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El misterio se ahoga en su propia confusión

Martin Cid
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La escena del café donde Luciana (Macarena Achaga) confronta al periodista Esteban (Juan Minujín) bajo la luz tenue de una lámpara vieja es el corazón de The Wrath of God (2022). Esta imagen encapsula lo mejor y lo peor de la película argentina dirigida por Sebastián Schindel: una atmósfera envolvente que no logra sostener un relato coherente. Con un elenco liderado por Diego Peretti, Juan Minujín y Achaga, el thriller promete revelar los oscuros secretos detrás de las muertes de los seres queridos de Luciana, pero termina ahogado en su propio misterio.

Luciana trabaja —o trabajaba— como asistente del exitoso escritor Kloster (Peretti), un hombre que se presenta como un genio literario con una vida perfecta. Cuando sus seres queridos mueren en circunstancias sospechosas, Luciana comienza a creer que Kloster está detrás de todo. Con la ayuda de Esteban, periodista en busca de una historia impactante, intenta exponer la verdad. La premisa es intrigante: un thriller psicológico con elementos de drama humano y suspense. Sin embargo, el desarrollo es irregular.

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Schindel construye una atmósfera opresiva desde los primeros minutos. Los planos cerrados y la paleta de colores fríos dominan la película, enfatizando la paranoia de Luciana. La dirección visual funciona bien en las escenas clave, como cuando Luciana revisa documentos en su apartamento oscuro o cuando confronta a Kloster en su mansión impecable. Pero el ritmo deliberado de la película se convierte en un lastre. Schindel parece más interesado en mantener un tono melancólico que en avanzar la trama.

Achaga entrega una actuación convincente, transmitiendo tanto vulnerabilidad como determinación en su búsqueda de justicia. Su interpretación es uno de los pocos elementos redentores de la película. Peretti también destaca como Kloster, un hombre carismático y enigmático que podría ser un villano o simplemente un hombre con secretos oscuros. Sin embargo, el guion no les da suficiente profundidad para explorar completamente sus arcos emocionales.

El mayor problema de The Wrath of God es su final ambivalente. Después de casi dos horas de desarrollo, la película deja preguntas clave sin respuesta, lo que frustra más de lo que intriga. El clímax, que debería ser el punto culminante del thriller, se siente anticlimático. Las actuaciones son sólidas, especialmente las de Achaga y Peretti, pero el guion no les da suficiente material para trabajar.

La banda sonora, aunque adecuada, no eleva los momentos climáticos como podría haberlo hecho. La música es minimalista, lo que refuerza la atmósfera melancólica pero también contribuye a la sensación de estancamiento. El diseño de producción es otro punto fuerte: los interiores oscuros y las locaciones urbanas transmiten una sensación de claustrofobia que se ajusta al tono de la película.

En cuanto a su adaptación al género thriller, The Wrath of God cumple con los requisitos básicos: suspense, giros inesperados y un misterio central. Sin embargo, estos elementos no están bien integrados en el relato general. La película parece más interesada en mantener un tono sombrío que en desarrollar una narrativa coherente.

The Wrath of God (2022) parece dirigida a un público que disfruta de thrillers psicológicos lentos y melancólicos. Sin embargo, su ritmo deliberado y su final ambivalente pueden alienar a los espectadores que buscan una experiencia más emocionante o satisfactoria.

El título The Wrath of God evoca una sensación de juicio divino y castigo inminente, un tema recurrente en la literatura y el cine. La película explora la idea de la venganza como una fuerza motriz para los personajes, particularmente Luciana, cuya búsqueda de justicia se convierte en una obsesión casi religiosa. Esta interpretación del título sugiere que la ira de Dios no es literal, sino una metáfora para la justicia divina que Luciana busca imponer.

La película también aborda el tema de la corrupción y el poder, tanto en el ámbito personal como en el profesional. Kloster, como figura pública exitosa, representa el poder y la influencia, mientras que Luciana, como asistente, es una víctima de ese sistema. La dinámica entre ellos explora las complejidades del poder y cómo puede ser utilizado para manipular y controlar a los demás.

En comparación con otras películas del mismo género, The Wrath of God (2022) se destaca por su enfoque melancólico y atmosférico. Sin embargo, este enfoque también es su mayor debilidad. Películas como Gone Girl (2014) de David Fincher o The Girl on the Train (2016) de Tate Taylor logran mantener un equilibrio entre el suspense y la narrativa, algo que The Wrath of God no logra.

La dirección de Schindel es competente pero carece del pulso narrativo necesario para mantener al espectador enganchado. Su enfoque visual es fuerte, pero la falta de desarrollo en el guion y las actuaciones limitadas por un material poco profundo impiden que la película alcance su potencial completo.

El público objetivo de The Wrath of God (2022) parece ser los amantes del cine independiente y los thrillers psicológicos. Sin embargo, incluso dentro de este nicho, la película puede resultar decepcionante para aquellos que buscan una narrativa más sólida y un final satisfactorio.

En resumen, The Wrath of God tiene momentos brillantes gracias a las actuaciones de Achaga y Peretti, así como a la dirección visual de Schindel. Sin embargo, estos elementos no son suficientes para salvar una narrativa desigual y un final frustrante.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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