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Bodies Bodies Bodies: Un slasher sin rumbo claro

Veronica Loop

La sangre se desliza entre los azulejos blancos mientras Bee (Maria Bakalova) descubre el cuerpo sin vida de David (Pete Davidson), su cuello abierto como una sonrisa grotesca en medio del lujo decadente de la mansión familiar. Es una imagen que resume Bodies Bodies Bodies (2022): una mezcla visceral de opulencia y violencia, donde Halina Reijn dirige con mano firme pero sin rumbo claro hacia un destino que oscila entre lo satírico y lo trágico.

El filme de Reijn —escrito por Sarah DeLappe a partir de una historia de Kristen Roupenian— se presenta como un slasher generacional, un espejo deformado de los millennials adinerados. La premisa es sencilla pero efectiva: un grupo de amigos ricos se reúne en una mansión durante un huracán para jugar «Bodies Bodies Bodies», un juego de asesinato y fuga que pronto se vuelve real cuando los cadáveres empiezan a acumularse. El reparto, encabezado por Amandla Stenberg como Sophie y Maria Bakalova como Bee, logra capturar la esencia de una juventud privilegiada pero emocionalmente desnutrida.

Un espejo generacional

Bodies Bodies Bodies no es solo un slasher; es un retrato ácido de una generación que ha crecido en la abundancia material pero en la escasez emocional. El guion de DeLappe, basado en la historia de Roupenian, explora las tensiones entre clase social y relaciones tóxicas a través del lente de un juego macabro. Bee, interpretada por Bakalova con una mezcla de inocencia y desespero, es el punto de entrada perfecto para el espectador. Su origen trabajador y su relación con Sophie (Stenberg) —una mujer blanca adinerada en recuperación— sirve como eje central del conflicto.

Las escenas entre Bee y Sophie son algunas de las más potentes del filme. La dinámica entre ambas no solo expone las fracturas de clase, sino también la fragilidad de una relación basada en el privilegio. Cuando Sophie relapsa y ataca verbalmente a Emma (Chase Sui Wonders), la cámara se acerca a Stenberg con un primer plano que capta su vulnerabilidad. Es un momento de actuación brillante, pero también un recordatorio de cómo el guion prioriza el drama interpersonal sobre el suspense.

La dirección de Reijn: eficiente pero convencional

Halina Reijn, conocida por su trabajo en teatro y televisión, demuestra una comprensión clara del género slasher. Su uso de planos cerrados para aumentar la claustrofobia es efectivo, especialmente durante las escenas de tensión. Sin embargo, donde Reijn falla es en mantener un tono consistente. El filme oscila entre lo grotesco —como el asesinato con una kettlebell— y lo melodramático —la confrontación final—, sin lograr fusionar ambos elementos en algo orgánico.

El tercer acto, en particular, sufre por su exceso de diálogo expositivo. Cuando Jordan (Myha’la) revela sus motivos para el asesinato, la película se detiene para explicar cada detalle, rompiendo la tensión acumulada. Es un error de estructura que podría haberse evitado con más confianza en las acciones de los personajes en lugar de en sus palabras.

Un slasher para la era del podcast

A diferencia de otros slashers contemporáneos como Ready or Not (2019), Bodies Bodies Bodies no logra definir un estilo único. Donde aquella película usaba la sátira social para construir un mundo coherente, esta parece contentarse con ser un pastiche de referencias. Sin embargo, donde el filme sí destaca es en su capacidad para satirizar las obsesiones generacionales.

Alice (Rachel Sennott), una podcaster que graba cada interacción como si fuera material para su programa, es un personaje memorable precisamente por lo ridículo de su comportamiento. Su insistencia en documentar todo, incluso cuando sus amigos están siendo asesinados, funciona como una crítica mordaz a la cultura del content y el clickbait. Es uno de los pocos momentos donde el guion logra equilibrar comedia y horror de manera efectiva.

El público objetivo: millennials y Gen Z

Bodies Bodies Bodies está claramente dirigido a un público joven, familiarizado con las dinámicas de los millennials y sus problemas generacionales. A24, conocida por su capacidad de vender películas de culto, ha encontrado en este filme una obra que, aunque no sea revolucionaria, tiene el potencial de convertirse en un referente del género para los más jóvenes.

El humor negro, las referencias a la cultura millennial y la crítica social implícita son elementos que resonarán con este público. Sin embargo, también es una película que podría perderse en su intento por ser demasiado «cool». La inclusión de personajes como Jordan, que se presenta como una mujer negra enigmática pero cuya motivación final resulta forzada, parece más un esfuerzo por diversificar el reparto que una decisión narrativa coherente.

Conclusión: entretenimiento con defectos

A pesar de sus fallos estructurales y su falta de originalidad, Bodies Bodies Bodies ofrece momentos memorables. La escena donde el juego se descontrola, con Davidson gritando en medio de la oscuridad, es un punto álgido: el sonido ambiente y las reacciones en cámara crean una tensión palpable. Además, el guion logra satirizar eficazmente la obsesión generacional por los podcasts (gracias a Alice) y el culto al dinero fácil.

Sin embargo, su ambición de ser un comentario generacional la lleva a sacrificar profundidad. Los personajes, aunque bien interpretados, carecen de desarrollo emocional más allá de sus roles dentro del juego. Reijn demuestra habilidad visual en planos cerrados que aumentan la claustrofobia —como cuando el grupo descubre el primer cuerpo—, pero falla al no definir un tono consistente.

En última instancia, Bodies Bodies Bodies es una película entretenida y bien actuada, pero sus defectos estructurales y su falta de originalidad la convierten en un ejercicio menor dentro del género.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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