Cine

Misión Panamá tiene una invasión real entre manos y la disuelve en montaje

Veronica Loop

Hay una película más afilada escondida dentro de Misión Panamá, y es justo de la que Mark Neveldine no deja de apartar la cámara. El punto de partida le entrega a la producción un acontecimiento histórico de verdad —una potencia a punto de entrar en un país soberano— y la cinta lo trata como decorado de fondo de un encargo cualquiera de venta de armas. Ese es el problema central, y ninguna cantidad de movimiento lo disimula.

Cole Hauser es James Becker, un exmarine en duelo al que un contratista de defensa saca del retiro. Ese contratista, Stark, lo interpreta Mel Gibson en un puñado de escenas que funcionan más como reclamo de cartel que como personaje. El trabajo de Becker parece sencillo sobre el papel: viajar al sur, cerrar un trato de armas y no hacer preguntas. Las preguntas llegan igual, porque el país en el que aterriza está a pocas semanas de una invasión norteamericana en toda regla.

https://www.youtube.com/watch?v=O_FWx79_GNs

Un director peleado con su propio material

Neveldine se hizo un nombre con las películas de Crank, donde el desasosiego era el chiste y el motor a la vez. Aquí ese mismo instinto juega en contra de la historia. Cortes rápidos, zooms bruscos y una banda sonora que no deja de empujar al espectador hacia una emoción que las escenas no se han ganado. El resultado agota más de lo que impulsa, y aplana los pocos momentos que podían haber sostenido una tensión real.

‘Panama’ podría ser más divertida (…), pero en su mayor parte es un montón de montaje frenético.

Amy Nicholson, The New York Times

El reparto

Hauser, en plena ola de Yellowstone, sostiene la función con la solvencia curtida que el papel pide, y es lo más interesante que hay en pantalla. Gibson hace lo que hace el Gibson de esta etapa en estos thrillers financiados por contratistas: presta su rostro al cartel, despacha un par de escenas con autoridad y deja que el nombre haga el resto. A su alrededor, los contactos locales, el interés amoroso y los matones de medio pelo aparecen como tipos sacados de un videoclub de los años ochenta más que como personajes con algo en juego.

Mel Gibson
Mel Gibson en el estreno de “We Were Soldiers”, Mann’s Village Theater, Westwood. Depositphotos

Es la clase de thriller de acción instantáneamente desechable que lleva su cinismo en la manga mientras se esfuerza por llamar la atención con escenas rápidas.

Joe Leydon, Variety

Una invasión real, apenas rozada

La invasión de Panamá de 1989 no fue una nota a pie de página. El presidente George H. W. Bush envió a más de veinte mil soldados para derrocar a Manuel Noriega en la Operación Causa Justa, una intervención que reconfiguró el istmo y la posición de Estados Unidos en la región. Para una película que pone esa maquinaria en su título y en su tercer acto, Misión Panamá resulta llamativamente poco curiosa al respecto. La política es atrezo, y la lección moral que Becker no para de prometer no cuaja porque la cinta no se detiene lo suficiente para sostenerla.

La nota

Y, aun así, no es infumable. Las escenas de acción están rodadas con la solvencia justa para llenar noventa y cinco minutos, y en algún punto asoma un thriller más seco y más sucio que un director más paciente habría encontrado. Tal como se estrenó, Misión Panamá es una oportunidad perdida disfrazada de película ocupada: la prueba de que un buen tema no vale nada si la película va demasiado acelerada para mirarlo.

Dirección

Mark Neveldine

Mark Neveldine

Reparto

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