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*Meskina*: Una comedia romántica que falla en su crítica social

Martin Cid
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La escena inicial de Meskina es un espejo roto: Leyla (Maryam Hassouni) mira su reflejo mientras se arregla para una cita, pero la pantalla del teléfono que sostiene muestra mensajes de su familia cuestionando sus decisiones. Es una imagen poderosa, cargada de ironía y tensión cultural, y define el tono de esta comedia romántica holandesa que intenta ser muchas cosas a la vez: un retrato generacional, una sátira social y un cuento de hadas moderno. Pero Meskina, dirigida por Daria Bukvic, se queda a medio camino entre la intención y la ejecución.

La película sigue a Leyla, una aspirante a autora infantil de treinta y tantos años, etiquetada como «meskina» —pobrecita o caso perdido— por su comunidad moroccan-dutch por estar soltera y sin éxito profesional. La premisa es prometedora: explora las expectativas sociales sobre las mujeres en una cultura que mezcla tradiciones marroquíes con la modernidad europea. Sin embargo, el guión (coescrito por Bukvic, Fadua El Akchaoui y Ernst Gonlag) tropieza con los mismos clichés romcom que critica. Leyla es presentada como una torpe encantadora, pero su caracterización se reduce a tópicos: la escritora frustrada, la hija rebelde, la soltera desesperada.

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Maryam Hassouni lleva el peso de la película sobre sus hombros y lo hace con dignidad, aunque el material no le permite brillar. Su interpretación es sincera, especialmente en las escenas más íntimas con su familia, como cuando confronta a su hermana Amira (Soundos El Ahmadi) o discute con su madre. Pero incluso ella no puede salvar momentos como la escena del café con Rayan (Bilal Wahib), donde el diálogo cae en lo genérico y el humor se siente forzado. Wahib, aunque tiene química con Hassouni, sufre bajo un personaje escrito con trazos demasiado gruesos: el interés romántico perfecto pero sin profundidad.

Donde Meskina falla más es en su estructura. La narrativa salta de un cliché a otro sin coherencia: desde la cita desastrosa hasta el reencuentro con el exmarido, pasando por escenas de comedia que no logran arrancar una sonrisa. La película intenta equilibrar el humor con momentos dramáticos, pero el ritmo es desigual. Las escenas de comedia se sienten apresuradas y superficiales, mientras que los momentos emotivos —como la conversación entre Leyla y su madre— podrían haber sido más profundos si el guión no hubiera optado por soluciones fáciles.

La dirección de Bukvic muestra un esfuerzo genuino por representar a una comunidad infrarrepresentada en el cine holandés. La película ofrece destellos de originalidad, especialmente en la dinámica entre Leyla y su familia, donde se exploran temas como la presión social, las expectativas culturales y la búsqueda de identidad. La escena en la que Leyla confronta a su exmarido es uno de los pocos momentos donde el diálogo cobra vida propia, mostrando un conflicto real y no solo una excusa para avanzar la trama.

Sin embargo, Meskina adolece de una falta de ambición visual. La cinematografía es funcional pero anodina, sin planos memorables que destaquen o refuercen la narrativa. El sonido tampoco aporta mucho: la banda sonora es genérica y no ayuda a construir atmósfera. Incluso los diálogos, aunque a veces ingeniosos, caen en lo predecible. La película intenta ser una sátira social, pero termina siendo demasiado amable con sus personajes para lograrlo.

El público objetivo de Meskina parece claro: jóvenes adultos que buscan una comedia romántica ligera con un toque cultural. Sin embargo, incluso dentro de ese marco, la película tropieza. Los críticos holandeses fueron mixtos en su recepción: algunos señalaron los clichés y la falta de profundidad, mientras que otros aplaudieron el esfuerzo por llegar a un público joven. La película se vendió en su fin de semana de estreno, pero eso no necesariamente indica calidad.

En comparación con otras comedias románticas recientes, Meskina palidece. Películas como Past Lives, que explora temas similares de identidad y amor con mayor profundidad y sensibilidad, la dejan atrás. Incluso dentro del género, Meskina carece de la frescura de títulos como The Big Sick o la originalidad de Crazy Rich Asians.

El final de Meskina es predecible: Leyla encuentra el amor y un propósito, pero no sin antes aprender que no necesita cumplir con las expectativas de los demás para ser feliz. Es un mensaje noble, pero entregado con tanta familiaridad que pierde impacto. La película intenta ser muchas cosas a la vez —una comedia, una sátira, un drama familiar— pero termina siendo ninguna.

En resumen, Meskina es una comedia romántica con corazón pero sin pulso. Tiene momentos memorables y un elenco comprometido, pero se ahoga en clichés y una estructura desequilibrada. La dirección de Bukvic muestra potencial, pero el guión no le hace justicia. Si buscas una película ligera para pasar el rato, Meskina puede ser entretenida.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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