Arte

El penalti fallido: drama hueco en lugar de redención

Martha O'Hara
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El penalti que nunca vimos

La pantalla se llena de verde, los focos del estadio iluminan el rostro de Diego (Swit Eme), sudor frío y mirada fija en el balón. Un penalty puede decidirlo todo: la Liga, su carrera, su redención. Pero Carlos Therón decide no mostrarnos el remate. En lugar de eso, nos deja con un primer plano de sus ojos, una expresión que se supone debe ser lo suficientemente elocuente. Es una jugada audaz, pero también un síntoma del problema central de The Champion: su dependencia de los gestos simbólicos en lugar de la narrativa sólida.

Therón, conocido por su trabajo en comedias como Lo peor viene después, intenta aquí equilibrar drama deportivo, comedia y un estudio psicológico entre dos personajes opuestos. Diego es el estrella del Atlético de Madrid con talento desbordante pero actitud explosiva; Álex (Dani Rovira), el profesor de psicología tímido y metódico contratado para «domar» al futbolista. La premisa tiene potencial: Rocky meets Good Will Hunting, con un toque español. Sin embargo, la ejecución tropieza en lo más básico.

Lo que funciona (a duras penas)

El casting de Swit Eme como Diego es acertado. Logra transmitir la intensidad y el descontrol del personaje, especialmente en escenas como su discusión con el entrenador Delgado (Pere Brasó), donde su frustración parece genuina. Rovira, por otro lado, ofrece un Álex creíble en su torpeza inicial, aunque su arco narrativo se queda en lo superficial.

Algunos momentos brillan por su autenticidad: la secuencia del entrenamiento con el equipo secundario (Pablo Chiapella como Tito y Luis Fernández como Juanma) tiene química real, y las referencias al fútbol español —desde los cánticos de la afición hasta la tensión entre clubes— añaden verosimilitud. La banda sonora refuerza el tono emocional sin caer en lo pretencioso.

Los goles en propia puerta

Pero el guion de Joan Gual y Joaquín Oristrell es inconsistente. Los diálogos oscilan entre lo forzado («Eres como un caballo desbocado», le espeta Álex a Diego) y lo redundante, repitiendo una y otra vez los conflictos sin profundizar. La estructura, dividida en capítulos cortos, intenta imitar el ritmo de las series televisivas pero termina fragmentando la historia.

El mayor error es el tratamiento del conflicto central: la relación entre Diego y Álex nunca evoluciona más allá del tópico «opuestos que se complementan». Las escenas clave —como su viaje a Toledo o una cena incómoda con Ceci (Cintia García), la hermana de Diego— carecen de matices. ¿Por qué Álex, un profesor con experiencia en trastornos de conducta, se limita a dar consejos trillados? ¿Qué lo motiva realmente a ayudar a Diego? El guion no lo aclara.

Y luego está el final. Ese penalty que no vemos es la metáfora perfecta del problema de The Champion: Therón confía demasiado en el simbolismo vacío. ¿Diego madura o no? ¿Álex aprende algo sobre sí mismo? La película elude las respuestas, dejando un sabor a oportunidad perdida.

Dirección y temas: entre lo prometedor y lo predecible

Therón demuestra solidez técnica en planos como el del estadio vacío antes de un partido, donde la cámara recorre las gradas mientras suena El himno de la alegría en versión instrumental. Es una secuencia visualmente impactante que, sin embargo, no se integra orgánicamente con el resto del filme. El director parece más interesado en crear momentos icónicos que en construir una historia coherente.

Los temas abordados —la presión mediática, la soledad de las estrellas del deporte, la redención— son relevantes, pero su tratamiento es superficial. The Champion podría haber sido un análisis profundo de la psicología detrás del talento extremo, como lo fue Foxcatcher (2014) con el mundo de la lucha grecorromana. En cambio, Therón se queda en la superficie, limitándose a mostrar los conflictos sin explorar sus causas.

Comparación y público objetivo

Si comparamos The Champion con otras películas españolas recientes del mismo género, como Campeones (2018), la diferencia es abismal. Mientras que Javier Fesser lograba equilibrar comedia y drama con personajes memorables, Therón cae en el maniqueísmo: Diego es el rebelde genio; Álex, el intelectual incomprendido. La falta de matices hace que los personajes resulten unidimensionales.

El filme apunta a un público amplio: aficionados al fútbol, familias y fans del cine deportivo. Sin embargo, su tono irregular —alternando momentos serios con otros claramente cómicos— puede alienar tanto a quienes buscan profundidad como a los que prefieren entretenimiento ligero. Es una película atrapada entre dos géneros, sin lograr destacar en ninguno.

Conclusión: un partido por ganar

The Champion tiene ingredientes para ser algo más que un drama deportivo convencional, pero Therón no logra cohesionarlos. Entre los clichés del género y las decisiones narrativas dudosas, la película se queda en el banquillo de los suplentes. A pesar de algún destello de originalidad —como esa secuencia del estadio vacío o la química entre el elenco secundario—, el resultado final es decepcionante.

Quizás en otra ocasión Therón encuentre una historia que merezca su estilo visual y su ambición temática.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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