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Próxima: Eva Green en el cine espacial que pone el amor por delante de la misión

Veronica Loop

El primer plano de Próxima no es un cohete sino un reconocimiento médico. Sarah, la astronauta francesa a la que da vida Eva Green, está siendo medida, certificada, declarada apta por un sistema que ha decidido que está preparada. Lo que el sistema no mide es lo que deja atrás, y en esa distancia vive toda la película de Alice Winocour.

Sarah ha sido seleccionada para una misión de un año en la Estación Espacial Internacional. El entrenamiento, filmado con precisión casi documental en el Centro Europeo de Astronautas de Colonia, transcurre junto a su colega americano Mike Shannon, al que Matt Dillon interpreta con una autosuficiencia calculada. Lo que interrumpe el protocolo una y otra vez es Stella, la hija de siete años que vive con su ex pareja Thomas (Lars Eidinger) y que va entendiendo, lentamente, lo que significa que su madre se vaya.

Eva Green da aquí una de sus mejores interpretaciones. Juega a la contención —la disciplina de una mujer que debe ser profesional en un entorno donde llorar equivale a un expediente— con una exactitud que solo resulta perturbadora en retrospectiva. Las grietas en la superficie profesional aparecen en los gestos más pequeños: una pausa antes de una llamada, un abrazo que dura un segundo de más. Zélie Boulant, como Stella, responde con la inteligencia implacable de los niños, registrando cada microvariación en la temperatura emocional de su madre. Sus escenas juntas son el centro de gravedad de la película.

Winocour filma la distancia entre estos dos mundos con elegancia controlada. Los centros de entrenamiento aparecen en una paleta fría y fluorescente; las escenas con Stella tienen una luz más cálida, más suave. El montaje mantiene ambos registros separados, lo que hace que los momentos en que colisionan —cuando lo profesional y lo materno reclaman el mismo espacio— tengan un peso real.

Sandra Hüller aparece brevemente como una colega alemana que ya ha hecho el ajuste que Sarah todavía resiste. La composición de Matt Dillon es la más callada: un hombre tan habituado a la lógica de la separación institucional que ha perdido la capacidad de reconocer cuando alguien más no ha completado esa transacción.

La película tiene sus momentos de espera larga. Winocour prefiere la observación a la tracción narrativa, y hay tramos en el segundo acto donde el registro contemplativo no genera avance. La secuencia final —Stella viendo el lanzamiento— camina con cuidado entre el sentimiento ganado y la sentimentalidad fácil, y en su mayor parte la sostiene.

Próxima sostiene que el cine espacial ha contado la historia equivocada durante sesenta años. No se trata de abandonar la Tierra. Se trata de lo que se deja cuando se hace. Alice Winocour y Eva Green construyen ese argumento con disciplina y sin la comodidad de una resolución ordenada. El sistema, al fin y al cabo, no estaba diseñado para producirla.

Dirección

Alice Winocour
Photo via The Movie Database (TMDB)

Alice Winocour

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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Fotos: The Movie Database (TMDB)

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