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El sexto sentido, la historia de fantasmas que escondió su giro a plena luz

Camille Lefèvre

El sexto sentido es una película de terror que pasa casi todo su metraje siendo algo más callado y más triste. M. Night Shyamalan presenta a Malcolm Crowe, un reputado psicólogo infantil de Filadelfia, en la peor noche de su carrera, y luego le ofrece una segunda oportunidad con la forma de Cole Sear: un niño retraído que guarda un secreto que ningún adulto quiere escuchar.

Lo que sigue es una historia de fantasmas construida casi por entero a base de contención. Shyamalan oculta, baja las luces, deja que los silencios se alarguen y confía en que el espectador se incline hacia delante. La frase célebre — “en ocasiones veo muertos” — no se grita, se confiesa, y ese instinto, el miedo como susurro y no como alarido, es lo que separa a la película de casi todo lo que vino después.

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La película

Crowe acepta a Cole como paciente en parte para redimir su pasado, y el niño termina admitiendo lo que le atormenta: los muertos se le aparecen, ignorantes de que lo están, exigiendo ser escuchados. Shyamalan rueda Filadelfia en azules y grises fríos, vacía de calor cada interior y reserva un único color — el rojo — para los momentos en que el otro mundo aprieta contra este. Es un motivo que apenas se percibe la primera vez y resulta imposible no ver la segunda.

La cámara de Tak Fujimoto es paciente hasta la quietud, y la partitura de James Newton Howard murmura bajo la acción en lugar de subrayarla. El resultado es un thriller con el ritmo de un drama de cámara, donde los sustos golpean más fuerte porque la película ha pasado mucho tiempo siendo tierna. Cuando llega el acto final, Shyamalan ya ha reordenado en silencio cada escena anterior: una revelación tan limpia que mandó al público de vuelta a verla entera de nuevo.

El sexto sentido (1999)
El sexto sentido (1999)

Bruce Willis y un niño extraordinario

Bruce Willis ofrece una de las interpretaciones más contenidas de su carrera como Crowe: ni una sonrisa de suficiencia, ni el aplomo del héroe de acción, solo una tristeza cansada y atenta. Es una estrella bajando deliberadamente su propio voltaje, y la película necesita exactamente ese repliegue para funcionar.

Pero el filme pertenece a Haley Joel Osment. Como Cole carga el terror, la vergüenza y el agotamiento tras un rostro de niño sin caer jamás en la afectación. Toni Collette, como su madre desbordada, firma la escena más demoledora dentro de un coche detenido, y Olivia Williams sostiene en voz baja el matrimonio que se le deshace a Crowe. Osment y Collette lograron sendas nominaciones al Oscar; la película sumó seis y, asombrosamente, no ganó ninguna.

El sexto sentido (1999)
El sexto sentido (1999)

Por qué perdura

El sexto sentido fue la segunda película más taquillera del mundo el año de su estreno y convirtió a Shyamalan, de la noche a la mañana, en una marca: el hombre del giro final. Esa fama fue tanto carga como regalo, pero el original sigue distinguiéndose de sus imitadores precisamente porque el giro no es un truco: es una rima emocional, un acorde final que transforma una película de terror en un relato sobre el duelo, la negación y aquello que nos negamos a ver. Pocas películas populares de su época recompensan tanto un segundo visionado.

Nuestra opinión

Una historia de fantasmas moderna hecha con la paciencia de un drama y la disciplina de un thriller, sostenida por una interpretación infantil extraordinaria y por una estrella valiente capaz de desaparecer en el plano. El sexto sentido merece su reputación, y su final merece volver a verla.

Dirección

M. Night Shyamalan

M. Night Shyamalan

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