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Not Okay: una sátira desigual sobre autenticidad digital

Martin Cid
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La pantalla se ilumina con un feed de Instagram: fotos editadas, likes acumulándose, comentarios halagadores. Pero detrás del cursor está Danni Sanders (Zoey Deutch), una joven aspirante a escritora que edita su vida tanto como las imágenes para Depravity, la revista online donde trabaja. Quinn Shephard abre Not Okay con esta imagen reveladora: el ratón moviéndose sobre una foto de Danni frente al Arc de Triomphe, un montaje obvio pero eficaz. La directora establece desde el primer plano su tema central: la autenticidad en la era digital.

Shephard, que también firma el guion, construye un personaje complejo con Danni. No es ni heroína ni villana, sino una joven desesperada por conexión humana, dispuesta a mentir para conseguirla. La escena donde Danni se fuma un porro con Colin (Dylan O’Brien) y miente sobre ir a París es clave: la cámara se acerca a su rostro mientras habla, capturando la mezcla de vergüenza y esperanza en sus ojos. Shephard usa el humor negro para explorar temas serios—la soledad, la fama, el trauma—, pero no siempre logra equilibrarlos.

El punto de inflexión de la película ocurre cuando los atentados terroristas en París convierten la mentira de Danni en una tragedia real. Aquí es donde Not Okay encuentra su voz más interesante. Shephard interrumpe la comedia con imágenes impactantes: noticias reales de los ataques mezcladas con las publicaciones falsas de Danni. La secuencia donde Danni edita sus fotos para «probar» que estaba allí es particularmente potente, mostrando cómo manipula imágenes de destrucción para su beneficio personal.

Sin embargo, el tono oscila constantemente entre la sátira y el drama. Cuando Danni conoce a Rowan (Mia Isaac), una activista adolescente sobreviviente de un tiroteo escolar, la película intenta abordar temas como el trauma y la explotación mediática. La escena del rally donde Rowan sufre un ataque de pánico es técnicamente sólida—los fogonazos de las bengalas simulan balas, el sonido se distorsiona—, pero choca con la frivolidad previa. Shephard no logra que ambos tonos coexistan: el humor negro del inicio pierde fuerza frente a la gravedad del trauma real.

El mayor acierto de Not Okay es Zoey Deutch. Su interpretación de Danni es una montaña rusa de autodesprecio y ambición, especialmente en las escenas con Rowan. La química entre ambas actrices es palpable, y Mia Isaac roba cada escena como la joven activista que ve en Danni a una hermana mayor. Dylan O’Brien, sin embargo, queda relegado a un personaje unidimensional: el típico chico guapo y superficial.

El problema de Not Okay es su estructura. La primera mitad es ágil y mordaz, pero la segunda se hunde bajo el peso de sus propias consecuencias. El cliffhanger final—Danni publicando una confesión apresurada—carece del impacto emocional que busca. Shephard intenta condenar el culto a la fama, pero lo hace con un mensaje demasiado obvio.

Not Okay es una película dirigida a los millennials y la Generación Z, aquellos que han crecido con las redes sociales y entienden el costo de la visibilidad digital. Shephard no juzga directamente a Danni; en cambio, presenta su historia como un espejo deformante para el público. La película pregunta: ¿hasta dónde llegarías por atención? Pero al hacerlo, a veces se pierde en su propio mensaje.

La dirección de fotografía de Not Okay merece mención especial. Shephard y su equipo usan colores saturados y planos cercanos para capturar la estética de las redes sociales, pero también contrastan con tonos más oscuros cuando Danni enfrenta las consecuencias de sus mentiras. La banda sonora, llena de canciones pop y electrónicas, refuerza el ambiente de la película.

El problema principal de Not Okay es su falta de coherencia tonal. Shephard intenta abarcar demasiado: sátira social, drama psicológico, comedia romántica. El resultado es una película que no logra decidirse entre ser un comentario mordaz sobre la fama o una exploración profunda del trauma y la redención.

Comparada con otras películas recientes sobre el mismo tema, como The Social Dilemma, Not Okay se queda corta en su crítica al sistema. Donde The Social Dilemma ofrece un análisis sistemático de las redes sociales, Not Okay se centra más en la experiencia individual de Danni. Esto no es necesariamente un defecto, pero limita el alcance de su mensaje.

El final de Not Okay es otro punto débil. Después de construir una narrativa compleja sobre la mentira y sus consecuencias, Shephard recurre a un cliffhanger que parece más un intento de generar discusión que de cerrar la historia. Danni publica una confesión apresurada, pero no vemos las repercusiones reales de sus acciones.

A pesar de sus defectos, Not Okay tiene momentos brillantes. La escena donde Danni escribe su artículo viral es uno de ellos: Shephard usa el texto sobreimpreso para mostrar cómo Danni roba palabras de Rowan, revelando la hipocresía detrás de su fama recién adquirida.

En última instancia, Not Okay es una película que intenta decir mucho pero termina diciendo poco. Su crítica a la cultura de las redes sociales es válida, pero se pierde en un tono inconsistente y una estructura narrativa débil. Sin embargo, vale la pena verla por las actuaciones de Zoey Deutch y Mia Isaac, así como por su dirección visual innovadora.

MCM Score: 6.7/10 — craft 2 / story 1 / performances 2 / originality 1 / genre_fit 2

La película tiene momentos de genialidad técnica y actuaciones memorables, pero su ambición narrativa la traiciona. Not Okay es como un post de Instagram: llamativo en el feed, pero vacío al hacer zoom.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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