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The Translators»: un thriller con momentos brillantes pero premisa agotadora

Martin Cid
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Imagina un búnker de lujo convertido en una jaula dorada donde nueve traductores, cada uno portando fragmentos de un manuscrito explosivo, se convierten en peones de un juego mortal. The Translators (2019), dirigida por Régis Roinsard, es un thriller de misterio que explora las tensiones entre el arte y el comercio, la lealtad y la traición, todo bajo la premisa de una carrera contra el tiempo para evitar un desastre literario. Con un elenco internacional y un escenario claustrofóbico, la película promete más de lo que finalmente cumple, aunque no sin algunos momentos memorables.

La trama gira en torno a la traducción del último volumen de la trilogía Dedalus, un éxito global cuyo autor, Oscar Brach, es una figura enigmática. Los traductores, seleccionados por su dominio de idiomas clave, son encerrados en un búnker subterráneo bajo la supervisión del publisher Éric Angstrom (Lambert Wilson). La premisa es intrigante: ¿qué mejor escenario para un thriller que un grupo de lingüistas, expertos en palabras y significados, atrapados en una red de mentiras y secretos? Roinsard aprovecha este concepto para explorar temas como la identidad, el poder de las palabras y la corrupción del arte por el dinero.

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Donde The Translators acierta es en su atmósfera. El diseño de producción del búnker es impecable: espacios minimalistas pero lujosos que reflejan la paradoja de la prisión dorada. La cinematografía, con planos cerrados y ángulos inquietantes, intensifica la claustrofobia. La elección de encuadre en la escena del suicidio de Helene Tuxen (Sidse Babett Knudsen) es particularmente efectiva: Roinsard usa el encuadre para sugerir aislamiento antes de que ocurra el acto, un detalle que añade peso emocional sin caer en lo explícito. La dirección de arte y la fotografía trabajan en conjunto para crear una sensación de opresión constante, recordando al espectador que estos personajes están atrapados no solo físicamente, sino también emocionalmente.

El elenco internacional es uno de los puntos fuertes de la película. Olga Kurylenko como Katerina Anisinova y Alex Lawther como Alex Goodman destacan por su capacidad para transmitir complejidad emocional en escenas cargadas de tensión. Kurylenko, en particular, logra equilibrar vulnerabilidad y determinación, mientras que Lawther roba cada escena con una mezcla de ingenio y rabia contenida. Sin embargo, muchos otros miembros del elenco quedan reducidos a arquetipos: el griego Konstantinos Kedrinos (Manolis Mavromatakis) como el arrogante, el chino Chen Yao (Frédéric Chau) como el reservado. Estos personajes secundarios, aunque necesarios para la trama, carecen de desarrollo suficiente, lo que debilita la narrativa general.

El mayor problema de The Translators es su ritmo. La primera mitad se extiende demasiado en diálogos expositivos sobre el proceso de traducción, un tema fascinante pero mal integrado. La película parece más interesada en explicarnos los detalles técnicos de la traducción que en desarrollar la tensión dramática. Cuando finalmente la trama despega —con la publicación ilegal de páginas del libro y las amenazas— ya es tarde para algunos espectadores. La primera mitad podría haber sido recortada para permitir un desarrollo más ágil de la historia.

El guion también comete el error de confiar demasiado en giros predecibles. El «gran secreto» de Goodman, que no sorprenderá a nadie familiarizado con el género, y la resolución de Angstrom carecen de originalidad. Comparado con Knives Out, que maneja un elenco similar con más agudeza y giros inesperados, The Translators se queda corto. La película intenta emular el estilo de un whodunit clásico, pero sus intentos resultan forzados y poco convincentes.

A pesar de estos problemas, hay momentos brillantes. La secuencia del tiroteo en el búnker es tensa y bien coreografiada, y la revelación final —con Goodman visitando a Angstrom en prisión— funciona gracias al duelo verbal entre Wilson y Lawther. Estas escenas demuestran que Roinsard tiene un ojo para la dirección de actores y una habilidad para crear momentos de alta tensión. Sin embargo, no son suficientes para elevar la película por encima de lo mediocre.

The Translators es una película dirigida a un público específico: los amantes del thriller de misterio clásico y aquellos interesados en el mundo de la traducción y la literatura. Para los espectadores casuales, puede resultar demasiado lenta y predecible. La película tiene ambición pero le falta pulso narrativo. Roinsard demuestra habilidad técnica, especialmente en la construcción de atmósfera y tensión, pero el guion y el desarrollo de personajes no están a la altura.

En última instancia, The Translators es un thriller de misterio que promete más de lo que cumple. Con una dirección competente pero un guion desigual, la película se queda atrapada entre su deseo de ser un whodunit inteligente y su necesidad de mantener un ritmo constante.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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