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Metal Lords: autenticidad metalera ahogada en convencionalismo

Martin Cid
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La escena en la que Kevin Schlieb, el batería introvertido de Metal Lords, se enfrenta a su primer solo improvisado en una boda es un momento de pura electricidad cinematográfica. La cámara captura la tensión en sus manos sudorosas y los ojos desorbitados de los invitados mientras el ritmo de la batería de Kevin transforma una canción pop en algo salvajemente metalero. Es aquí donde Metal Lords (2022), dirigida por Peter Sollett, muestra su mejor carta: la autenticidad.

La película sigue a Hunter Sylvester y Kevin Schlieb, dos adolescentes marginados que sueñan con ganar el concurso Battle of the Bands y convertirse en leyendas del metal. Con un guión de D.B. Weiss —conocido por Game of Thrones— y la producción ejecutiva de Tom Morello, guitarrista de Rage Against the Machine, cuyo aporte musical añade credibilidad al proyecto, Metal Lords tiene todas las piezas para ser una comedia adolescente memorable. Sin embargo, se queda a medio camino entre lo genuino y lo convencional.

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El filme explora temas universales como la amistad, la identidad y la búsqueda de pertenencia, pero envueltos en el contexto del metal. Hunter (Adrian Greensmith) es el líder carismático pero problemático, mientras que Kevin (Jaeden Martell) es el corazón sensible del dúo. Su dinámica recuerda a clásicos como Bill & Ted’s Excellent Adventure y Almost Famous, aunque con un enfoque más oscuro y contemporáneo. La película se dirige claramente a los amantes del metal y a los adolescentes que se sienten fuera de lugar, pero su mensaje es lo suficientemente amplio para resonar con cualquier espectador que haya soñado con ser diferente.

Lo que funciona es la química entre Martell y Greensmith. Sus diálogos cargados de referencias metaleras —desde discusiones sobre bandas clásicas hasta debates sobre el verdadero espíritu del género— son el corazón del filme. La escena en la que Hunter roba la tarjeta de crédito de su padrastro para comprar equipo musical es un ejemplo perfecto de cómo el humor se mezcla con la desesperación adolescente. Además, Isis Hainsworth como Emily aporta una dulzura necesaria, aunque su arco narrativo se siente algo predecible.

Sin embargo, Metal Lords tropieza en su estructura. El primer acto es demasiado lento, cargado de escenas cotidianas que no añaden mucho al desarrollo de los personajes. La subtrama del rehab de Hunter, aunque interesante —especialmente por la aparición de Brett Gelman como el Dr. Sylvester—, llega tarde y se resuelve con un final precipitado. La película también sufre de algunos giros excesivamente dramáticos, como la pelea entre Hunter y Kevin, que parecen más forzados que orgánicos.

A nivel visual, Sollett opta por planos cercanos y colores saturados que refuerzan el tono adolescente, pero a veces estos recursos se sienten repetitivos. La banda sonora es otro punto fuerte, con las canciones de Morello elevando las escenas clave, aunque la edición musical podría haber sido más audaz en momentos de transición. Por ejemplo, la secuencia del concierto final tiene un buen ritmo, pero falta una transición más fluida entre las actuaciones y los momentos dramáticos.

La película también cae en algunos clichés del género teen. La historia de amor entre Kevin y Emily, aunque bien actuada, sigue el arco típico de «chico tímido conoce a chica inteligente». Además, la rivalidad con Clay Moss (Noah Urrea) y su banda Mollycoddle se siente un poco genérica, aunque Urrea aporta un toque de humor necesario.

En comparación con otras películas del mismo género, Metal Lords no alcanza el nivel de obras como School of Rock o Almost Famous, pero ofrece suficientes momentos memorables para mantener al espectador enganchado. La dirección de Sollett es competente, aunque a veces falta una visión más distintiva. El guión de Weiss es sólido en los diálogos, pero la narrativa podría haber sido más pulida.

A nivel actoral, Martell y Greensmith destacan por su química y sus interpretaciones convincentes. Hainsworth también tiene buenos momentos, especialmente en las escenas con Kevin. Sin embargo, algunos personajes secundarios, como Kendall (Analesa Fisher) y Lisa Randall (Michelle Mao), se sienten subutilizados.

Metal Lords no reinventa la rueda del cine juvenil, pero ofrece suficientes momentos memorables para mantener al espectador enganchado. Es una película sobre la amistad, el sueño y la identidad, envuelta en un paquete metalero que atraerá a los fans del género.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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