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Tick, tick…BOOM!: un homenaje sincero pero convencional

Martin Cid
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Imagina a Andrew Garfield sudando bajo las luces de un escenario neoyorquino, su rostro tenso mientras canta sobre el tic-tac implacable del reloj que marca sus sueños. Esta es la imagen central de tick, tick…BOOM!, la ópera prima de Lin-Manuel Miranda como director, basada en el semiautobiográfico musical de Jonathan Larson. La película, estrenada por Netflix en 2021, es un retrato crudo y emotivo de la presión creativa, pero también una celebración del teatro musical que, a veces, se queda corta.

El filme sigue a Jon (Garfield), un compositor teatral en la encrucijada de los 30 años, obsesionado con crear una obra maestra antes de que el tiempo lo consuma. La trama, ambientada en 1990, explora sus relaciones con Susan (Alexandra Shipp), su novia; Michael (Robin de Jesús), un amigo que abandonó la actuación por un trabajo más lucrativo; y Carolyn (Michaela Jaé Rodriguez), su casera y excompañera. El guion de Steven Levenson, también responsable del exitoso Dear Evan Hansen, captura la angustia creativa de Jon con una honestidad desgarradora.

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Miranda, conocido por Hamilton y In the Heights, hace su debut como director con una mano segura pero no revolucionaria. Utiliza planos cerrados y primeros planos para intensificar la claustrofobia emocional de Jon, especialmente en escenas como su confrontación con Michael sobre el éxito y la seguridad económica. La dirección es competente, pero carece del sello distintivo que Miranda ha demostrado en sus obras teatrales.

El mayor acierto de tick, tick…BOOM! es su reparto. Garfield brilla con una actuación visceral, merecedora de su nominación al Oscar. Su interpretación de Jon es cruda y vulnerable, especialmente en números como 30/90, donde expresa su miedo a envejecer sin haber logrado nada significativo. Alexandra Shipp aporta profundidad a Susan, aunque su personaje a veces se reduce a un soporte emocional para Jon. Michaela Jaé Rodriguez destaca como Carolyn, aportando un equilibrio entre dureza y compasión.

Sin embargo, la película no está exenta de defectos. Aunque las canciones son emotivas —Sunday, por ejemplo, es una reflexión cruda sobre el trabajo y los sueños—, algunas secuencias musicales caen en lo convencional, sin aportar nada nuevo al género. Además, el ritmo se resiente en los pasajes más dialogados, donde la narrativa se estira innecesariamente.

La película rinde homenaje al teatro musical con una reverencia que roza lo nostálgico, pero carece de la originalidad necesaria para trascender el género. Es un filme dirigido a aficionados del teatro y los musicales, pero también a aquellos que aprecian las historias sobre la lucha creativa y la presión por el éxito.

En comparación con otras adaptaciones de musicales como La La Land o Les Misérables, tick, tick…BOOM! se queda en un segundo plano. Aunque tiene momentos brillantes, no logra consolidarse como una obra esencial del género. Es una película honesta y emotiva, pero le falta ese algo especial que la eleve por encima de otras producciones similares.

La fotografía de Alice Brooks es otro punto a favor, capturando la esencia neoyorquina con planos urbanos que reflejan la agitación interna de Jon. La banda sonora, aunque no innovadora, complementa bien la narrativa y las actuaciones.

En cuanto a temas, tick, tick…BOOM! explora la autoexigencia, el miedo al fracaso y la presión social por el éxito. Es una película sobre la búsqueda de la identidad y la lucha por encontrar un propósito en un mundo que valora más lo práctico que los sueños. Sin embargo, a veces estos temas se exploran de manera superficial, sin profundizar lo suficiente en las consecuencias emocionales de las decisiones de Jon.

El filme también aborda la amistad y el amor, pero estos elementos a menudo quedan eclipsados por la obsesión de Jon con su carrera. Susan y Michael son personajes interesantes, pero sus arcos narrativos se ven limitados por el enfoque en Jon.

En cuanto al género, tick, tick…BOOM! es un drama musical que no rompe moldes. Aunque tiene momentos emotivos y canciones memorables, no logra diferenciarse lo suficiente de otras producciones similares. Es una película bien hecha, pero le falta ese toque único que la haga inolvidable.

El mayor problema de tick, tick…BOOM! es su estructura. Aunque las canciones son emocionantes y las actuaciones son sólidas, la narrativa a veces se siente desequilibrada. Los pasajes dialogados no siempre fluyen con la misma fluidez que las secuencias musicales, lo que puede resultar en un ritmo irregular.

En resumen, tick, tick…BOOM! es una película honesta y emotiva, pero le falta originalidad y profundidad para convertirse en una obra esencial del género. Es un homenaje al teatro musical y a la lucha creativa, pero no logra elevarse por encima de otras producciones similares.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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