Cine

El lado dulce de la traición promete una heroína libre y la abandona entre montajes eróticos

Thriller erótico brasileño de Diego Freitas (2023), con mucho neón y poca trama.
Martha O'Hara
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La película arranca en un São Paulo empapado de verde neón. Babi (Giovanna Lancellotti) recorre la ciudad en moto con un hombre siguiéndola hasta un lugar que Decider describe como mitad garaje de Fast and Furious, mitad fábrica de vapor y llamas de película de acción de los ochenta. Se besan. Y entonces despierta en la mesa del comedor, con una copa de vino a medias, el portátil abierto y muestras de flores y pastelitos esparcidas por todas partes. Esas dos escenas resumen El lado dulce de la traición, título local de Burning Betrayal: una fantasía rodada con convicción y, después, una vida despierta a la que apenas le queda ninguna.

Lo que Babi organiza en esa mesa es su boda con Caio (Micael Borges), su pareja desde hace cinco años y, según Decider, también su socio en el negocio. Él llega a casa, la tumba en el sofá y el asunto acaba casi antes de empezar. Caio, además, está a punto de ser juzgado por blanqueo de capitales. Ready Steady Cut sitúa en ese juicio el primer encuentro de Babi con el juez, que resulta ser el hombre con el que sueña. Se llama Marco y lo interpreta Leandro Lima. El mismo crítico apunta que la química entre el juez y la prometida es mayor que la que ella tiene con su futuro marido. Estoy de acuerdo, y es lo único de la película que no necesita explicación.

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La traición del título estalla en su despedida de soltera. Ready Steady Cut cuenta que Babi descubre allí que Caio lleva dos años engañándola y que pensaba casarse con la otra mujer sin dejar de tener a Babi como esposa. Ese hallazgo daría para un drama entero. La película lo archiva y manda a su protagonista en otra dirección. Heaven of Horror recoge que vuelve a subirse a su moto, se tiñe el pelo de oscuro y se une a un club de moteros. Marco pasa a ser su amante en sus propios términos, es decir, solo sexo y ninguna relación. Durante un rato eso se lee como una mujer que elige lo que quiere y no lo que espera de ella su casi marido. Es la mejor idea de la película.

Luego el filme pierde interés en ella. Ready Steady Cut dice que acaba convertido en otro Cincuenta sombras de Grey, con montaje tras montaje de Babi y Marco juntos y ninguna historia detrás. Se van acercando, pero Marco decide no dejarla entrar en su vida, y el guion nos deja fuera con ella. Freitas dirige con muchas ideas y ningún orden entre ellas, esa dirección deslavazada que señala el mismo crítico. Las escenas de sexo son demasiado frecuentes y están rodadas con mirada masculina. La desnudez es gratuita, en palabras de ese crítico, y las escenas siguen la plantilla de siempre. Ready Steady Cut añade que, aunque estén pensadas sobre todo para el placer de Babi, no funcionan en absoluto.

La iluminación es donde Freitas gasta su energía. Decider afirma que siente fetichismo por la luz dramática y mucho menos control sobre la coherencia del tono y del relato, y la apertura en verde neón lo confirma: el estilo se aplica a la historia en lugar de nacer de ella. Además, todo el reparto está en una forma física envidiable, hombres y mujeres por igual, y Heaven of Horror recuerda que visten muy poco. El mismo crítico encuentra magníficos la calidad de producción y los escenarios, y no pienso discutírselo. Nadie va a ver esta película buscando contención, y como escaparate de lugares y cuerpos cumple.

El reparto secundario recibe menos. Camilla de Lucas es Patty, a quien Decider resume como alguien que nunca deja de estar cachonda, como cien cabras, y esa sola frase da la medida del espacio que la película le concede. Thiago, el personaje de Bruno Montaleone, lleva gafas de carey y polo en un mundo de cuero y motos. Heaven of Horror aporta la regla que rige estas películas: cuando todos los demás hombres son altos, morenos y melancólicos, hay que vigilar al callado de las gafas. Thiago encaja en esa descripción al milímetro, y el veredicto del mismo crítico, para quien ningún giro resulta sorprendente, sugiere que el filme apenas lo disimula.

La trama criminal recibe el mismo trato. Decider cuenta una audiencia de supervisión sobre una organización criminal que se hace pasar por constructora, con detalles tan vagos e irrelevantes que pueden aparcarse hasta que la trama necesite acelerar en los últimos veinte minutos. Heaven of Horror enumera criminales, acosadores y amigos que resultan ser villanos, y no encuentra nada de eso sorprendente. Ready Steady Cut va más lejos y habla de un thriller deslucido con un final previsible. La etiqueta de misterio resulta generosa. Lo que hay es un hilo judicial que aparece tarde y no deja huella.

Lancellotti tiene que sostener todo esto. Interpreta a la soñadora, a la prometida y a la mujer que se marcha en su moto por su cuenta, y su decisión de dejar atrás las expectativas de Caio es el único hilo que aguanta cuando los montajes toman el mando. Lima tiene la tarea más ingrata. Marco es un juez definido por lo que se guarda: ofrece su cama y se reserva el resto de su vida, y el guion le da al actor poco más que esa reserva para trabajar.

Heaven of Horror le perdona todo porque la película nunca pretende ser más de lo que es, y la coloca junto a Instinto básico, Cincuenta sombras de Grey y el título polaco de Netflix 365 días. Como descripción del género es justa. Pero esta adaptación de la novela O Lado Bom de Ser Traída, de Sue Hecker, parte de una mujer que descubre que lleva dos años viviendo entre mentiras, y esa historia es mejor que la que acaba contando. Freitas la cambia por una sucesión de cuerpos bien iluminados. El lado dulce de la traición luce pulido y abre con un sueño que se entrega por completo a su estética. Después deja la traición a un lado y se muda al dormitorio.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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