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Nuevos ricos: una comedia de estafadores con química de sobra y guion de menos

Julien Royal dirige en 2023 a Nassim Lyes y Zoé Marchal en un juego de engaños mutuos.
Martha O'Hara
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La película arranca con una timba. Youssef (Nassim Lyes) vive de vender historias, pero el negocio de bolsos de diseño en el mercado negro ya no da para mucho. Se sienta a una mesa de póquer clandestina que regentan dos hermanos, deja su Rolex como garantía y sigue perdiendo. Estalla una pelea. Youssef, que hasta entonces parecía un hombre cuya única arma era la labia, resulta saber defenderse con los puños y huye antes de acabar malherido. Según cuenta Cinema Express, esa misma noche se cruza con una mujer escandalosa que se burla de su manera de jugar y que, además, también ha estafado a los dueños del local. Con esa apertura, Nuevos ricos (All-Time High en su título internacional), la película de Julien Royal, fija sus reglas: aquí todo el mundo lleva un truco en la manga y nadie se fía de nadie.

La premisa es sencilla. Un estafador sin un euro y una mujer con una fortuna en criptomonedas congenian, y la película juega a que ella sea el objetivo soñado de él mientras él puede ser el de ella. Cinema Express la tilda de tópica y, aun así, de visionado bastante entretenido. Suscribo las dos mitades de la frase. Nada del argumento es nuevo, y la película parece saberlo, porque invierte su energía en el tono. Ready Steady Cut habla de una mezcla de acción, comedia, romance y drama, y esa es la impresión que deja a lo largo de sus 102 minutos: ninguno de los cuatro géneros cede del todo el mando a los demás.

Lo que mejor funciona es el romance. Lyes y Zoé Marchal, que interpreta a Stéphanie, forman una pareja improbable y la película lo aprovecha. Cinema Express destaca la química entre ambos como lo que de verdad mantiene el interés, y el mejor ejemplo está en la escena del supermercado. Stéphanie suelta de corrido cuánto valdrá cuando venda sus criptomonedas y, a la hora de pagar, monta un numerito porque no le llega para la compra, de modo que Youssef acaba cubriendo casi todo el gasto. El hombre que cree desplumar a una rica termina pagándole la cesta. Nunca queda claro quién se enamora de quién, ni si la ternura es otra función más del montaje, y esa duda es lo que mueve la película. Genera más tensión que cualquier persecución.

Lyes interpreta a un hombre con varios nombres: Youssef para el espectador y Thiago en el mundo de su novia. Según Ready Steady Cut, las pequeñas estafas con las que mantiene las apariencias ante ella empiezan a venirse abajo, y la máscara acaba cayéndose, y con estrépito. La misma crítica lo describe como un personaje hortera, no encantador, y sostiene que Lyes lo borda con naturalidad. Me parece una elección acertada: Youssef es un vendedor al que el barniz se le ve desde lejos, y un actor demasiado seductor habría estropeado el retrato. Ready Steady Cut aplaude su manera de soltar los chistes en la escena en la que confiesa a su novia quién es y qué aspecto tiene, y ahí el disfraz deja de ser un chiste y asoma el hombre de debajo. Cinema Express es menos generosa: el timing cómico de Lyes funciona a ratos, dice, pero el guion no está a su altura. Es una objeción justa. Hay tramos en los que el actor va por delante de las frases que le han dado.

Marchal tiene el papel más difícil. Ready Steady Cut define a su Stéphanie como neurótica, aparentemente tranquila y por dentro insegura, y la actriz sostiene esa contradicción sin inclinarse hacia ninguno de los dos extremos. La Stéphanie que presume de fortuna en una frase y monta un escándalo por la compra en la siguiente podría haber sido dos chistes distintos; Marchal consigue que sea una sola mujer. Nunca la interpreta como una víctima, y eso importa, porque evita que la estafa corra en una sola dirección.

El humor es otra cuestión. La película se apoya en el slapstick y la comedia screwball: Ready Steady Cut menciona muchos gritos, mucho movimiento físico y situaciones desmesuradas, con personajes que se desquician justo cuando más intentan tener sentido. Cuando funciona, hay vida. Pero Cinema Express advierte de que el humor se esfuerza sin descanso y acaba siendo innecesariamente grosero, y es difícil llevarle la contraria. Los chistes que dependen del volumen se gastan en minutos; los que nacen de la vanidad herida de Youssef aguantan mucho mejor.

Hay un terreno en el que la película rinde más de lo habitual en una comedia de este tamaño. Cinema Express señala la necesidad de Youssef de pertenecer a la liga de los ricos, que se ve en casa de su adinerada novia, donde el padre y el hermano de ella ridiculizan su aire llamativo y su afán de compensar. Esa burla dice más sobre el dinero que cualquier diálogo explícito. A Youssef le importa menos el dinero que las salas a las que da acceso, y son justo las salas donde se ríen de él.

El punto débil es la trama. Ready Steady Cut confiesa que se preguntaba adónde iba la historia y cuál era el sentido de todo aquello, y que, siendo ambos protagonistas mentirosos compulsivos, resulta difícil distinguir qué pretenden, hasta el punto de parar para prepararse un té. Cinema Express llega a un sitio parecido por otro camino y culpa al guion de no seguir el ritmo de su protagonista. Es el riesgo estructural de este tipo de cine. Cuando los dos protagonistas mienten en cada escena, el espectador no tiene un punto fijo con el que medir un giro, y las sorpresas dejan de sentirse como tales. Ready Steady Cut reconoce, sin embargo, que el guion está bien escrito, que nos mantiene ocupados descifrando a los personajes y que el ritmo no decae. La película avanza; lo que no siempre dice es hacia dónde.

Las peleas merecen mención aparte. Ready Steady Cut las describe como correctas, bien coreografiadas y bastante violentas, algo que no esperaba, y dice que aportaron un componente de acción serio que empujaba la narración. Yo lo matizaría un poco. Son una buena sorpresa, y la pelea en el garito de póquer demuestra que la boca de Youssef está lejos de ser su único recurso, pero también dificultan que el tono se asiente. Una película que quiere que nos riamos de la máscara caída de un tipo no siempre encaja bien con una paliza.

El reparto secundario es amplio y bullicioso. Adrien Essamir hace de Papillon, Yousef Ramal es Parpaing, Yovel Lewkowski interpreta a Yaël, Yassine Stein es Zak y Eric Cullet es Camion. Con apodos como esos, el ambiente es el de un barrio de timadores de poca monta, y Royal no se molesta en disimularlo; Movie Nation habla, en la misma línea, de un submundo animado de buscavidas y marginados. Hakim Jemili, Ciryl Gane y Adèle Exarchopoulos se interpretan a sí mismos. Esa galería de personajes con mote es lo que da a Youssef un entorno creíble: un hombre que vive de la apariencia necesita a su alrededor gente que también viva de ella.

El final es intenso pero sentido, según Ready Steady Cut, y cierra el círculo: el timador acaba siendo timado, aunque de una manera que no se espera. No voy a contar los detalles. Tras tantas escenas de farol, da gusto que la película por fin se comprometa con algo, y la nota sentimental funciona mejor de lo que la grosería anterior hacía suponer.

Nuevos ricos mezcla acción, comedia, romance y drama sin decidir cuál manda, y el tono lo paga a ratos. A cambio hay una pareja protagonista que funciona, un puñado de buenas secuencias y una burla de clase que pega más fuerte de lo que la película parece advertir. El humor, en cambio, es tosco, y la historia se enreda en sus propias mentiras. Compensa por Lyes, por Marchal y por la escena del supermercado; de lo demás quedan sobre todo los gritos.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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