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‘Princesa lesbiana del espacio’ convierte la manosfera en alienígenas de combate

Veronica Loop

Una princesa a la que nunca han dejado salir de su planeta es empujada al espacio abierto para rescatar a la ex cazarrecompensas a la que no ha dejado de querer, y las criaturas que las acechan son, sin ninguna distancia metafórica, incels. Esa es la premisa de ‘Princesa lesbiana del espacio’, una comedia de animación australiana que construye una galaxia entera a partir de una guerra cultural muy de internet y no tiene ningún reparo en nombrarla.

La película importa menos por su sinopsis que por su atrevimiento. La mayoría de la comedia comercial trata la política de la manosfera como algo a lo que aludir desde una distancia prudente. Esta convierte la masculinidad radicalizada en la especie antagonista y manda a su protagonista queer a atravesarla. Lo que queda es una historia de madurez disfrazada de persecución espacial, en la que salir de casa y cruzar una galaxia hostil resultan ser el mismo acto de valentía.

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El reparto de voces es una declaración de intenciones más que un reclamo de taquilla. Shabana Azeez es Saira, la princesa enclaustrada; Gemma Chua-Tran pone voz a Willow, la ex por la que merece la pena cruzar una galaxia; Richard Roxburgh aporta gravedad a una Nave sintiente y abiertamente problemática; y la artista drag Kween Kong aparece como Blade. Jordan Raskopoulos y Madeleine Sami dan voz a las dos reinas que gobiernan el hogar sobreprotegido de Saira. Son nombres de la comedia australiana, no estrellas importadas, y la elección dice qué valora la película: textura, tempo y especificidad de la escena queer por encima del brillo.

Leela Varghese y Emma Hough Hobbs escriben y dirigen aquí su primer largometraje, llegando desde el circuito australiano de animación breve y comedia en directo. El acabado dibujado a mano, deliberadamente tosco, de líneas temblorosas y color saturado, es una decisión y no una disculpa por un presupuesto pequeño. Le permite moverse a la velocidad de un chiste y mantener un tono sin domesticar, que es justo el sentido de una comedia tan libre.

Lo que la sostiene es la literalización. La nave manipula. Los villanos reclutan. La princesa tiene que aprender que estar protegida y tener una vida no son lo mismo. Al convertir la radicalización en línea en un lugar por el que te pueden perseguir en vez de un tema que discutir, la película le da cuerpo a su política y diana a sus chistes, y esquiva casi siempre el sermón en el que su premisa podría desmoronarse.

El registro ayuda. Es procaz, veloz y sin vergüenza, más cerca de la animación adulta que del cine de mensaje que su tema suele atraer. Los chistes son sucios cuando quieren y sinceros cuando toca, y la columna emocional, una joven que aprende que quienes la mantenían pequeña no eran los mismos que la mantenían a salvo, se juega en serio bajo el caos. Ese desdoblamiento de tono es lo más difícil que intenta, y es lo que la separa de un sketch estirado a largometraje.

Nada de eso garantiza que supere su propio listón. Un motor de ochenta y siete minutos sostenido en buena parte por gags y referencias tiene que seguir encontrando marchas nuevas, y la estética rugosa le parecerá a algunos limitación antes que estilo. El título es su propia apuesta, imán para el público que busca y filtro para el resto, y una comedia tan específica corre el riesgo de predicar a los ya convencidos. Que la sátira muerda o solo halague depende de cuánto se atreva a empujar la segunda mitad.

La financiación cuenta su propia historia. La respaldaron Screen Australia y la South Australian Film Corporation, la produjo We Made a Thing Studios y Umbrella Entertainment la llevó a los cines australianos antes de pasar al streaming en su país. Ha pasado una larga temporada en el circuito internacional, de la sección joven de la Berlinale a Annecy, el SXSW de Londres, Karlovy Vary y Melbourne, acumulando la buena voluntad que la animación pequeña e identitaria necesita para ganarse un estreno fuera de sus fronteras.

‘Princesa lesbiana del espacio’ llega a los cines británicos el 19 de junio, con una duración de ochenta y siete minutos. En España no hay por ahora un estreno comercial confirmado, aunque la película ha recorrido buena parte del circuito europeo de festivales. Es la rara comedia de animación dispuesta a nombrar aquello que satiriza y a construir un mundo entero alrededor.

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