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Gunpowder Milkshake: un elenco estelar salva la trama débil

Martin Cid
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La escena del diner en «Gunpowder Milkshake» es un torbellino de platos rotos, balas y una mirada infantil llena de confusión: la joven Sam ve cómo su madre, Scarlet, se deshace de unos matones con una mezcla de elegancia letal y desesperación maternal. Es una introducción que promete acción, estilo y un vínculo emocional complicado.

Dirigida por Navot Papushado y coescrita con Ehud Lavski, esta película de 2021 reúne a un elenco estelar: Karen Gillan como Sam, Lena Headey como Scarlet, Chloe Coleman como Emily, Carla Gugino, Michelle Yeoh, Angela Bassett, Paul Giamatti y Ralph Ineson. La trama sigue a Sam, una asesina que se ve obligada a reunirse con su madre y un grupo de colegas letales para proteger a una niña de 8 años de un sindicato del crimen.

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El elenco es, sin duda, el mayor activo de la película. Gillan y Headey tienen química suficiente para vender la relación tensa entre madre e hija. Hay un momento revelador cuando Sam y Scarlet se reencuentran en la armaduría disfrazada de biblioteca: la cámara las enfoca en planos medios, capturando la tensión familiar sin necesidad de diálogos excesivos. Coleman, aunque su papel es más limitado, roba escenas con una mezcla de vulnerabilidad y valentía que recuerda a las heroínas clásicas del cine de acción. El resto del elenco, especialmente Yeoh y Gugino, aportan carisma y experiencia, aunque sus personajes no siempre reciben el desarrollo necesario.

Las coreografías de acción son lo suficientemente creativas para destacar. La secuencia en el bowling alley es un buen ejemplo: la dirección de Papushado juega con ángulos inusuales y ritmo rápido, recordando el estilo visual de John Wick pero con un toque más colorido. Los planos de los bolos volando por los aires y las balas rebotando en las pistas añaden un elemento lúdico que diferencia esta película de otros thrillers de acción más serios.

Sin embargo, la narrativa es predecible. A pesar del elenco talentoso y las secuencias de acción bien coreografiadas, «Gunpowder Milkshake» cae en tropiezos comunes del género. La trama está llena de giros esperados y personajes arquetípicos: el jefe malvado (Paul Giamatti en un papel que podría haber sido más desarrollado), la niña inocente (Emily), y el equipo de heroínas con habilidades sobrehumanas. El ritmo es desigual: la primera mitad avanza con lentitud mientras establece el mundo, pero una vez que arranca, la acción se vuelve frenética sin dar espacio para desarrollar emocionalmente a los personajes.

El humor intentado a veces cae plano. Las interacciones entre Sam y Emily, aunque tienen su momento, no siempre encajan con el tono general de la película. Hay un intento de mezclar comedia y drama que no siempre funciona, especialmente en escenas como la de la doctor que inyecta a Sam con un suero para dejarla incapacitada. El diálogo en estos momentos parece forzado, como si la película estuviera intentando ser algo que no es del todo.

La dirección de Papushado tiene sus aciertos y errores. Visualmente, la película es atractiva, con una estética que recuerda a los cómics de los 80 y un uso inteligente de la iluminación y el color. Sin embargo, la estructura narrativa adolece de una falta de coherencia. Hay saltos temporales y cambios de escenario que no siempre están bien justificados, lo que puede confundir al espectador.

El público objetivo parece claro: los fans del cine de acción estilo Tarantino o John Wick. Aquellos que buscan escenas de lucha coreografiadas con estilo y un elenco femenino fuerte encontrarán en «Gunpowder Milkshake» algo que disfrutar. Sin embargo, los espectadores que esperan una narrativa más profunda o personajes mejor desarrollados pueden quedar decepcionados.

El veredicto es mixto. «Gunpowder Milkshake» tiene momentos brillantes, especialmente en sus escenas de acción y en las interpretaciones de Gillan y Headey. La dirección visual de Papushado es audaz y estilizada, lo que le da a la película un aspecto distintivo. Sin embargo, los problemas de ritmo y narrativa, junto con el humor desigual, impiden que la película alcance su máximo potencial.

La película también aborda temas interesantes como la familia y la redención. La relación entre Sam y Scarlet es el corazón emocional de la historia, explorando temas de abandono y perdón. Hay un momento particularmente conmovedor cuando Sam, después de años de distanciamiento, finalmente abraza a su madre. Este gesto, aunque breve, es potente y añade profundidad a sus personajes. Sin embargo, estos temas no se desarrollan lo suficiente como para elevar la película por encima del nivel de un thriller de acción estándar.

Comparada con otras películas del género, «Gunpowder Milkshake» no alcanza el mismo nivel de coherencia narrativa o desarrollo de personajes que obras como «John Wick» o «Atomic Blonde». Estas películas logran equilibrar la acción con una narrativa sólida y personajes memorables. En cambio, «Gunpowder Milkshake» se queda en un segundo plano, ofreciendo entretenimiento momentáneo pero sin dejar una impresión duradera.

El diseño de producción es otro aspecto destacable. La armaduría disfrazada de biblioteca es un escenario interesante que añade un toque único a la película. Los diseños de armas y los trajes de las heroínas también son notables, contribuyendo al estilo visual general. Sin embargo, estos elementos no siempre se integran perfectamente en la narrativa, a veces sintiéndose más como decorados que como partes esenciales de la historia.

