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Los Voyeurs te atrapa en su propia trampa y te hace cómplice del deseo ajeno

Michael Mohan dirige con pulso firme este homenaje al thriller erótico de los noventa.
Martha O'Hara
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La escena de apertura de Los Voyeurs es tan directa como un puñetazo: Pippa y Thomas, una pareja joven y recién mudada a su apartamento en Montreal, descubren que sus ventanas dan directamente al dormitorio de los vecinos. Lo que comienza como una curiosidad inocente se convierte rápidamente en obsesión cuando presencian el tenso vínculo entre Seb (Ben Hardy) y Julia (Natasha Liu Bordizzo). Sydney Sweeney, con una mirada que oscila entre la fascinación y la lujuria, ancla esta premisa audazmente erótica.

Michael Mohan dirige este thriller con un estilo que no disimula su filiación con el cine erótico de los años noventa, evocando La ventana indiscreta pero con un giro contemporáneo. La decisión de filmar en Montreal le da a la película una atmósfera fría y distanciada, perfecta para narrar la deshumanización gradual de sus personajes. El diseño de producción es meticuloso: los apartamentos minimalistas, las luces tenues y los detalles como el comedero para pájaros —un regalo del jefe de Pippa— refuerzan la sensación de vigilancia constante.

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Donde Los Voyeurs brilla es en su capacidad para mantener al espectador enganchado a través de una tensión sexual bien construida. La escena en la que Pippa y Thomas usan un puntero láser para escuchar las conversaciones de sus vecinos es particularmente ingeniosa, combinando tecnología casera con el voyeurismo clásico. Sweeney está en estado de gracia: su Pippa transita de la curiosidad al vértigo sin que se note ninguna costura, y la espiral de obsesión y culpa que habita tiene una lógica implacable. Justice Smith, por otro lado, ofrece un contrapunto más débil: su personaje, Thomas, es el típico interés romántico indeciso, y Smith no logra darle profundidad emocional suficiente.

Sin embargo, el guion tropieza con sus propios pies cuando intenta resolver la trama. El giro final —la muerte de Julia— se siente forzado y poco convincente, como si Mohan hubiera optado por el impacto fácil en lugar de una resolución orgánica. La revelación de que Seb es un fotógrafo conocido añade capas interesantes, pero llega demasiado tarde para salvar la narrativa. El diálogo, además, cae a veces en lo ridículo, especialmente durante las discusiones entre Pippa y Thomas.

El mayor problema de Los Voyeurs es su incapacidad para desprenderse de sus referentes. A pesar de los esfuerzos de Mohan por actualizar el género, la sombra de sus predecesores resulta demasiado alargada: hay ecos de Eyes Wide Shut, Body Double e incluso Gone Girl. La película tiene momentos brillantes —como la secuencia en el spa, donde la amistad entre Pippa y Julia cobra una textura genuina— pero no logran compensar una estructura narrativa más preocupada por el erotismo que por la coherencia emocional.

En términos técnicos, la fotografía es sólida pero nunca excepcional. Los planos cerrados en los rostros de Sweeney durante sus momentos de mayor vulnerabilidad son efectivos; sin embargo, la película carece de una firma visual distintiva. La banda sonora, aunque funcional, tampoco logra elevar las escenas clave al nivel que merecerían.

Los Voyeurs es un thriller erótico competente pero olvidable. Tiene suficientes momentos de tensión y deseo para mantener al espectador entretenido, pero sus fallos en el guion y la ejecución final lo dejan corto como experiencia memorable.

Lo más revelador que hace la película es su tratamiento del deseo femenino. Pippa no es una voyeur pasiva: desde la primera noche en el apartamento, cuando Thomas se queda dormido y la deja frustrada, su mirada hacia el otro lado de la calle es también una búsqueda de algo que le falta en casa. Mohan tiene la inteligencia de no moralizarlo. Cuando Pippa finalmente acaba en la cama con Seb —el hombre que ha estado observando durante semanas—, la escena no es un castigo ni una fantasía sin consecuencias: es las dos cosas a la vez, y el malestar que genera es el logro genuino de la película.

Hay también algo lúcido en el modo en que el film piensa el voyeurismo como metáfora de la vida en pareja. Seb es fotógrafo profesional; su existencia entera está construida alrededor de fabricar imágenes. No es casualidad que su relación doméstica funcione con la misma lógica: proyección hacia afuera, vacío hacia adentro. Pippa, entretanto, representa a Thomas una versión de sí misma que ya no reconoce. Mohan deja que ese paralelismo trabaje solo, sin subrayarlo, y es en esos momentos de contención donde la película resulta más afilada de lo que parece.

En última instancia, Los Voyeurs sabe exactamente qué quiere ser —un thriller erótico que provoca y entretiene— pero no del todo cómo serlo con plena coherencia. Sweeney carga con el peso de lo que el guion en parte desperdicia, y lo hace con suficiente precisión para que merezca la pena.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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