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Young frankenstein»: una parodia brillante que rinde homenaje sin caer en lo vulgar

Martin Cid

Imagina la escena: un monstruo verde, desgarbado y con cicatrices, se sienta al piano en una sala de conciertos, tocando una melodía clásica mientras el público boquiabierto lo observa. Esta imagen absurda es solo un ejemplo del humor delirante que Mel Brooks despliega en «Young Frankenstein» (1974), una parodia que no tiene miedo de abrazar su locura.

Dirigida por Brooks y co-escrita junto a Gene Wilder, la película sigue a Frederick Frankenstein (Wilder), el nieto del infame Dr. Victor Frankenstein, quien viaja a Transilvania para heredar el castillo de su abuelo. Lo que comienza como un intento de distanciarse de la locura de su antepasado, se convierte en una aventura llena de risas y momentos inesperadamente conmovedores. La película es una celebración del género de terror clásico, especialmente las adaptaciones de Universal Pictures de los años 30, con un guión que equilibra el humor grotesco y la nostalgia.

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El uso de Brooks de la cinematografía en blanco y negro —una rareza en los años 70— no solo evoca la estética de las películas clásicas de terror, sino que también sirve como una herramienta cómica. Las transiciones de escenas, como los iris out y los fundidos a negro, añaden un toque de nostalgia que refuerza el tono paródico. La banda sonora de John Morris es otro acierto: aunque Brooks insistió en que la música fuera seria y pasara como legítima para una película de terror, el resultado es una partitura que complementa perfectamente el equilibrio entre comedia y horror.

El reparto es otro punto fuerte. Gene Wilder brilla como Frederick Frankenstein, llevando el personaje con un equilibrio perfecto de seriedad y locura. Peter Boyle, como el Monstruo, ofrece una actuación física impresionante, llena de gracia torpe y momentos conmovedores. Marty Feldman roba escenas como Igor, con su mirada bug-eyed y su pronunciación exagerada («Eye-gore»). Madeline Kahn también destaca como Elizabeth, aportando un toque de elegancia y humor seco.

Sin embargo, la película no está exenta de fallos. Aunque el guión es brillante en su mayor parte, algunos chistes caen en lo predecible o se extienden demasiado, especialmente en las escenas más absurdas. Además, aunque la parodia funciona bien, hay momentos en los que el humor parece forzado, como si Brooks estuviera tratando demasiado de hacer reír al público.

A pesar de estos pequeños defectos, «Young Frankenstein» sigue siendo una película notable por su originalidad y su habilidad para honrar y burlarse del género de terror clásico al mismo tiempo.

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