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Zoey Deutch persigue a Jon Hamm por Hollywood en la comedia vengativa de David Wain

Molly Se-kyung

Para Gail Daughtry, un «pase de famosos» debería ser la fantasía más inofensiva que existe: una hipótesis, una broma de cama, un nombre que en realidad nunca esperas conocer. Hasta que su prometido cumple el suyo. La nueva película de David Wain, «Gail Daughtry and the Celebrity Sex Pass», convierte esa humillación en toda una comedia de carretera y envía a la protagonista que interpreta Zoey Deutch a Los Ángeles para cobrarse su propio pase, con un objetivo muy concreto: Jon Hamm, que se interpreta a sí mismo.

El planteamiento es tan amplio y descarado como el título. Gail es una novia de pueblo del Medio Oeste cuya vida ordenada salta por los aires en cuanto su pareja se toma al pie de la letra lo que era una broma de cama. Dolida y desorientada, viaja al oeste con una amiga y un rencor, convencida —con el empujón de una vidente— de que la única manera de salvar la relación es equilibrar la balanza. Wain, a partir de un guion que firma junto a su colaborador habitual Ken Marino, plantea el viaje como fantasía de venganza y, a la vez, como sátira nerviosa de una industria que funciona a base de acceso, cercanía y la ilusión de que la fama es algo que se puede tomar sin más.

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Hamm es el motor del gran chiste de la película, y no es el único veterano de «Mad Men» dispuesto a ser el blanco. John Slattery también aparece como sí mismo y prolonga una vena autoparódica que se ha convertido en uno de los registros más fiables de Hamm: el galán imposiblemente atractivo que entra en todas las bromas sobre lo atractivo que es. El recurso permite a Wain presentar la fama como una casa encantada en la que cada puerta da a una estrella feliz de caricaturizar la idea pública de quién es.

A su alrededor, Wain reúne el tipo de reparto coral que distingue a su cine. Marino se reserva un papel secundario junto a Thomas Lennon, Richard Kind y Sabrina Impacciatore, mientras que Ben Wang —en plena racha de papeles protagonistas— interpreta al joven compañero de viaje que entra en la órbita de Gail. Es un reparto pensado menos por su tirón estelar que por su densidad cómica, capaz de levantar una escena floja solo con el tono.

Para Wain y Marino, el proyecto es terreno conocido con un gancho más explosivo. Juntos ayudaron a definir cierta comedia absurda estadounidense con «Wet Hot American Summer» y, más tarde, «They Came Together», títulos que tratan las convenciones de género como una piñata que conviene reventar. Las comedias más comerciales de Wain —«Role Models», «Wanderlust»— demostraron que sabe sostener una premisa subida de tono sin perder la ternura de fondo. «Gail Daughtry» se lee como un intento de trenzar ambos impulsos.

También brinda a Zoey Deutch su papel más amplio hasta ahora. Conocida por una comedia más afilada y contenida, aquí se le pide cargar con una película cuya premisa entera desafía al público a ponerse de parte de una heroína que se porta mal a propósito. Deutch lleva años robando escenas en películas ajenas; aquí la cinta depende por completo de que sea capaz de sostener la suya.

La película se forjó una reputación en el circuito antes de tener distribuidora. Se estrenó en el Festival de Sundance y pasó después por Tribeca, el Festival de Nantucket y el Festival de Sídney, acumulando el boca a boca que convierte un título escandaloso en una venta. Sony Pictures Classics terminó haciéndose con los derechos globales, por delante —según la prensa especializada— de Republic Pictures, Lionsgate y Vertical, una apuesta llamativa por una comedia de presupuesto medio con estrellas en un momento en que ese tipo de cine apenas llega ya a las salas.

Lo que ninguna campaña puede demostrar todavía es si una sola idea transgresora aguanta noventa y tres minutos. El «pase sexual de famosos» es una sinopsis estupenda y un motor de largometraje frágil: las comedias construidas sobre una única provocación tienden a gastar su mejor material en el primer acto. Repartir estrellas reales como versiones infladas de sí mismas es un chiste de vida corta, y el destino de la película dependerá menos de cuántas caras conocidas acepten ser la broma que de si Gail resulta un personaje al que valga la pena seguir cuando se agote la novedad.

«Gail Daughtry and the Celebrity Sex Pass» llega a los cines estadounidenses el 10 de julio de la mano de Sony Pictures Classics. La distribuidora posee los derechos globales, aunque de momento no hay fecha de estreno confirmada en España.

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