La banda sonora es otro punto fuerte. La música, aunque no siempre memorable, complementa bien las escenas de acción y añade tensión dramática cuando es necesario. Hay momentos en los que la partitura se vuelve casi operística, lo que puede sonar extraño en un thriller de acción, pero en general funciona para mantener el tono de la película.

El guión, coescrito por Papushado y Lavski, tiene sus aciertos pero también sus fallos. Los diálogos entre los personajes a menudo son ingeniosos y bien escritos, especialmente las interacciones entre Sam y Emily. Sin embargo, hay momentos en los que el diálogo parece forzado o innecesario, como en la escena en la que Nathan explica su plan a sus secuaces. Estos momentos rompen la inmersión y distraen del flujo de la narrativa.

La cinematografía es otro aspecto donde la película brilla. La dirección de fotografía captura bien el estilo visual único de Papushado, con una paleta de colores vibrantes y planos dinámicos que mantienen al espectador comprometido. Hay momentos en los que la cámara parece moverse demasiado rápido, pero en general, la cinematografía es un punto fuerte.

La edición también merece mención. El ritmo de la película es irregular, pero la edición logra mantener el flujo de acción sin perder al espectador. Hay algunos saltos temporales y cambios de escenario que podrían haber sido manejados mejor, pero en general, la edición ayuda a mantener el tono y el estilo de la película.

El público objetivo parece claro: los fans del cine de acción estilo Tarantino o John Wick. Aquellos que buscan escenas de lucha coreografiadas con estilo y un elenco femenino fuerte encontrarán en «Gunpowder Milkshake» algo que disfrutar. Sin embargo, los espectadores que esperan una narrativa más profunda o personajes mejor desarrollados pueden quedar decepcionados.

En comparación con otras películas del género, «Gunpowder Milkshake» no alcanza el mismo nivel de coherencia narrativa o desarrollo de personajes. Obras como «John Wick» o «Atomic Blonde» logran equilibrar la acción con una narrativa sólida y personajes memorables. En cambio, «Gunpowder Milkshake» se queda en un segundo plano, ofreciendo entretenimiento momentáneo pero sin dejar una impresión duradera.

El veredicto es mixto. «Gunpowder Milkshake» tiene momentos brillantes, especialmente en sus escenas de acción y en las interpretaciones de Gillan y Headey. La dirección visual de Papushado es audaz y estilizada, lo que le da a la película un aspecto distintivo. Sin embargo, los problemas de ritmo y narrativa, junto con el humor desigual, impiden que la película alcance su máximo potencial.

La película también aborda temas interesantes como la familia y la redención. La relación entre Sam y Scarlet es el corazón emocional de la historia, explorando temas de abandono y perdón. Hay un momento particularmente conmovedor cuando Sam, después de años de distanciamiento, finalmente abraza a su madre. Este gesto, aunque breve, es potente y añade profundidad a sus personajes. Sin embargo, estos temas no se desarrollan lo suficiente como para elevar la película por encima del nivel de un thriller de acción estándar.

El diseño de producción es otro aspecto destacable. La armaduría disfrazada de biblioteca es un escenario interesante que añade un toque único a la película. Los diseños de armas y los trajes de las heroínas también son notables, contribuyendo al estilo visual general. Sin embargo, estos elementos no siempre se integran perfectamente en la narrativa, a veces sintiéndose más como decorados que como partes esenciales de la historia.

La banda sonora es otro punto fuerte. La música, aunque no siempre memorable, complementa bien las escenas de acción y añade tensión dramática cuando es necesario. Hay momentos en los que la partitura se vuelve casi operística, lo que puede sonar extraño en un thriller de acción, pero en general funciona para mantener el tono de la película.

El guión, coescrito por Papushado y Lavski, tiene sus aciertos pero también sus fallos. Los diálogos entre los personajes a menudo son ingeniosos y bien escritos, especialmente las interacciones entre Sam y Emily. Sin embargo, hay momentos en los que el diálogo parece forzado o innecesario, como en la escena en la que Nathan explica su plan a sus secuaces. Estos momentos rompen la inmersión y distraen del flujo de la narrativa.

La cinematografía es otro aspecto donde la película brilla. La dirección de fotografía captura bien el estilo visual único de Papushado, con una paleta de colores vibrantes y planos dinámicos que mantienen al espectador comprometido. Hay momentos en los que la cámara parece moverse demasiado rápido, pero en general, la cinematografía es un punto fuerte.

La edición también merece mención. El ritmo de la película es irregular, pero la edición logra mantener el flujo de acción sin perder al espectador. Hay algunos saltos temporales y cambios de escenario que podrían haber sido manejados mejor, pero en general, la edición ayuda a mantener el tono y el estilo de la película.

En resumen, «Gunpowder Milkshake» es una película de acción con momentos brillantes y un elenco talentoso, pero que adolece de problemas de ritmo y narrativa. La dirección visual de Papushado es audaz y estilizada, pero no siempre se traduce en una experiencia cinematográfica cohesiva.

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Fotos: The Movie Database (TMDB)

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