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Nightbooks: promete pero no asusta

Martin Cid

La escena inicial de Nightbooks —un niño en un ascensor que se detiene en un piso oscuro donde una puerta abierta muestra una televisión emitiendo su película favorita— es prometedora, pero también engañosa. La premisa del filme, adaptada de la novela juvenil de J.A. White, tiene todos los ingredientes para funcionar: un protagonista inteligente y valiente (Alex, interpretado por Winslow Fegley), un villano carismático (la bruja Natacha, encarnada por Krysten Ritter) y un escenario claustrofóbico que mezcla elementos de fantasía oscura con el terror psicológico. Sin embargo, a medida que avanza la trama, queda claro que Nightbooks no logra capitalizar del todo su potencial.

Dirigida por David Yarovesky, quien previamente trabajó en proyectos como The Hollow Man y Brightburn, la película se beneficia de una dirección visual competente pero poco arriesgada. Los planos del apartamento mágico de Natacha son intrigantes: la escenografía detallada, con sus muebles antiguos y su atmósfera gótica, es un acierto. La iluminación juega hábilmente con las sombras para crear una sensación de peligro constante. Sin embargo, Yarovesky parece reacio a empujar los límites del género. Hay momentos en los que el filme podría haberse sumergido más profundamente en el terror—como cuando Alex y Yasmin (Lidya Jewett) exploran la biblioteca prohibida o cuando descubren las estatuillas de las víctimas anteriores de Natacha—, pero la dirección opta por un enfoque más suave, casi familiar.

El guion, escrito por Mikki Daughtry y Tobias Iaconis, es donde Nightbooks tropieza. La estructura narrativa es su mayor debilidad: el filme intenta equilibrarse entre ser una historia de terror para adultos jóvenes y una aventura fantástica para niños, pero termina cayendo en un limbo genérico. Las subtramas—como la relación entre Alex y Yasmin o los orígenes de Natacha como la «Unicorn Girl»— son interesantes, pero se introducen demasiado tarde y se resuelven con prisa. Por ejemplo, el flashback que revela cómo Natacha se convirtió en bruja es un momento clave, pero llega en el tercer acto, cuando ya no hay tiempo suficiente para desarrollar su impacto emocional.

La actuación de Krysten Ritter como Natacha es, sin duda, el punto más alto del reparto. Ritter, conocida por su papel en Jessica Jones, aporta una mezcla perfecta de encanto y amenaza a su personaje. Su interpretación de Natacha—una bruja que ama las historias de terror tanto como Alex pero que usa ese amor para manipularlo— es memorable. Sin embargo, el resto del reparto no logra alcanzar el mismo nivel. Winslow Fegley hace un trabajo decente como Alex, pero su caracterización adolece de una falta de desarrollo emocional. Lidya Jewett, como Yasmin, tiene algunos momentos destacados, especialmente cuando revela el destino de las anteriores víctimas de Natacha, pero su arco queda incompleto.

Uno de los aspectos más intrigantes de Nightbooks es su exploración de temas como la creatividad y el miedo. La idea de que Alex debe contar historias de terror para sobrevivir es fascinante, ya que refleja cómo el arte puede ser tanto una herramienta de escape como un arma. Sin embargo, este tema no se explora con la profundidad necesaria. Las historias dentro de las historias—que deberían ser el corazón del filme— son interrumpidas abruptamente, casi como si el guion no confiara en su propio material.

Técnicamente, Nightbooks cumple pero no sobresale. La fotografía es competente, y el diseño de producción merece crédito por su creatividad. Sin embargo, la banda sonora podría haber sido más audaz; en momentos clave, un sonido más agresivo habría realzado el suspense. El uso del espacio sonoro—como los susurros en las paredes o el sonido de las estatuillas moviéndose en el armario— es efectivo, pero no suficiente para compensar la falta de tensión narrativa.

El filme también adolece de un problema de público objetivo. Aunque está basado en una novela juvenil, Nightbooks intenta atraer tanto a niños como a adultos, pero termina siendo demasiado oscuro para los primeros y demasiado simple para los segundos. Los niños pueden encontrar las escenas de terror demasiado intensas—como cuando Alex descubre el destino de las anteriores víctimas o cuando la habitación comienza a sacudirse—, mientras que los adultos pueden sentirse frustrados por la falta de desarrollo de los personajes y la trama.

En comparación con otras películas del mismo género, Nightbooks palidece. Películas como Coraline (2009) o The Witches (2020) logran equilibrar el terror y la fantasía de manera más efectiva, ofreciendo tanto entretenimiento para niños como profundidad para adultos. Nightbooks, en cambio, se queda a medio camino, sin lograr satisfacer del todo a ninguno de los dos públicos.

A pesar de sus deficiencias, Nightbooks tiene momentos brillantes. La escena en la que Alex y Yasmin descubren las estatuillas de las víctimas anteriores es particularmente efectiva, gracias a una combinación de dirección visual y actuación. La revelación final—que Natacha era originalmente la «Unicorn Girl»— es interesante, aunque llega demasiado tarde para salvar el filme.

En última instancia, Nightbooks es un filme que podría haber sido mucho más. Tiene los ingredientes necesarios para ser una película memorable, pero la dirección y el guion no logran capitalizar del todo su potencial. Es una lástima, porque con unas pocas decisiones diferentes—como desarrollar mejor los personajes o explorar más a fondo los temas de creatividad y miedo—, Nightbooks podría haber sido una experiencia mucho más satisfactoria.

MCM Score: 5.8/10 — craft 2 / story 1 / performances 2 / originality 1.8 / genre_fit 1.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

  • Winslow Fegley — Alex
  • Neil Emmanuel Lu — Joshua
  • Luxton Handspiker — Todd

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