Cine

Don’t Look Back in Anger filma la reunión de Oasis y sienta juntos a Noel y Liam

Camille Lefèvre

El documental de reunión es una de las formas más comprometidas del cine de no ficción. Existe porque existe una gira, lo financian quienes se benefician de esa gira y casi siempre llega como recuerdo antes que como indagación. Así que la primera pregunta ante la película que sigue a Oasis de vuelta a un escenario no es si emociona. El metraje de conciertos de esta banda, a este volumen, emociona a cualquiera que esté cerca. La pregunta es si mira al grupo o se limita a vender la entrada por segunda vez.

La respuesta de la película es una apuesta por la proximidad. Se instala con la banda desde el primer ensayo, sigue la maquinaria de un regreso que media audiencia daba por imposible y avanza hacia el momento que sus autores consideran el verdadero acontecimiento: Noel y Liam Gallagher, distanciados durante casi dos décadas, sentados juntos para una entrevista conjunta. Todo lo demás es espectáculo que el espectador ya encuentra en el móvil. Los hermanos en un mismo plano, hablando, es lo único que solo esta producción tuvo el acceso para captar.

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Ese acceso es a la vez la tesis y el punto débil de la película. La disputa entre los Gallagher ha sido el segundo instrumento de la banda tanto tiempo como la música, una función continua de agravios que vendía periódicos y llenaba salas. Poner a los dos hombres juntos ante la cámara replantea la reunión como historia familiar y no como decisión empresarial, que es la lectura más halagadora y, convenientemente, la más comercial. La película pide al espectador que acepte la reconciliación sin reservas mientras se sitúa dentro del aparato comercial que necesita que esa reconciliación se sostenga.

Dylan Southern y Will Lovelace no son las manos obvias para una vuelta de honor, y eso es lo que hace interesante el encargo. Su trabajo en el documental musical ha tendido a lo elegíaco y a la conciencia de sí: un retrato de Blur construido alrededor de una reunión que parecía una convalecencia, un estudio coral de una escena del sur de Manhattan levantado sobre los restos de su propia nostalgia. Conocen las trampas del género porque llevan una carrera esquivándolas. El guion es de Steven Knight, un escritor atraído por el mito de la clase trabajadora y por la autoinvención del norte inglés, que es justo el registro que Oasis siempre ha exigido a quien intenta explicarlo.

En lo formal, la película está pensada para la gran escala. La fotografía busca la pantalla más grande posible y por eso se empuja hacia el IMAX. Las decisiones más reveladoras, sin embargo, son las silenciosas: cuánto se demora la cámara en el local de ensayo antes de que empiece el ruido, cuánto silencio permite entre dos hombres que han hecho un arte público de no hablarse. Una película de conciertos vive o muere en el montaje, y aquí la tensión está entre el ansia de desahogo del estadio y la necesidad del documental de contenerse.

El título no es neutral. “Don’t Look Back in Anger” es la canción que un Mánchester en duelo cantó junto en la calle tras el atentado en su pabellón, una pieza de pop que superó a sus autores y se volvió una suerte de liturgia civil. Nombrar así la película reclama esa herencia, la idea de que Oasis pertenece a una ciudad y a una clase antes que a dos hermanos, y eleva en silencio lo que está en juego con la reconciliación. Una banda puede reunirse por dinero. Un himno que significa tanto pide algo más cercano a la sinceridad.

Lo que la película no puede hacer es situarse fuera de aquello que documenta. Está producida a través de los propios brazos discográficos y de vídeo musical de la banda y la distribuye un estudio que apuesta por un acontecimiento de streaming, de modo que su independencia es una ficción estructural, por honestas que sean sus intenciones. No puede decir al espectador si la reconciliación sobrevive a la gira, si Oasis vuelve a ser un proyecto en marcha o un armisticio de un solo verano, ni si la entrevista muestra a dos hombres que han cambiado o a dos profesionales que han pactado un relato. Un acceso tan completo suele llegar con condiciones. La película es generosa y a menudo emociona. No es, ni puede ser, desinteresada.

Liam and Noel Gallagher backstage during the Oasis reunion tour documentary (2026)
Liam and Noel Gallagher in the Oasis reunion documentary (2026)

Con algo más de dos horas de duración, el documental está dirigido por Southern y Lovelace y escrito por Knight, que también figura como cocreador, producido por Sam Bridger, Guy Heeley, el propio Knight y Tom Mackay a través de Magna Studios con Sony Music Vision, y distribuido en todo el mundo por Walt Disney Studios Motion Pictures. Lleva el nombre de la reunión que registra, Oasis Live ’25, y se estrena fuera de competición en el Festival de Venecia antes de su paso por las salas, una posición insólitamente prestigiosa para un documental de rock.

En España la película llega a los cines, incluidas salas IMAX, el 11 de septiembre, dentro del estreno mundial en salas. Después, ya avanzado el año, se incorporará a Disney+ a escala internacional. Para una banda cuya mitología entera se construyó sobre la negativa a mirar atrás, dos horas dedicadas precisamente a mirar atrás son o bien la ironía final o bien el sentido mismo del gesto.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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