Cine

Mackenzie disfraza un atraco de emergencia con bomba en Cuenta atrás

Martha O'Hara

Imagine el centro de Londres con la electricidad cortada a propósito. Los focos de obra abren conos de luz dura sobre una excavación, los chalecos reflectantes se mueven en la penumbra y, bajo los escombros, reposa una espoleta más antigua que cualquiera de los que la rodean. Esa imagen, la de una gran ciudad apagada de forma deliberada y reducida a silueta y luz de emergencia, es el territorio que elige Cuenta atrás, el thriller de David Mackenzie.

El arranque parece un procedimiento. Una bomba de la Segunda Guerra Mundial sin estallar aflora en una obra concurrida, el ejército y la policía ordenan una evacuación masiva y arranca una cuenta atrás. Entonces la película mueve las piezas sin levantar la voz. El apagón que la emergencia necesita, las calles vacías que genera, la atención que absorbe: todo acaba siendo precisamente lo que requiere una banda de ladrones profesionales. El rescate es la coartada. El robo es el plan.

YouTube video

Elegir a Aaron Taylor-Johnson como el hombre que sostiene el artefacto es el primer argumento del filme. Compone a Will Tranter como serenidad bajo el reloj, el punto inmóvil en torno al cual se organiza todo lo demás, y esa quietud es justo con la que cuentan los ladrones para que todas las cámaras sigan mirando hacia donde no deben. Theo James y Sam Worthington aportan el otro tipo de control, la competencia ensayada y de voz baja de quienes ya han medido este edificio. Gugu Mbatha-Raw y Elham Ehsas habitan el espacio entre ambas operaciones, ahí donde la frontera entre quien salva la ciudad y quien la saquea empieza a difuminarse.

Mackenzie ha levantado su carrera sobre hombres a presión dentro de marcos estrechos. La prisión de Starred Up, la desesperación del golpe en Hell or High Water, el barro y los muros del asedio de Outlaw King: le gustan los sistemas cerrados y los personajes obligados a seguir funcionando mientras todo se estrecha. Aquí traslada ese instinto a una metrópoli en lugar de a una celda o un condado, y el sistema cerrado pasa a ser el propio cordón policial, el anillo de cinta dentro del cual solo se mueven quienes tienen un motivo, real o inventado.

El verdadero asunto es la oscuridad

Lo que de verdad cuenta la película es la luz y lo que ocurre cuando se retira. Apagar una capital no se limita a abrir una ventana para el atraco: cambia el aspecto de todo. Las cámaras acorazadas que dependen de la corriente, las videocámaras que dependen de la corriente, el sistema nervioso completo de una ciudad moderna enmudece a la vez. Mackenzie y su equipo de fotografía se muestran más implicados en esa textura, la de un lugar que ha perdido su resplandor, y en cómo se comporta una multitud cuando la red de siempre deja de contestar. Esto importa porque el suspense real no está en la bomba, sino en la imagen de una ciudad a tientas.

Nada de ello garantiza que el truco se sostenga durante noventa y seis minutos. Los thrillers que penden de un único engaño suelen gastar su mejor idea demasiado pronto, y la premisa abre una pregunta que quizá no quiera responder: si la bomba está amañada, el miedo a la bomba es hueco, y una película que reconoce que su peligro es atrezo debe encontrar deprisa uno verdadero. Hay un segundo indicio en lo poco que coinciden los mercados al bautizarla. Viaja como Fuze en inglés, como The Criminals en Francia, como Zona De Riesgo en Latinoamérica y, sin rodeos, como Ограбить Лондон, Robar Londres, en ruso. Unos venden la bomba; otros, el robo. Una película cuyos propios distribuidores no logran ponerse de acuerdo sobre qué tienen delante merece que se la observe de cerca para ver si ella sí lo sabe.

Una película compacta con una idea grande

El reparto principal lo integran Aaron Taylor-Johnson, Theo James, Gugu Mbatha-Raw, Elham Ehsas y Sam Worthington, con Mackenzie dirigiendo un guion construido en torno a las dos operaciones. Es una película compacta por decisión, un drama de acción y crimen que persigue a la vez la velocidad del cine de atracos y el grano del procedimiento londinense.

Cuenta atrás dura noventa y seis minutos. En España se estrenará en cines el 14 de agosto, después de su recorrido por otros mercados. Si la ciudad permanece a oscuras el tiempo suficiente para que importe, eso es exactamente lo que el estreno está a punto de comprobar.

Debate

Hay 0 comentarios.