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Overhaul: acción frenética, pero trama sin chispa

Alice Lange
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Imagina la escena: un camión de carga, un motor rugiendo, y Thiago Martins al volante, sudor frío en la nuca mientras esquiva tráfico a toda velocidad. Así comienza Overhaul (2023), el thriller de acción dirigido por Tomás Portella que promete adrenalina desde su primer plano. La premisa es sencilla pero efectiva: Roger Mattos (Martins), un piloto de camiones de carreras que lo ha perdido todo, recibe una oferta tentadora y peligrosa para convertirse en conductor de fuga para una banda de ladrones. El problema no es la idea, sino cómo se ejecuta.

Portella demuestra un ojo visual interesante, especialmente en las secuencias de acción. La persecución en camión a mitad del filme es el punto álgido técnico: planos subjetivos que te hacen sentir el volante entre tus manos, cortes secos y un sonido envolvente que no deja respirar. Es aquí donde Overhaul brilla—en la pura artesanía de poner un vehículo en movimiento y hacer que el espectador lo sienta. La dirección de fotografía capta la esencia del caos controlado: luces de neón reflejadas en el asfalto, polvo levantado por las ruedas traseras, y una paleta de colores que oscila entre el rojo sangre y el negro profundo. El problema es que el resto del filme no mantiene ese nivel. La dirección se vuelve predecible: los diálogos expositivos, las transiciones forzadas entre escenas, y una banda sonora genérica que no eleva la tensión sino que la ahoga.

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El reparto tiene momentos destacados, pero también inconsistencias. Thiago Martins carga con el peso emocional del filme y lo hace decentemente, aunque su arco es tan predecible como un manual de autoayuda. Roger Mattos es el típico antihéroe redimido por el amor y la pérdida, un personaje que hemos visto demasiadas veces en el cine de acción. Sheron Menezzes, en doble rol como Rainha/Débora, roba escenas cada vez que aparece, especialmente en los momentos más crudos del guion. Su interpretación es visceral, llena de matices que contrastan con la rigidez de Martins. Sin embargo, Raphael Logam como Danilo y Milhem Cortaz como Fumaça/Smokey quedan reducidos a arquetipos: el líder carismático y el matón silencioso, respectivamente. Evandro Mesquita (Odilon) y Paulo Vilhena (Afonso) apenas tienen espacio para destacar, aunque Mesquita logra transmitir una cierta presencia amenazante en sus breves apariciones.

El mayor pecado de Overhaul es su estructura. La primera mitad se arrastra con exceso de diálogo y falta de ritmo, mientras que la segunda acelerona abruptamente hacia un clímax previsible. El guion podría haber beneficiado de una poda más agresiva: varias subtramas (como el romance fallido entre Roger y Bárbara, interpretada por Vitória Valentin) no aportan nada sustancial a la narrativa principal. La relación entre Roger y Bárbara se siente forzada, introducida sin desarrollo previo y resuelta con un final abrupto que parece más un recurso narrativo que una consecuencia orgánica de los eventos.

Donde Overhaul sí innova—y esto es loable—es en su enfoque cultural. Portella no intenta disfrazar sus raíces brasileñas bajo un manto hollywoodense. Las calles de Río, los diálogos coloquiales y hasta el uso de música local dan autenticidad a la historia. Es un acierto que le da identidad propia frente a otros thrillers de acción genéricos. La película explora temas universales como la redención y la familia, pero lo hace desde una perspectiva única. La dinámica entre Roger y los miembros de la banda, por ejemplo, refleja las tensiones sociales y económicas de Brasil, añadiendo una capa de profundidad que va más allá del simple entretenimiento.

El filme también destaca en su representación de la clase trabajadora brasileña. Los personajes no son simples herramientas narrativas; tienen sueños, miedos y contradicciones. Fumaça/Smokey, por ejemplo, no es solo un matón sin cerebro, sino un hombre atrapado en un ciclo de violencia del que desea escapar. Esta complejidad narrativa es refrescante en un género que a menudo simplifica sus personajes para servir a la trama.

Sin embargo, Overhaul no está exenta de problemas técnicos. La edición podría haber sido más pulida: algunas transiciones son abruptas y otras escenas se alargan innecesariamente. El montaje parece tener prisa por llegar al clímax, dejando atrás momentos que podrían haber enriquecido el desarrollo de los personajes. La banda sonora, aunque funcional, carece del impacto emocional necesario para elevar las escenas clave.

En comparación con otros thrillers de acción recientes, Overhaul se sitúa en un terreno intermedio. No alcanza la profundidad narrativa de The Killer (2023) de David Fincher, pero tampoco cae en los excesos de Madame Web (2024). Su mayor fortaleza es su autenticidad cultural, algo que la distingue de producciones más genéricas. Sin embargo, su debilidad radica en su estructura narrativa y en la falta de desarrollo de sus personajes secundarios.

A quién va dirigida Overhaul? Principalmente a los fans del cine de acción brasileño que buscan algo más allá de los clichés hollywoodenses. También atraerá a quienes disfrutan de historias sobre redención y familia, aunque esperen un final más satisfactorio. No es una película para todos, pero tiene suficiente corazón y acción para justificar su existencia.

Al final, Overhaul es una película con momentos brillantes pero atrapada en su propia ambición. Portella demuestra potencial como director de secuencias de acción, pero necesita pulir su narrativa y confianza en el material.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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