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Arturo Ambriz apuesta a que el stop-motion mexicano sostiene un gótico en Soy Frankelda

Cinema Fantasma convierte la serie de Cartoon Network Frankelda's Book of Spooks en un largometraje de stop-motion de 104 minutos construido alrededor de una escritora de terror del XIX cuyos monstruos se niegan a quedarse en sus páginas inéditas: el primer largometraje de stop-motion mexicano y, a estas alturas, un recorrido internacional ya casi cerrado
Molly Se-kyung

Frankelda es una novelista de terror a la que nadie quiere publicar, en un México que ha decidido que sus frases son demasiado oscuras para el salón. Sus monstruos se toman ese desprecio como algo personal. Soy Frankelda convierte ese rechazo en un reino, y lo hace como el primer largometraje de stop-motion que México pone en las pantallas del mundo. El argumento que sostiene la película es que el reino siempre estuvo ahí, esperando a la escritora adecuada que lo admitiera.

Lo que ha hecho Arturo Ambriz es construir esa premisa con muñecos físicos, fotograma a fotograma, en un estudio que México no tenía para largometrajes hasta que Cinema Fantasma decidió hacer que existiera. La película sale de la misma propiedad que Frankelda’s Book of Spooks, la serie de Cartoon Network que el estudio Ambriz sacó adelante antes de que el largometraje entrara en producción. El stop-motion a duración de largo es la clase de salto que la producción de animación rara vez sobrevive sin quebrar un estudio. La apuesta aquí es que el medio es el mensaje: las caras de silicona bajo luz práctica cargan un registro que la animación digital plana no puede.

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El reparto de voces es el segundo argumento que monta la película. Mireya Mendoza pone la voz a Frankelda misma, la escritora arrastrada al reino de sus propios monstruos, y le da al papel la fatiga de ojos secos que el personaje pide en lugar del asombro de ojos muy abiertos que un animado para niños pediría por defecto. Arturo Mercado Jr. da voz a Herneval, el Príncipe de los Espantos, con la paciencia de un guía que lleva esperando más tiempo del que la protagonista creería. Luis Leonardo Suárez interpreta a Procustes, Gaby Cárdenas a la Reina Veritena y Beto Castillo al Rey Ficturo, créditos que anclan la película dentro de un ecosistema de voces mexicano que casi nunca tiene un largo de stop-motion en el que trabajar.

Arturo Ambriz es el argumento estructural. Salió del estudio Cinema Fantasma que cofundó en la Ciudad de México, y la reputación de la casa descansa primero en la serie de Cartoon Network que introdujo al personaje de Frankelda, después en un ciclo corto de cortos originales de stop-motion que rodaron por festivales antes de que el largometraje recibiera luz verde. Mover la propiedad de un estante episódico de 22 minutos a un largometraje de stop-motion de 104 minutos es la clase de salto de escala que pide a un estudio triplicar a la vez su número de plataformas y su disciplina. Ambriz ha construido la película sobre la apuesta de que el oficio práctico, los muñecos, la luz, la textura deliberadamente con costuras visibles, sostiene la atención durante todo el metraje.

El marco de la película es genuinamente extraño, y esa extrañeza es justo el punto. Frankelda es una mexicana del XIX que escribe terror que nadie quiere imprimir, y que viaja en forma de fantasma al Reino de la Ficción, un reino habitado por los Espantos que ella misma ha inventado en sus propias páginas. Su trabajo, una vez allí, es impedir que el Reino de la Ficción y el Reino de la Existencia colapsen el uno sobre el otro, con el príncipe Herneval como guía que necesita su talento para sostener el equilibrio. El juego estructural sobre el que está montada la película va literalmente sobre la autonomía de la ficción respecto a su autora, dramatizado por un filme en el que los animadores pasaron años dándoles a los muñecos autonomía respecto a las manos que los construyeron.

Lo que Soy Frankelda no resuelve, sobre la base del recorrido internacional hasta ahora, es si la elegancia de la premisa se sostiene a lo largo de un largometraje de 104 minutos o si su material más fuerte está concentrado en la primera hora. El punto de partida con el que abre, con la escritora rechazada y sus monstruos animados dentro de un reino en crisis, es la clase de arquitectura que sostiene magníficamente un episodio y un largometraje solo con disciplina. La crítica en México, Francia y Alemania ha escrito con calor sobre el oficio y con más cautela sobre la estructura del segundo acto, y la nota media de 8,3 sobre un pool de votos todavía modesto es coherente con una película que el público que la encuentra adora y al público que no busca activamente stop-motion todavía no se le ha pedido encontrar. La proyección en el festival de Annecy ayudó; el resto del recorrido dirá si la fuerza del oficio cruza.

Los cinco principales acreditados son Mireya Mendoza, Arturo Mercado Jr., Luis Leonardo Suárez, Gaby Cárdenas y Beto Castillo. La duración es de ciento cuatro minutos. El título original en español es Soy Frankelda, y el debut en pantalla de la propiedad llegó a través de Frankelda’s Book of Spooks en Cartoon Network antes de que el largometraje entrara en producción en Cinema Fantasma, el estudio de la Ciudad de México que lleva la última década construyendo la primera infraestructura sostenida de stop-motion del país para trabajo de salas.

Soy Frankelda se estrenó en Estados Unidos el 19 de octubre de 2025 y llega a Singapur el 12 de junio de 2026, cerrando un recorrido internacional que ya ha pasado por México, Canadá, Hong Kong, Corea, Japón, Alemania, Francia, Rusia y Australia. No hay todavía un estreno en salas españolas confirmado en el momento de escribir estas líneas. Las ventanas teatrales que quedan son la coda de la película; el reclamo mayor, que el stop-motion mexicano es ahora una categoría que existe, ya ha sido puesto a prueba ante público de pago en tres continentes.

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