Cine

Monica Bellucci gana en Locarno el premio a la mejor interpretación por el papel que renuncia a su belleza

La actriz más fotografiada del cine italiano se lleva el máximo galardón de interpretación de Locarno por 'Ketticè', dando vida a una madre que ha dejado de cuidarse.
Camille Lefèvre

Durante gran parte de su larga carrera, Monica Bellucci ha sido filmada como una imagen antes de que se la contemplara como actriz: un rostro que la cámara adoraba, a veces a costa de la mujer que había detrás. El premio que se lleva de Locarno invierte ese orden, y merece la pena detenerse a pensar por qué.

Ha ganado el premio a la Mejor Interpretación del festival, el máximo galardón interpretativo de la competición oficial y que ahora se concede sin distinción de género, por Ketticè, de Giovanni Tortorici, una película producida por Luca Guadagnino. Es uno de los papeles menos glamurosos que ha aceptado jamás. Y precisamente ahí radica lo que defiende su interpretación.

Bellucci interpreta a la madre de un adolescente apático en el seno de una familia aristocrática siciliana, una mujer erosionada por el papel que la sociedad le ha asignado. «Es una mujer que ha olvidado su feminidad», ha dicho sobre el personaje. «No se cuida. Y cuando habla, grita». La describió como «la víctima de un rol social», alguien que trata de «compensar esa frustración devorando aperitivos».

Para una actriz cuyo estrellato se construyó sobre lo contrario —la elegancia, la compostura, la mirada sostenida—, elegir habitar ese desmoronamiento constituye la esencia misma del trabajo. «Fue interesante interpretar un papel diferente», dijo Bellucci, «porque esta esposa y madre nos habla de la frustración que se esconde tras toda la perfección de la sociedad». El premio sugiere que el jurado escuchó esa frase bajo los gritos.

Vista a través de su filmografía, la victoria parece menos un giro que una corrección. Bellucci empezó como modelo de moda y, durante años, fue elegida por su apariencia: la consagración de Malèna, la audacia de cine de autor de Irréversible, de Gaspar Noé, su papel de Perséfone en las secuelas de Matrix, su entrada en la franquicia Bond como su protagonista femenina de mayor edad. La cámara no dejaba de llegar a la misma conclusión sobre ella. Ketticè se niega a trazarla. La interpretación deja caer la superficie, y un festival que este año presentó su programación como aventurera resultó ser el lugar adecuado para advertirlo.

También importa quién respaldó el presupuesto. Tortorici es un joven director italiano; Guadagnino, como productor, ha adquirido la costumbre de orientar a cineastas italianos emergentes hacia exactamente el tipo de estudio de personaje sin sentimentalismos que se ha acusado al cine comercial italiano de abandonar. Bellucci calificó a Tortorici como un director «que sabe exactamente lo que quiere» y el resultado como «una película muy personal y realmente única». Su premio se lee, discretamente, como un voto por ese ecosistema: por la pequeña película italiana, sin concesiones, frente a la concebida para la exportación.

El gran titular de la noche estaba en otra parte. El Leopardo de Oro fue para el director rumano Florin Şerban por You Don’t Belong Here, su primer largometraje en ocho años y un recordatorio de que la Nueva Ola Rumana sigue aportando a Locarno su seriedad moral: un drama de padre e hijo construido, en palabras de Şerban, como «un retrato de una forma de ver el mundo que quizá esté desapareciendo». Kim Min-hee compartió el premio a la Mejor Interpretación por Nowhere to Lay My Eyes, de Hong Sang-soo, que también obtuvo el premio a la Mejor Dirección, y el Premio Especial del Jurado fue para The Riverbank. Bellucci competía por su galardón; no lo juzgaba. El jurado, presidido por el cineasta belga Fabrice Du Welz, deliberó en la 79.ª edición de un festival que se celebra cada agosto junto al lago Maggiore, donde el Leopardo de Oro está dotado con 75.000 francos suizos que se reparten entre el director y el productor de la película.

Si el resto de la industria está escuchando, la lección es incómoda y precisa: el rostro más rentable del cine italiano acaba de ser reconocido por hacerse irreconocible.

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