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Sweet Girl — el thriller de Netflix donde Jason Momoa lleva un drama de venganza más lejos de lo que el guión merece

Martin Cid Magazine

Jason Momoa e Isabela Merced sostienen una historia de padre e hija en la que los momentos de calma superan a los de acción.

La mujer de Ray Cooper muere de cáncer porque una compañía farmacéutica ha bloqueado el tratamiento experimental que podría haberla salvado. Esa pérdida deja a Ray —interpretado por Jason Momoa— con su hija adolescente Rachel, una empresa a la que odiar y sin nada que perder. Sweet Girl arranca en ese espacio entre la rabia legítima y la tradición cinematográfica americana de un hombre enorme y furioso que resuelve los problemas a golpes.

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Dirigida por Brian Andrew Mendoza en su debut como realizador, la película llegó a Netflix en agosto de 2021. El guión, firmado por Philip Eisner y Gregg Hurwitz, sitúa a la pareja padre-hija en una conspiración que se extiende desde los consejos de administración corporativos hasta el Capitolio. La producción se instala en Pittsburgh, fotografiada con una frialdad funcional que encaja con la rabia de clase trabajadora de la historia, sin romantizarla.

La película funciona mejor cuando confía en Isabela Merced. Rachel no es solo la figura cuya seguridad motiva al protagonista: es activa, observadora, y Merced aporta más capas a sus escenas de lo que el guión estrictamente requiere. La dinámica padre-hija es el verdadero motor del film, y las escenas más tranquilas entre ellos son más convincentes que las secuencias de acción construidas en torno a la imponente presencia física de Momoa.

Las secuencias de acción son competentes sin ser memorables —bien coreografiadas, físicamente creíbles, y tan olvidables como suelen ser los thrillers de acción de la era Netflix. Momoa encuentra un registro entre la fuerza bruta y la decencia herida que sirve al personaje; es más interesante aquí de lo que el material necesitaría.

Sweet Girl sabe exactamente en qué género habita y no empuja contra sus límites. No será la película que nadie cite primero al hablar de la trayectoria de sus protagonistas, pero se mueve con eficiencia y termina sin deudas. Para una noche sin pretensiones, cumple con lo que promete y desaparece sin dejar rastro.

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