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A madea homecoming: un guión forzado salva o’carroll

Martin Cid

Tyler Perry’s A Madea Homecoming comienza con una escena que define su tono: Madea, en todo su esplendor de pelo largo y shorts, se enfrenta a un conflicto familiar durante la celebración del graduación universitaria de su gran nieto. La cámara captura a Tyler Perry en el papel icónico, pero lo que sigue es un desfile de momentos desiguales que oscila entre lo predecible y lo inesperadamente audaz.

La trama gira en torno a secretos familiares y visitas sorpresa durante la fiesta de graduación, un escenario que podría haber dado pie a una comedia familiar sólida. Sin embargo, el guion tropieza con sus propios pies. Las subtramas se sienten forzadas, como la inclusión del movimiento Black Lives Matter o la narrativa de salida del armario, que parecen añadidas más por obligación que por coherencia dramática. La estructura es un collage de saltos temporales y flashbacks, incluyendo uno particularmente confuso a 1955 que interrumpe el ritmo sin aportar claridad.

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Donde la película encuentra algo de chispa es en las interacciones entre Madea y el elenco secundario, especialmente Brendan O’Carroll como Agnes Brown. Su química es palpable, y algunos de sus diálogos roban escenas con un humor seco que contrasta con el tono general. Sin embargo, incluso estos momentos brillantes se ven opacados por un ritmo irregular y una edición descuidada, como en la secuencia del flashback a los años 70, que parece más un ejercicio de nostalgia mal ejecutado que una contribución narrativa.

La dirección de Perry es funcional pero carente de visión. Las decisiones estéticas son mediocres: planos demasiado largos en diálogos insulsos y transiciones abruptas que no ayudan a construir tensión o emoción. La banda sonora, aunque intenta elevar el ánimo con temas como el del Morehouse Marching Band, termina siendo un elemento más que se suma al caos visual.

El reparto hace lo que puede. Perry como Madea sigue siendo entretenido en su exageración, pero carece de la profundidad que otros personajes podrían haber aportado. Cassi Davis y David Mann cumplen con sus roles, aunque sus arcos argumentales se sienten incompletos. Tamela Mann destaca ligeramente como Cora, pero incluso su actuación se ve limitada por un guion que no le da espacio para brillar.

La inclusión de temas sociales es admirable en teoría, pero en la práctica se siente superficial. La película menciona el movimiento Black Lives Matter y la desfinanciación policial sin desarrollar adecuadamente su conexión con la trama principal, lo que resulta en una sensación de oportunismo más que de compromiso genuino.

MCM Score: 4.9/10 — craft 2 / story 1 / performances 2 / originality 1 / genre_fit 2.

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