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The Prom: un musical desigual que no resuelve sus contradicciones tonales

Meryl Streep protagoniza The Prom, una comedia musical de Netflix en la que además podremos ver a James Corden. Dirigida por Ryan Murphy
Molly Se-kyung
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Imagina un gimnasio escolar convertido en escenario, con Meryl Streep y James Corden liderando una procesión de trajes brillantes que podrían haber escapado de un musical de los 80. The Prom (2020), dirigida por Ryan Murphy, es un intento ambicioso de llevar a la pantalla el éxito de Broadway del mismo nombre, mezclando comedia y drama con un mensaje de inclusión LGBTQ+. Pero bajo su brillante superficie, la película tropieza con los mismos obstáculos que promete evitar.

La premisa central —un grupo de actores de Broadway en decadencia viaja a Indiana para «salvar» el baile de graduación de dos adolescentes lesbianas— ya anuncia sus problemas. La película quiere ser una sátira sobre el activismo performativo, pero también un himno de aceptación, y ese doble propósito la deja atrapada en un limbo tonal. Streep y Corden, como Dee Dee Allen y Barry Glickman, son el corazón del filme. Su química es palpable, especialmente en escenas como la del café donde improvisan un número musical sobre su propia irrelevancia mediática, cantando «It’s Not About Me» con una mezcla de autodesprecio y desesperación que roza lo hilarante. Streep, en particular, roba cada escena con su habilidad para equilibrar el exceso y la vulnerabilidad.

Sin embargo, The Prom no se limita a ser una comedia satírica. Quiere ser también un drama sobre la identidad juvenil, y aquí es donde tropieza. La relación entre Emma Nolan (Jo Ellen Pellman) y Alyssa Greene (Ariana DeBose) es el motor emocional de la trama, pero sus historias individuales quedan subsumidas por las necesidades del guion. Emma, una chica tímida que sueña con ir al baile con su novia, y Alyssa, una adolescente segura de sí misma, deberían ser los personajes centrales, pero terminan siendo meros vehículos para el mensaje de inclusión. Sus conflictos se resuelven a través de números musicales grandilocuentes en lugar de momentos íntimos y auténticos.

La dirección de Ryan Murphy es un punto fuerte cuando se trata de secuencias musicales. El número «Zazz», por ejemplo, es un caos visual divertido que aprovecha al máximo el talento de Nicole Kidman como Angie Dickinson, una actriz secundaria que roba cada escena con su energía excéntrica. Pero Murphy no logra mantener ese mismo nivel en las escenas dramáticas. La película oscila entre la sátira y el drama sentimental sin encontrar un ritmo coherente. Las transiciones son bruscas, y los cambios de tono —de lo absurdo a lo conmovedor— a menudo resultan forzados.

El guion, adaptado por Murphy del musical original, sufre de una excesiva dependencia de los clichés del género. Las canciones, aunque pegadizas, repiten fórmulas gastadas («We need love!»). Los diálogos son cargantes y predecibles, y las subtramas —como la relación tensa entre Emma y su madre— se sienten innecesarias. La película parece un episodio extendido de Glee, con todos los excesos que eso implica: moralina barata, giros predecibles y personajes unidimensionales.

Uno de los mayores problemas de The Prom es cómo trata a sus personajes jóvenes. Emma y Alyssa son reducidas a símbolos de la lucha LGBTQ+ sin mucho desarrollo emocional. Sus historias de amor y rechazo se resuelven con canciones y discursos en lugar de momentos auténticos. Kerry Washington, como la madre de Alyssa, tiene algunos instantes potentes, pero incluso su arco se siente apresurado. La película parece más interesada en el espectáculo que en la sustancia.

A pesar de sus defectos, The Prom tiene momentos brillantes. Las actuaciones de Streep y Corden son memorables, y las secuencias musicales están bien coreografiadas. La película también aborda temas importantes, como la aceptación y la identidad, aunque lo hace de manera superficial. Es una comedia musical entretenida —los fans del género disfrutarán— pero no deja huella.

The Prom es un intento valiente pero desigual de llevar a la pantalla un mensaje de inclusión. La dirección de Murphy es segura en las secuencias musicales, pero carece de mano firme para equilibrar el tono. Las actuaciones son destacables, especialmente las de Streep y Corden, pero el guion sufre de una excesiva dependencia de los clichés. La película quiere ser muchas cosas a la vez —una sátira, un drama, un himno de aceptación— y no consigue ser ninguna con profundidad.

MCM Score: 6.1/10 — craft 2 / story 1 / performances 2 / originality 1 / genre_fit 2.

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