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El último duelo: una crítica fallida a la violencia masculina

Veronica Loop
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Ridley Scott abre El último duelo con un plano que define el tono de toda la película: dos caballeros, sus armaduras relucientes bajo el sol, se enfrentan en un campo abierto. No hay palabras, solo el sonido de los cascos golpeando el suelo y las espadas chocando. Es una imagen poderosa, pero también problemática, porque anuncia lo que será el mayor conflicto del filme: su identidad.

Basada en la novela de Eric Jager y dirigida por Scott con un guion coescrito por Nicole Holofcener, Ben Affleck y Matt Damon, El último duelo (2021) es un drama histórico que retrata una disputa entre el caballero Sir Jean de Carrouges (Damon) y su antiguo mentor, Jacques Le Gris (Adam Driver), culminando en un duelo por honor en la Francia del siglo XIV. El conflicto se desata cuando Marguerite de Carrouges (Jodie Comer), esposa de Jean, acusa a Le Gris de violación.

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La película tiene mucho que decir sobre el poder masculino y la violencia sistémica contra las mujeres, pero su estructura narrativa tripartita—que alterna entre las perspectivas de Jean, Jacques y Marguerite—le impide encontrar un ritmo coherente. La primera sección, centrada en Jean, es convencional y algo tediosa, con Damon entregando una actuación contenida pero sin matices. La segunda parte, desde la mirada de Le Gris, introduce tensiones interesantes, aunque Driver parece atrapado en un personaje que oscila entre el carisma y la crueldad sin resolver.

Es en la tercera sección, a través de los ojos de Marguerite, donde el filme encuentra su voz más auténtica. Jodie Comer es, con diferencia, lo mejor de El último duelo. Su interpretación de Marguerite, llena de vulnerabilidad pero también de una furia reprimida, eleva cada escena en la que aparece. La secuencia del violación es especialmente impactante no solo por el horror del acto mismo, sino por cómo Scott la filma: sin música, con planos cerrados que capturan cada detalle de la violencia y el miedo de Marguerite.

La película tropieza al intentar equilibrar su crítica social con su narrativa histórica. La estructura fragmentada, aunque ambiciosa, a veces feels forced, como si los guionistas hubieran querido abarcar demasiado. Las transiciones entre las perspectivas son abruptas y, en ocasiones, confunden más de lo que iluminan.

Visualmente, El último duelo es impecable. La fotografía de Giles Nuttgens captura la crudeza medieval con una paleta de colores terrosos y fríos, y los paisajes de Francia son espectaculares. La banda sonora de Harry Gregson-Williams añade una capa de tensión y emotividad que sostiene incluso en los momentos más lentos.

La película quiere ser un relato sobre la justicia y la verdad, pero termina siendo otra historia sobre hombres que luchan por el honor. Aunque la crítica al machismo institucionalizado está presente, a menudo se siente como un añadido más que como una parte orgánica de la historia.

El último duelo tiene momentos brillantes—la actuación de Comer, las secuencias de acción bien coreografiadas, los planos impresionantes—pero estos no son suficientes para salvar a la película de sus propias ambiciones desequilibradas.

La película está claramente dirigida a un público que valora el cine histórico y socialmente relevante. Los espectadores que buscan una reflexión profunda sobre la violencia de género y el poder masculino encontrarán material interesante, aunque no del todo cohesionado. Sin embargo, aquellos que esperan una narrativa tradicional o una exploración más matizada de sus personajes podrían sentirse frustrados.

En comparación con otras obras recientes de Ridley Scott, El último duelo se sitúa en un lugar intermedio. No alcanza la grandeza de Gladiator (2000) ni la intensidad de The Martian (2015), pero comparte con ellas una atención meticulosa al detalle histórico y una narrativa épica.

La película también se beneficia de su elenco talentoso. Matt Damon y Adam Driver, aunque atrapados en roles más convencionales, ofrecen actuaciones sólidas que sostienen las primeras dos terceras partes del filme. Sin embargo, es Jodie Comer quien roba el espectáculo con una actuación que merece ser recordada.

En última instancia, El último duelo es una película ambiciosa pero desigual.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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