social como armadura. Pero lo que comienza como una promesa de profundidad psicológica se diluye rápidamente en un torbellino de números musicales y diálogos adolescentes.

Dirigida por Tamra Davis y adaptada de la obra teatral de 2007, esta producción de Netflix sigue a Evan, un niño de 12 años cuyo divorcio lo obliga a mudarse de Nueva York a una pequeña ciudad de Indiana. La película se enfoca en su lucha por encajar antes de su bar mitzvah, usando el típico arco del forastero que intenta infiltrarse en los círculos populares. El problema es que, aunque la premisa es clásica, la ejecución adolece de una identidad visual y narrativa clara.

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El mayor acierto de 13: The Musical son sus canciones, escritas por Jason Robert Brown. Composiciones como «All Hail the Brain» y «A Little More Homework» demuestran una habilidad lírica que supera a muchos musicales juveniles recientes. Las letras son inteligentes, con rimas ingeniosas («I’m not just a brain in a jar / I’ve got brains and a heart that’s afar»), y las melodías son pegadizas sin caer en lo simplista. Sin embargo, la dirección de Davis no logra aprovechar al máximo estos elementos: los números musicales, aunque bien coreografiados, se sienten atrapados en un formato televisivo más que cinematográfico.

La estructura narrativa del filme es otro punto débil. La película está tan saturada de canciones que apenas deja espacio para el desarrollo de personajes o relaciones significativas. Evan manipula a sus nuevos amigos Patrice (Gabriella Uhl) y Archie (Jonathan Lengel) para ganar popularidad, pero estas interacciones nunca alcanzan la profundidad emocional necesaria. Las decisiones de Davis de priorizar los números musicales sobre los momentos dramáticos resultan en una trama que se siente superficial. Por ejemplo, el conflicto central —la rivalidad entre Kendra (Lindsey Blackwell), Lucy (Frankie McNellis) y Brett (JD McCrary)— se resuelve con una rapidez inverosímil, sin explorar las consecuencias emocionales de sus acciones.

El reparto juvenil cumple con lo esperado, aunque Golden a veces fuerza demasiado sus notas altas, distrayendo del personaje. Uhl destaca como Patrice, aportando calidez y autenticidad a un rol que podría haber sido estereotípico. McCrary equilibra perfectamente la arrogancia y vulnerabilidad de Brett, mientras que Blackwell y McNellis ofrecen interpretaciones sólidas en sus papeles secundarios. Entre los adultos, Debra Messing como la madre de Evan y Rhea Perlman como su abuela aportan momentos de ternura, aunque sus roles son demasiado breves para dejar una huella duradera.

La dirección de Davis es funcional pero carece de un estilo distintivo. Los planos son estáticos y convencionales, sin riesgos visuales que eleven el material. La coreografía, si bien efectiva, no innova ni aporta nada nuevo al género. En comparación con otros musicales recientes, 13: The Musical se queda atrás en términos de originalidad y profundidad emocional.

El filme también adolece de una identidad clara en cuanto a su público objetivo. Aunque está dirigido a adolescentes, la complejidad de sus temas —como el divorcio, la amistad y la autenticidad— podría haber resonado con audiencias más maduras si se hubiera explorado con mayor profundidad. En cambio, la película se queda en la superficie, ofreciendo un mensaje final sobre el perdón y la aceptación que llega sin el peso emocional necesario.

En última instancia, 13: The Musical es un divertimento inofensivo pero olvidable. Sus números musicales brillan, pero la narrativa se queda en la superficie, y las decisiones estructurales —como priorizar la música sobre el drama— dejan una sensación de oportunidad perdida.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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